Bienvenido, canciller Merz: una oportunidad para recuperar el rumbo de Alemania

Friedrich Merz, líder de la CDU en Alemania. / RR SS
En recesión, golpeada por una crisis industrial sin precedentes y atrapada entre las sacudidas de la política comercial de Trump, la amenaza bélica de Rusia y la competencia asfixiante de China, Alemania ha visto tambalearse sus pilares.

Alemania vuelve a tener Gobierno. Y no uno cualquiera, sino un ejecutivo de gran coalición que, en plena tormenta internacional, promete devolver estabilidad, previsibilidad y una voz clara a la primera potencia europea. La alianza entre los democristianos de Friedrich Merz y el Partido Socialdemócrata (SPD) ha culminado en un contrato de coalición de 144 páginas que, aunque moderado en sus propuestas, simboliza una apuesta por el pragmatismo en tiempos convulsos. La investidura de Merz como canciller es inminente. Alemania se prepara para pasar página.

El contexto no puede ser más desafiante. En recesión, golpeada por una crisis industrial sin precedentes y atrapada entre las sacudidas de la política comercial de Donald Trump, la amenaza bélica de Rusia y la competencia asfixiante de China, Alemania ha visto tambalearse los pilares que durante décadas sustentaron su prosperidad. Su modelo exportador se erosiona bajo el peso de los aranceles estadounidenses. Su seguridad, durante mucho tiempo garantizada por el paraguas militar de Washington, ya no es un axioma. A esto se suma el fin de la energía barata rusa y el cierre de las puertas del mercado chino. Alemania necesita un giro, y rápido.

En este escenario, la llegada de Merz supone algo más que un simple relevo político. Es el intento de articular una respuesta a la altura del momento histórico. A diferencia de otros cancilleres anteriores —probablemente desde Helmut Kohl en los años de la reunificación—, ningún jefe de Gobierno alemán ha asumido el cargo con una agenda tan cargada ni con expectativas tan elevadas desde dentro y fuera del país. La pregunta es si el pacto de Gobierno entre CDU y SPD está a la altura del desafío.

El acuerdo, en términos políticos, no es revolucionario. No contiene grandes audacias ni promesas rupturistas. Es un texto de compromiso. Pero ese puede ser, paradójicamente, su mayor virtud. En una época marcada por los extremos, la unión de fuerzas moderadas representa una declaración de intenciones: ante la inestabilidad, consenso. Frente al populismo, responsabilidad.

El SPD conserva una posición relevante

Merz ha logrado incluir elementos clave de su programa, como el endurecimiento de la política migratoria y el freno a la subida de impuestos que reclamaban los socialdemócratas. El SPD, por su parte, a pesar de sus pobres resultados electorales (un 16% de los votos), conserva una posición relevante: la Vicecancillería y seis ministerios de peso, entre ellos Hacienda, Justicia y Consumo, Trabajo, Medio Ambiente, Cooperación Internacional y Vivienda. El reparto refleja un equilibrio necesario, aunque también evidencia hasta qué punto los socialdemócratas han renunciado a algunas de sus reivindicaciones tradicionales. La subida de impuestos a los más ricos ha sido descartada, y cada euro de gasto social será vigilado con lupa.

Pero lo más relevante no está en el reparto ministerial, sino en la base de poder que la nueva coalición se ha dado a sí misma. La gran decisión de la legislatura —una reforma constitucional que permite endeudarse e invertir hasta un billón de euros en defensa, infraestructuras y medio ambiente— ya fue tomada por el Parlamento saliente, con apoyo de los dos grandes partidos. Esa decisión, que Merz en campaña prometió no apoyar, le proporciona ahora un margen de maniobra excepcional. Por una vez, Alemania renuncia al fetiche del déficit cero y apuesta por una política económica ambiciosa. La paradoja es que el líder conservador que criticaba el endeudamiento masivo será quien gestione una expansión fiscal sin precedentes en la historia reciente del país.

“Germany is back on track”

Merz también llega al poder con una ventaja importante: una expectativa internacional favorable. Alemania llevaba meses sin un Gobierno operativo desde la disolución de la anterior coalición liderada por Olaf Scholz. Su regreso al centro del tablero europeo es bien recibido, sobre todo en París y Bruselas, donde la reactivación del eje franco-alemán se considera imprescindible. “Germany is back on track”, proclamó Merz en inglés al presentar el acuerdo. Y aunque pueda sonar a eslogan, el mensaje tiene fondo. Europa necesita que Alemania asuma su responsabilidad como potencia estabilizadora, más aún en un mundo en el que Estados Unidos se vuelve cada vez más errático y aislacionista.

Quedan muchas dudas por despejar. El nuevo Ejecutivo promete reformar una administración anquilosada —con un Ministerio de Digitalización incluido—, pero no será fácil hacerlo sin fricciones internas. Merz ha anunciado la reducción del 8% del personal público en tres años y el fin de la era de los faxes en la burocracia alemana. Un guiño a la modernización, pero también una advertencia sobre el tono de la legislatura. Habrá ajuste, habrá rigor, habrá disciplina.

El tema migratorio, uno de los más sensibles, también muestra el cambio de enfoque. El SPD ha aceptado mantener los controles fronterizos, endurecer las expulsiones y limitar la reagrupación familiar. Alemania, dice Merz, seguirá siendo un país de inmigración, pero bajo otras reglas. El mensaje es claro: no se puede combatir a la extrema derecha negando sus diagnósticos, sino enfrentándolos desde el centro con respuestas concretas.

¿Será suficiente? Por ahora, la ultraderecha supera en intención de voto a los democristianos en algunos lander y amenaza con consolidarse. Merz lo sabe. Gobernar con firmeza, sin estridencias, puede ser su única baza para recuperar el terreno perdido. Frente a la inflación del discurso y la teatralización de la política que triunfa en muchos países, su apuesta es otra: volver a lo básico, gobernar bien.

El acuerdo de coalición no entusiasma, pero ofrece estabilidad. No reinventa Alemania, pero la saca del atasco. Y sobre todo, devuelve al país una dirección política clara. En tiempos de incerteza, eso ya es mucho.

Bienvenido, canciller Merz. Alemania —y Europa— lo necesitan. @mundiario