Trump apela a China para que rompa con Irán en un intento de aislar al régimen

Donald Trump, presidente de EE UU; y Xi Jinping, presidente de China. / Mundiario.
La conversación telefónica entre Trump y Xi Jinping refleja una nueva fase en la estrategia estadounidense hacia Teherán. Washington busca utilizar el peso económico y político de Pekín para influir en las conversaciones para un acuerdo nuclear.

La reciente conversación telefónica entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, ha puesto en evidencia un giro estratégico en la política exterior estadounidense hacia Irán.

El diálogo, que incluyó temas comerciales, el futuro de Taiwán y las relaciones bilaterales, destacó especialmente por el intento de Washington de persuadir a Pekín para que reduzca o rompa sus vínculos con Teherán. La maniobra forma parte de un enfoque más amplio de presión económica y diplomática destinado a aislar al régimen iraní y limitar su programa nuclear.

Trump situó la relación bilateral con China en términos favorables, y aseguró que "la relación con China, y mi relación personal con el presidente Xi, es extremadamente buena, y ambos somos conscientes de lo importante que es mantenerla así". Sin embargo, detrás de este discurso conciliador emerge una estrategia que intenta convertir la cooperación económica entre China e Irán en un punto vulnerable para la política exterior de Teherán.

El contacto entre ambos líderes se produce en un contexto de tensiones persistentes entre Washington y Teherán. Estados Unidos mantiene su estrategia de máxima presión contra Irán, combinando sanciones económicas, presión diplomática y la amenaza implícita de acciones militares. Trump ha reiterado que su administración considera que el programa nuclear iraní fue severamente debilitado tras ataques militares selectivos en el contexto del conflicto regional previo, lo que refuerza su narrativa de éxito estratégico.

El enfoque estadounidense también se sustenta en una política de sanciones ampliadas. Trump anunció que Estados Unidos impondrá un arancel del 25% a cualquier país que mantenga relaciones comerciales con Irán, una medida que apunta directamente a China, el principal socio comercial del país persa. La estrategia busca aumentar el coste internacional de mantener relaciones económicas con Teherán y limitar su capacidad financiera para desarrollar proyectos nucleares o militares.

A pesar de estas sanciones, Irán continúa manteniendo una presencia relevante en el comercio global. En 2024, el país registró aproximadamente 125.000 millones de dólares en intercambios comerciales internacionales, incluyendo 32.000 millones con China, 28.000 millones con Emiratos Árabes Unidos y 17.000 millones con Turquía. Estas cifras evidencian que el aislamiento económico de Irán, aunque significativo, sigue siendo incompleto.

China como actor clave en el equilibrio geopolítico

La insistencia de Trump en convencer a Xi para distanciarse de Irán responde al papel central que China desempeña en la economía iraní. Pekín representa para Teherán un socio energético y comercial esencial, especialmente en la compra de petróleo y en proyectos de infraestructura y cooperación tecnológica.

Desde la perspectiva estadounidense, lograr que China reduzca su relación con Irán podría alterar el equilibrio económico del régimen iraní, debilitando su margen de maniobra internacional. Sin embargo, esta estrategia enfrenta obstáculos estructurales. China ha apostado históricamente por mantener relaciones comerciales diversificadas y por evitar alineamientos rígidos en conflictos regionales, lo que dificulta que adopte una postura frontal contra Teherán.

El comunicado oficial chino tras la llamada reflejó una postura más prudente. Pekín confirmó la conversación y mencionó futuras cumbres bilaterales, pero evitó referencias directas a Irán o a la visita que Trump aseguró que planea realizar en abril. Esta omisión sugiere que China busca mantener flexibilidad diplomática sin comprometer públicamente su relación con el país persa.

La presión estadounidense coincide con la reactivación de contactos diplomáticos entre Irán y Estados Unidos. Funcionarios de ambos países confirmaron que se celebrarán negociaciones en Omán, un escenario tradicional de mediación regional. Aunque Washington mantiene escepticismo sobre el éxito de las conversaciones, su realización demuestra que el conflicto nuclear sigue transitando entre la diplomacia y la confrontación.

Trump ha vinculado estas negociaciones con su estrategia de presión económica y aislamiento internacional, con la intención de obligar a Irán a realizar concesiones en su programa nuclear. El equilibrio entre coerción y negociación constituye uno de los rasgos principales de la política exterior estadounidense hacia Teherán.

Taiwán y las tensiones paralelas con China

La conversación entre Trump y Xi también abordó el tema de Taiwán, un asunto que añade complejidad a la relación bilateral. China reiteró su postura histórica sobre la reunificación con la isla, afirmando que "Nunca se permitirá que Taiwán se separe de China". El gobierno chino también advirtió que Estados Unidos debe manejar con cautela la venta de armas a Taiwán, un punto que continúa generando fricciones.

La reciente aprobación estadounidense de un paquete militar superior a los 10.000 millones de dólares para Taiwán demuestra que, mientras Washington busca cooperación china frente a Irán, simultáneamente mantiene políticas que Pekín considera hostiles. Esta dualidad limita el margen para una colaboración estratégica profunda entre ambas potencias.

La política de Trump hacia Irán refleja un enfoque que combina herramientas económicas, diplomáticas y militares, además de intentar involucrar a otras potencias en su estrategia. La apuesta por presionar a China para aislar a Teherán responde a una visión de competencia geopolítica donde el equilibrio de poder depende de alianzas económicas tanto como de capacidades militares.

Sin embargo, este enfoque presenta riesgos. China podría percibir las presiones estadounidenses como un intento de limitar su influencia global, lo que podría fortalecer su cooperación con Irán en lugar de debilitarla. Asimismo, la relación triangular entre Washington, Pekín y Teherán añade incertidumbre a los mercados energéticos y al sistema de seguridad internacional.