Las bases naturales del mal y la violencia

Pecado original. / RR SS.
Durante siglos, teólogos y filósofos han debatido el origen del mal, asociándolo a nociones como el pecado original o la libertad humana. Sin embargo, en el mundo actual, donde la violencia adopta formas cada vez más extremas y sistemáticas.

Tales bases han sido objeto de reflexión tanto en la teología como en la filosofía. Siempre se ha cuestionado el origen del mal en abstracto, pero este se hace más tangible al hablar de la violencia, algo más visible.

La teología lo relaciona con el pecado original, mencionando la expulsión del paraíso de Adán y Eva por desobedecer a Dios y querer igualarse a Él. Por eso, Jesucristo regresó a la Tierra para salvarnos, crucificado. Sin embargo, la violencia sigue aumentando constantemente, sin freno alguno.

La filosofía, por su parte, atribuye el mal a la libertad humana. Dios creó el mundo, no de forma mecanicista, sino dejando a los seres humanos libres, racionales y responsables. Ellos son quienes cargan con la responsabilidad del mal.

En el siglo XXI, enfrentamos amenazas como las violencias atómicas que podrían destruir la humanidad. ¿Qué nos está pasando? Las explicaciones teológicas y filosóficas parecen quedarse en anécdotas, y necesitamos respuestas más científicas.

¿Qué tal si recurrimos a la teoría de la evolución? Aunque se ha investigado mucho en estas ciencias, parece que no ha sido suficiente. Algo podemos encontrar si investigamos adecuadamente. En este sentido, la experiencia resulta clave. Por ejemplo, el cirujano chileno Hamilton, quien vivió situaciones de violencia en su adolescencia, se preguntó por qué una persona decente podía caer tan bajo como para dañar a otros. ¿Habrá algo genético que lo explique?

Se dedicó a investigar y descubrió un proceso evolutivo en el que la humanidad dejó de cooperar y comenzó a mostrar conductas violentas. Este cambio surgió con el descubrimiento de la agricultura, que trajo consigo una transformación en el comportamiento humano, dando lugar a una amplia gama de violencias, abusos y guerras.

Entonces los procesos evolutivos naturales se detienen. Esto altera la evolución del Homo sapiens. Para abordar este tema, James Hamilton propone una nueva categoría de catalogación, el Homo exul, lo que menciona un libro que publicó a mediados de junio de este año. Estas alteraciones tan profundas han llevado a que el ser humano pierda su esencia cooperativa, algo que él fecha en hace más de 12,000 años, aunque su impacto se ha extendido hasta la actualidad.

Este gran cambio consistió en que el 97% de la historia humana estuvo marcada por la empatía, el altruismo y la cooperación, cualidades fundamentales para la supervivencia de los homínidos. Según Hamilton, muchas enfermedades crónicas modernas, como la diabetes y otras, son consecuencia de este proceso, que trajo consigo cambios sociales y alimenticios que modificaron las formas de vida.

Entonces, los seres humanos se alimentaban de semillas y frutas que encontraban en el camino, además de seguir sus tradiciones cazadoras. Para cazar, tenían que desplazarse a otros lugares donde hubiera abundancia y así sobrevivir. Por eso eran nómadas y vivían de forma muy diferente. La agricultura cambió todo esto, convirtiéndolos en una población semi-sedentaria, especialmente cuando lograban guardar excedentes.

Con esto, se perdió la esencia cooperativa humana. Marcaron su territorio, lo defendieron y comenzaron guerras para protegerlo de los enemigos que también lo reclamaban. Aquí surgió la violencia, olvidando la etapa de cooperación y empatía. Así, la agricultura fue un punto de inflexión que transformó completamente al ser humano. Para entender este cambio, hay que considerar los avances técnicos y tecnológicos, junto con otras consecuencias menos positivas.

La principal fue la pérdida de conexión con la naturaleza, además de una menor implicación de las nuevas generaciones. El hombre quedó exiliado de su entorno natural, afectando la salud física y mental de las poblaciones humanas, generando desigualdad, conflictos y tensiones con la naturaleza.

Esta crítica, con base científica, es abierta y atractiva para los investigadores. El humano pasó de convivir con su entorno a dominarlo.

Vamos a la conclusión de que todo es genético y biológico. De los cambios producidos, el motor principal es el ser humano. Lo esencial es que todo esto se ha transmitido hasta hoy. ¿Cómo puede haber gente que todavía no se lo crea?

La naturaleza no nos perdona. Pensamos que la dominamos, pero ocurre justamente lo contrario. Sin embargo, no nos damos mucha cuenta de ello, ya que todo lo hace en silencio, sin alharacas, sin llamar nuestra atención lo suficiente.

Solo quienes están acostumbrados a mirar contemplan esto y les parece evidente. Claro que podemos revertir la situación, solo hace falta aprender a mirar de otra manera. Esto es la filosofía en su origen: aprender a mirar. @mundiario