Trump recula tras el caso Pretti y promete una investigación “honorable y honesta”
La muerte del enfermero Alex Pretti en Minneapolis se ha convertido en uno de los episodios más disruptivos de la política migratoria de Donald Trump en su segundo mandato. El presidente pasó, en apenas tres días, de respaldar sin matices la versión inicial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) —que describía al enfermero como una amenaza extrema— a prometer públicamente una “investigación muy honorable y honesta” y a admitir la necesidad de “desescalar un poco” la situación en Minnesota.
El giro no es menor. Llega tras la difusión masiva de vídeos que contradicen los primeros comunicados oficiales y después de que la presión política, empresarial y judicial en el estado alcanzara niveles inusuales incluso para los estándares de una Administración habituada a la confrontación.
En las horas posteriores al tiroteo, el relato oficial fue contundente. El DHS sostuvo que Pretti “se acercó a los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos con una pistola semiautomática de 9 mm” y que el episodio “parece una situación en la que un individuo quería causar el máximo daño y masacrar a las fuerzas del orden”. Stephen Miller, uno de los principales arquitectos de la agenda migratoria de Trump, fue más allá al calificarlo de “terrorista doméstico” y “aspirante a asesino”.
Ese marco narrativo pretendía zanjar el debate desde el primer momento: justificar el uso letal de la fuerza y blindar políticamente a los agentes. Sin embargo, las imágenes difundidas posteriormente muestran a Pretti con un teléfono móvil en la mano, siendo reducido en el suelo, y a un agente retirándole el arma legal antes de que se produjeran los disparos. La brecha entre los hechos documentados y la versión oficial debilitó rápidamente la credibilidad del Gobierno.
Trump toma distancia… sin romper del todo
Ante ese escenario, Trump optó por matizar. El inqulino de la Casa Blanca afirmó que quiere “una investigación muy honorable y honesta” y añadió: “Estamos llevando a cabo una gran investigación. Quiero ver la investigación, voy a supervisarla. Quiero verla yo mismo”. El presidente también habló de una transición en la gestión del operativo en Minnesota y de la necesidad de desescalar la tensión tras el despliegue masivo de agentes federales.
Al mismo tiempo, evitó una rectificación completa. Insistió en que Pretti llevaba un arma —“No se puede ir por ahí con un arma”, dijo— y definió el suceso como “un incidente muy lamentable”, una formulación que busca equilibrar empatía pública y respaldo implícito a las fuerzas de seguridad.
El relevo de Greg Bovino, uno de los rostros más duros de la Operation Metro Surge, por Tom Homan, el zar fronterizo de la Casa Blanca, refuerza la idea de un ajuste táctico más que de un cambio de rumbo. Homan tiene fama de firme, pero también de entender mejor los costes políticos de determinadas imágenes.
El anuncio presidencial de una investigación coincide con informaciones que apuntan a que el Departamento de Justicia no abrirá una pesquisa independiente por derechos civiles. Según esas informaciones, serán dos unidades del propio DHS las encargadas de investigar a los agentes y la muerte de Pretti.
Ese detalle es clave para entender el alcance real del viraje. Mientras Trump promete una investigación “honorable”, la decisión de dejar el caso en manos del mismo departamento implicado alimenta el escepticismo entre juristas, legisladores y organizaciones civiles. No es la primera vez que una investigación interna choca con una creciente desconfianza pública, especialmente después de otro tiroteo mortal reciente en Minneapolis: el de Renée Good, también ciudadana estadounidense, a manos de otro agente del ICE.
El contexto político del repliegue
El cambio de tono de Trump no se produce en el vacío. En Minnesota, grandes empresas reclamaron públicamente una “desescalada inmediata de las tensiones”. En el Congreso, demócratas y algunos republicanos moderados exigen explicaciones. Y en los tribunales federales, varios jueces han acusado a la Administración de ignorar órdenes judiciales durante la ofensiva migratoria.
Además, la reiteración de comunicados oficiales desmentidos posteriormente por pruebas audiovisuales ha abierto una grieta en la narrativa de seguridad que el presidente ha cultivado durante años. En ese contexto, el repliegue discursivo puede leerse como un intento de contener daños antes de que el caso se convierta en un símbolo nacional contra la actuación del ICE.
Trump ha pasado de etiquetar a Pretti como amenaza extrema a declarar: “Quiero a todo el mundo. Amo a toda nuestra gente. Amo a su familia”. La frase refleja el nuevo tono, pero no resuelve la cuestión central: cómo se investigará la muerte de un ciudadano estadounidense a manos de agentes federales y qué consecuencias políticas y operativas tendrá.
Por ahora, el caso Pretti se mantiene como una prueba de estrés para la política migratoria de la Casa Blanca. No solo por lo ocurrido en Minneapolis, sino por lo que revela sobre los límites de la estrategia de confrontación cuando los hechos documentados contradicen el relato oficial. @mundiario