Con Alemania en forma, Trump tenderá a serenarse

Una ilustración donde las enseñas de Alemania y de la Unión Europea ondean con fuerza en la cima de una montaña junto a otras banderas. / Mundiario
La UE, del mismo modo que el conjunto de Europa, tienen debilidades, pero también fortalezas suficientes para darse a valer; máxime ahora que Alemania ya tiene un nuevo líder.

Para la democracia es importante que los democristianos alemanes rechacen una coalición con la extrema derecha, ahora que el conservador Friedrich Merz se prepara para ser canciller de Alemania, al tiempo que la ultraderecha está más fuerte que nunca tras la derrota del nazismo. La CDU logra un 28,6% de votos, seguida de la AfD con un 20,8%, casi el doble que en los cómics de 2021. Los socialdemócratas quedan relegados nada menos que a la tercera posición. “Es un resultado amargo”, admiten desde el SPD, que en todo caso no renuncian a cogobernar con la CDU.

Las elecciones en Alemania permiten anticipar un gobierno moderado en la primera economía europea, donde nunca los desafíos fueron mayores. Tanto, que la participación alcanza el 84%, la mayor desde la reunificación alemana. El récord de participación refleja la demanda de los ciudadanos por un Gobierno estable que de confianza, partiendo de que los demócratas rechazan una coalición con la extrema derecha. Por su parte, los socialdemócratas quedan relegados al tercer puesto tras obtener el peor dato de su historia.

Del mismo modo que los socialdemócratas, Los Verdes también están dispuestos a “asumir responsabilidades” y negociar con Merz. La verdad es que hay varias coaliciones que podrían gobernar. Lo decidirá el próximo canciller, Friedrich Merz,que tiene una larga trayectoria en el Parlamento Europeo y el Bundestag, así como experiencia en el sector privado tras su paso por BlackRock, el coloso financiero estadounidense.

A los 69 años, Friedrich Merz no cae muy bien, tiene fama de impulsivo y quiere deshacer el legado de la también democristiana Angela Merkel, cuya enemistad con Friedrich Merz es bien conocida y ha quedado patente recientemente cuando la excanciller criticó la iniciativa de Merz para endurecer los controles fronterizos. La medida contó con el apoyo de la ultraderecha de AfD.

Para Trump nada será ya igual

Sea como sea, Merz gana cuando el panorama político y económico mundial atraviesa una de sus etapas más convulsas en décadas. Con líderes como Donald Trump y Vladimir Putin desafiando el orden global hasta ahora conocido, Europa se enfrenta a la necesidad urgente de redefinir su papel en el mundo. En el centro de este dilema se encuentra Alemania, el motor económico de la Unión Europea, que este domingo decidió su futuro político en unas elecciones federales cruciales. No se trata solo del porvenir de los alemanes, sino de todos los europeos, ya que la estabilidad y el liderazgo de Berlín son fundamentales para el futuro de la UE. Es probable que con Alemania en forma, Trump tenderá a serenarse.

Desde hace años, Alemania enfrenta una serie de crisis que erosionan su posición tanto a nivel socioeconómico como geopolítico. Su modelo económico, que alguna vez fue un referente de eficiencia y crecimiento, se encuentra en una encrucijada debido a la transformación del contexto global. La falta de una dirección estratégica clara ha llevado a Alemania a distanciarse de sus aliados tradicionales en Europa,creando una incertidumbre que se suma a los desafíos internos del país. El modelo alemán, basado en la estabilidad, el libre comercio y el multilateralismo, está siendo cuestionado en una era de creciente proteccionismo y militarización de las relaciones económicas.

La agresión de Rusia en Ucrania, la amenaza de aranceles desde EE UU y la competencia feroz de China han debilitado las bases del milagro económico alemán. La revolución digital y la irrupción de la inteligencia artificial generan incertidumbre, mientras que la falta de inversiones en infraestructuras durante los años de Angela Merkel ha dejado al país con un Estado que muchos ciudadanos perciben como ineficaz. La coalición de gobierno conocida como el semáforo ha colapsado antes de completar su mandato, debido a fuertes diferencias ideológicas entre sus integrantes. La fragmentación y polarización política han llevado a una sensación de inestabilidad, algo que choca con el deseo de orden y previsibilidad que caracteriza a la sociedad alemana. El control de las fronteras se ha convertido, por ejemplo, en un tema clave, lo cual refleja el temor de los ciudadanos ante las amenazas externas.

Berlín, sin capacidad de enfrentarse en solitario a las grandes potencias

Las elecciones de este domingo llevan al poder a Friedrich Merz, líder de la CDU, quien ha prometido un mayor énfasis en los intereses nacionales de Alemania. Aunque en el pasado ha abogado por una integración europea más profunda, sus recientes declaraciones sugieren una inclinación hacia el repliegue nacionalista. Pero esta postura, que puede parecer lógica en un momento de crisis, en realidad supondría un grave error estratégico. Alemania no puede permitirse un aislamiento en el contexto actual. Su economía depende de las exportaciones y de la estabilidad del mercado único europeo. Además, en el ámbito geopolítico, Berlín no tiene la capacidad de enfrentarse en solitario a potencias como EE UU, Rusia o China.

La mejor estrategia para Alemania no es cerrarse en sí misma, sino fortalecer la UE como un bloque cohesionado y capaz de proyectar poder e influencia en el escenario global. Es probable que la salida de Alemania de su crisis pase por la implementación de reformas estructurales dolorosas y que, tras lograr estabilizar su situación interna, Berlín intente que el resto de los países de la UE sigan el mismo camino. La UE, del mismo modo que el conjunto de Europa, tienen debilidades, pero también fortalezas suficientes para darse a valer; máxime ahora que Alemania ya tiene un nuevo líder.

El próximo Gobierno alemán tendrá que afrontar retos monumentales: desde sacar a su economía de la recesión hasta liderar un Consejo Europeo cada vez más fragmentado. La tarea del nuevo canciller no será fácil. De entrada, Alemania deberá decidir si apuesta por un papel de liderazgo en la Unión Europea o si prefiere replegarse sobre sí misma, debilitando tanto su propia influencia como la del bloque europeo, justo ahora que Donald Trump y Vladimir Putin van de la mano.

En un momento en que el mundo necesita una Europa fuerte y unida,la decisión de Alemania será determinante para el futuro de la germana que dirige el ejecutivo europeo. La gran pregunta es si Merz asumirá la magnitud del desafío europeo. La campaña electoral alemana ha dedicado poca atención a los temas europeos. Asuntos cruciales como el futuro de la OTAN, la estrategia hacia Ucrania, la posibilidad de una guerra arancelaria con EE UU y la integración fiscal de la UE han quedado relegados. Pero una cosa es la campaña y otra gobernar. @mundiario