La Alternative für Deutschland empieza a creérselo
La victoria de Geert Wilders en las elecciones parlamentarias de los Países Bajos ha dejado obviamente estremecido al espectro político neerlandés, pero esto puede ser solo el inicio de una ola expansiva que, de momento, ya ha llegado en Alemania. La Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa para Alemania) es el calco de Wilders en el gigante vecino y llevaba ya un año con buenas noticias electorales y el triunfo de su partido gemelo al otro lado de la frontera en Bremen ha hecho creer a sus dirigentes que van por el buen camino.
Los dirigentes de la AfD no han disimulado su orgullo de que el discurso xenófobo y antiislámico de Wilders y otros tantos partidos a imagen y semejanza en el continente como Vox en España o Agrupación Nacional en Francia, ya no es solo que tenga cada vez más simpatizantes, es que de hecho ya tiene también votantes, que aunque parecidos no siempre van de la mano. Alicia Weidel, matriarca del grupo, se apresuró a felicitar al Partido por la Libertad (PVV, por sus siglas en neerlandés) tanto en alemán como en neerlandés. "Los holandeses han elegido. Geert Wilders ha ganado con amplia distancia. Esto demuestra que el cambio lo exigen no solo en Alemania, sino en toda Europa", escribió la cuenta oficial del partido en X. Un discurso de autoaprobación, pues.
Y hay que decirlo, que motivos no le faltan. Este mismo año la agrupación se declaró a sí misma como "el partido mayor de los alemanes". La declaración, llegó luego de una serie de buenos o cuando menos sorpresivos resultados en balotajes en distintos estados del país. Según recuerda The Guardian el partido, otrora considerado un mero portavoz de los estados que en su momento pertenecieron a la Alemania Democrática, quedó en segundo lugar en las elecciones estatales de Hesse con un 18.4% de los votos superado únicamente por la Democracia Cristiana. En Baviera ascendieron hasta el tercer peldaño del podio, detrás del omnipotente Markus Söder y de los populistas Votantes Libres (FW, por sus siglas en alemán).
La AfD ha conseguido saltar el muro para empezar a expandir sus tentáculos en territorios que pertenecieron a la Alemania Federal. El crecimiento ya es innegable.
Si bien lo de ser el mayor de los partidos puede que haya sido también un poco de explosión de júbilo, la noticia yace en lo que le espera al país para cuando toque elegir a su siguiente canciller. El socialista Olaf Scholz está a medio mandato y el auge de la extrema derecha empieza a apretar un poco la soga. Scholz gobierna gracias a un pacto tripartito con la Unión Demócrata Cristiana y Los Verdes y ninguno de los tres ha sido capaz de dar un paso adelante desde que se instalaron en la Cancillería de Berlín.
Con el triunfo de Geert Wilders en La Haya la Alternative für Deutschland siente que le ha llegado el momento que estaba esperando desde hace poco más de 10 años. Con su partido gemelo destellando en Holanda y devorándole votos a los partidos del status quo en Alemania, el discurso de Weidel va ganando en popularidad pero, más preocupante todavía, en credibilidad. Mientras tanto, en París también se unen a la ola de optimismo. La extrema derecha va lentamente en ascenso. @mundiario