The Last Days, una película documental Shoah

Cinco testimonios de judíos narran la deportación de 400.000 judíos húngaros a Auschwitz en seis semanas.

The Last Days. / Netflix
photo_camera The Last Days. / Netflix

Dirigida por James Moll en 1998, producida por Steven Spielberg, June Beallor y Ken Lipper, The Last Days fue remasterizada en el 2021 por Netflix.

El largometraje documental, ganador del Premio de la Academia, narra las emocionantes experiencias de cinco sobrevivientes del Holocausto húngaros que fueron víctimas de la brutal guerra de Adolf Hitler contra los judíos durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. La película comparte las notables historias de cinco personas: una abuela, una maestra, un hombre de negocios, un artista y un congresista estadounidense, que regresan de los Estados Unidos a sus lugares de origen y a los guetos y campos de concentración que alguna vez los encarcelaron.

A través de los ojos de los sobrevivientes y otros testigos, incluido un ex médico nazi en Auschwitz, The Last Days relata uno de los capítulos más brutales de la historia humana. Pero, sobre todo, es una potente representación de la fuerza y ​​el coraje personales, y un testimonio del poder del espíritu humano.

La cinta fue remasterizada el año pasado a partir del negativo original de la película de 35 mm bajo la supervisión del equipo de filmación original. 

Retrato del horror

Un recuerdo latente del horror que obliga a preguntarse, una vez más: ¿por qué? ¿Cómo la maquinaria administrativa fue capaz de trasladar y, en gran parte aniquilar en seis semanas a 438.000 judíos húngaros a ese campo de exterminio? ¿Cómo y por qué dedicaron todos los recursos humanos y materiales para ese traslado, ya al final de la guerra, ya cuando sabían que iban a perder, y, no dedicarlos al esfuerzo de guerra, quizás, para alargar unos meses esta, y, por tanto, dar posibilidades a que su gran armamento tecnológico hubiese tenido más valor…?

¿Cómo desde 1933 hasta 1945 la cuestión judía pasando por todas las fases, algunos hitos, las leyes raciales, la noche de los cristales rotos, la solución final, que llevó a millones de judíos a la migración o a campos de concentración o de trabajo o de exterminio…? Si toda esa fuerza humana, todos esos recursos humanos, los hubiesen dejado en paz y en tranquilidad, ¿habrían colaborado produciendo una cantidad enorme de recursos materiales y de todo tipo? Posiblemente ni hubiese emigrado tanto cerebro como lo hizo, ni hubiesen muerto tantos millones de personas, y, posiblemente habrían ganado la guerra.

¿Cómo ese sistema de ideas, ideología, odios, rencores, violencia máxima les llevo a no darse cuenta, que con esa población, posiblemente hubiesen ganado el conflicto, o al menos, quizás, la guerra en alguno de los dos frentes, desde luego se habría alargado varios años…?

No soy judío, lo dejo claro, ni mis antecedentes tampoco. Evidentemente, supongo que algún antecesor de la época de los Reyes Católicos, sería judío y también sería musulmán, como todos los que habitamos esta tierra, Hispania, hasta dónde sabemos, desde hace siglos. Todos nosotros sabemos que podemos tener orígenes, además de cristianos, en alguna línea visigoda o germánica, romana, cartaginesa, celtibérica, ibérica, hasta la noche/amanecer de los tiempos humanos. Igual que todos ustedes, hayan vivido y existido dónde lo hayan hecho, con unos u otros ingredientes según el continente.

Teniendo en cuenta lo anterior, el gravísimo problema es que la humanidad lleva ocho décadas planteándose cómo fue posible esta irracionalidad radicalmente maléfica y malvada. No existen adjetivos, ni verbos, ni sustantivos para definirla, ni describirla. En otros artículos sobre la temática, por ejemplo diarios de niños/as judíos de esa época, hemos ido narrando una decena de causas, causas que no justifican en ningún sentido este mal radical, argumentando algunas razones y datos que se han ido dando a lo largo de estas décadas.

Pero ninguna satisface la racionalidad humana, menos aún la buena voluntad y mil otros conceptos. Llevaremos este peso, la humanidad arrastrará este peso, a no ser que se repita, otra vez, de otro modo, en otro lugar, con otras características y tanta gravedad. Y, si nos dedicamos a reflexionar sobre esto, es precisamente, para encontrar las causas-fuentes-raíces del mal, para que no vuelva a ocurrir, ni de forma moderada, ni de forma radical…

 

Persecución sobre los judíos

En la historia han existido otros genocidios, concepto inventado en el siglo veinte. Podríamos citar las guerras de Gengis Khan, la guerra de Julio César en la Galia, dos ejemplos lejanos en el tiempo. Pero la persecución sobre los judíos de Europa, hace ocho décadas, sobrepasa toda la realidad imaginaria y posible.. incluso la del cine. Supongo que los judíos que habían sufrido ya muchos pogroms a lo largo de los siglos pensaron que este sería uno más, y, que después, las mentes se serenarían y tranquilizarían y les dejarían seguir con sus vidas, en sus campos y en sus negocios, en sus familias, en sus pueblos y en sus aldeas…

Pero esta realidad histórica es como si se hubiesen juntado al mismo tiempo el mega terremoto más dañino, con el estallido del supervolcán más grande, con el hipertifón más siniestro. Y, todo se hubiese unido para exterminar a un pueblo, a niños y niñas, ancianos y ancianas, hombres y mujeres. La humanidad debe llorar durante siglos esta catástrofe y estudiar durante siglos esta hecatombe.

Sin que sirva de justificación, me pregunto, ¿sin esta hecatombe los Derechos Humanos de 1948 se habrían aprobado? Estos son la espina dorsal del mundo de hoy. A esos millones de judíos y otros grupos (personas con discapacidad, gitanos, homosexuales, rusos, católicos, comunistas, socialistas…) debemos agradecerles eternamente que son la semilla de esos derechos humanos.

Quizás, de este modo, podríamos ofrecer un homenaje a las víctimas, a millones, y, así, podríamos encontrar herramientas, razones, para que la historia no se repita, con otras banderas, ideologías, geografías… ¡Paz eterna a los judíos fallecidos, paz eterna a los sobrevivientes! @mundiario