Rusia y Ucrania acuerdan intercambios de prisioneros mientras la paz sigue estancada
La reactivación de las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania, celebradas este miércoles en Estambul, volvió a mostrar el contraste entre la cooperación limitada en asuntos humanitarios y el estancamiento total en las cuestiones fundamentales del conflicto. Mientras ambas delegaciones anunciaron un nuevo intercambio de prisioneros, que por primera vez incluye tanto militares como civiles, no hubo ningún progreso hacia un alto el fuego o una reunión entre los líderes de ambos países.
Las conversaciones duraron apenas 40 minutos, la reunión más corta en comparación a las rondas anteriores celebradas en mayo y junio. La brevedad del encuentro subraya la falta de expectativas reales de diálogo político. Según los portavoces de ambas delegaciones, se discutieron nuevos canjes de prisioneros y la creación de grupos de trabajo binacionales para comunicarse a distancia para trabajar en los canjes, pero los temas clave —cese de hostilidades y una reunión presidencial— quedaron sin resolverse.
El jefe de la delegación ucraniana, el recién nombrado secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Rustem Umerov, afirmó que “hay avances en la vía humanitaria, pero ninguno en lo relativo al cese de las hostilidades”. Ucrania había propuesto una reunión entre el presidente Volodímir Zelenski y su homólogo ruso, Vladímir Putin, para antes de que termine agosto, lo cual encajaría con el plazo de 50 días impuesto recientemente por el presidente estadounidense Donald Trump para alcanzar un acuerdo. Moscú rechazó esta posibilidad y volvió a insistir en que una eventual cumbre solo tendría sentido para firmar un pacto ya acordado, no para negociar los términos.
La estrategia del Kremlin parece responder a su ya conocida estrategia dilatoria: prolongar las negociaciones formales sin comprometerse con avances concretos. Así ocurrió también en las anteriores reuniones, en las que, si bien se alcanzaron acuerdos limitados sobre el intercambio de prisioneros y la repatriación de cadáveres, no hubo señales de que Moscú esté dispuesto a aceptar un alto el fuego sin condiciones.
En efecto, las condiciones presentadas por Rusia en junio fueron interpretadas por Kiev como una rendición inaceptable. El Kremlin exige la retirada ucraniana de las regiones parcialmente ocupadas (Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón), el compromiso de no unirse a la OTAN y la suspensión de la ayuda militar occidental. Mientras tanto, Ucrania no impuso requisitos previos para el cese de hostilidades, como parte de su estrategia para demostrar a Washington que la intransigencia para alcanzar un alto el fuego proviene de Moscú.
La táctica parece haber tenido cierto efecto. Hace apenas diez días, Trump advirtió que impondría sanciones más duras contra Rusia —y contra los países que comercian con ella, como China y la India— si no se alcanzaba un acuerdo de paz antes de septiembre. Además, anunció ventas de sistemas Patriot para reemplazar las unidades que Europa entregue para reforzar la defensa aérea ucraniana. Sin embargo, analistas militares como Yuri Fedorov, citado por el portal POLITICO, señalan que, a pesar de la amenaza, el Kremlin interpreta que Trump no desea una confrontación directa y que tiene margen para continuar sus ataques aéreos debido al amplio plazo.
Por ahora, la estrategia rusa parece haber funcionado: gana tiempo en la mesa de negociación mientras mantiene la presión militar sobre el terreno. Y aunque la advertencia de Trump ha generado cierto alivio en Kiev y en las capitales europeas —al confirmar que el apoyo estadounidense sigue en pie—, sigue siendo incierto hasta qué punto la Casa Blanca está dispuesta a actuar con firmeza si no se producen avances reales.
En este escenario, los intercambios de prisioneros ofrecen un raro respiro humanitario, pero no alteran la dinámica general del conflicto. La negativa de Putin a reunirse con Zelenski, sumada a la falta de voluntad para acordar un alto el fuego amplio y sostenido, muestra que el Kremlin sigue apostando por una guerra de desgaste, más que por una solución negociada en el corto plazo. @mundiario