Las represalias de Irán: ataques contra embajadas y activos militares de EE UU

Un piloto de EE UU sobre un Boeing F_A-18 Super Hornet. / CENTCOM
La respuesta iraní a la ofensiva de Washington e Israel abre múltiples frentes regionales, obliga a evacuaciones diplomáticas e intensifica la tensión en el Golfo ante las decenas de bombardeos contra objetivos en todo Oriente Próximo.

La guerra iniciada con los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní ha derivado en una cadena de represalias de Teherán que han golpeado embajadas, bases militares y activos energéticos vinculados a Washington en al menos ocho países árabes.

Lo que comenzó como un enfrentamiento directo entre Irán y el eje Washington-Tel Aviv ha mutado, en cuestión de días, en un conflicto regional de alta intensidad con efectos diplomáticos inmediatos y evacuaciones en cascada.

En las últimas 24 horas, drones iraníes impactaron en la embajada estadounidense en Riad, lo que provocó un incendio de alcance limitado en el barrio diplomático de la capital saudí. La misión pidió a los ciudadanos estadounidenses que evitaran acercarse al complejo y permanecieran resguardados.

Previamente, otro ataque con drones había alcanzado la embajada de EE UU en Kuwait. Aunque no se registraron víctimas en ninguno de los casos, el mensaje estratégico fue inequívoco: las sedes diplomáticas y los activos estadounidenses en el Golfo pasan a formar parte del teatro de operaciones.

Las represalias no se limitaron a instalaciones diplomáticas. La Guardia Revolucionaria iraní anunció un ataque “a gran escala” con drones y misiles contra la base aérea estadounidense en la zona de Sheikh Isa, en Baréin y aseguraron haber destruido su cuartel general de mando. En Emiratos Árabes Unidos, un dron fue interceptado en la zona industrial petrolera de Fujairah, donde se declaró un incendio que fue controlado sin víctimas.

En Omán, un depósito de combustible en el puerto comercial de Duqm resultó dañado en otro ataque con drones. En paralelo, se registraron lanzamientos contra instalaciones con presencia estadounidense en Qatar y Kuwait, mientras Washington ordenaba la salida del personal no esencial de varias legaciones en la región.

La magnitud diplomática de la crisis se refleja en el cierre o restricción de actividades de embajadas extranjeras en Arabia Saudí, Baréin, Qatar, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Líbano y Jordania. El Departamento de Estado ordenó la evacuación del personal no imprescindible en Baréin, Kuwait, Qatar, Jordania e Irak como medida de precaución, y recomendó a los ciudadanos estadounidenses en una docena de países que abandonaran la región utilizando cualquier medio comercial disponible.

El patrón es claro: la red diplomática occidental en Oriente Próximo opera en modo contingencia.

Estas represalias se producen mientras continúan los bombardeos sobre Irán. En Teherán, más de un centenar de personas murieron en las últimas 24 horas, según fuentes iraníes, en ataques que alcanzaron barrios densamente poblados. Desde el inicio de la ofensiva estadounidense e israelí, la Media Luna Roja iraní ya cifra en 787 los fallecidos.

Entre los objetivos alcanzados figuran el antiguo edificio del Parlamento, una emisora estatal y, de nuevo, instalaciones nucleares en Natanz, donde el Organismo Internacional de Energía Atómica confirmó daños recientes sin consecuencias radiológicas previstas.

El componente militar estadounidense también se ha intensificado. El Comando Central (CENTCOM) afirmó haber destruido instalaciones de mando y control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, así como capacidades de defensa aérea y de lanzamiento de misiles y drones. En respuesta, Teherán ha extendido su presión a través de aliados regionales.

El grupo proiraní Hezbolá lanzó salvas de misiles contra bases militares en el norte de Israel, mientras el Gobierno de Benjamín Netanyahu reconocía el despliegue de tropas terrestres en el sur del Líbano, lo que amplía el conflicto más allá del frente aéreo.

En el plano político, el presidente Donald Trump afirmó que Irán “quiere hablar”, pero que es “demasiado tarde”, sugiriendo que la ventana diplomática se ha estrechado tras la eliminación de la cúpula iraní en los primeros compases de la ofensiva. Desde Teherán, la narrativa es opuesta: cualquier colaboración europea con los ataques sería considerada “un acto de guerra”, en palabras del portavoz del Ministerio de Exteriores iraní. Esta dinámica de declaraciones cruzadas refuerza la lógica de escalada.

El conflicto ya involucra directa o indirectamente a al menos nueve países y a múltiples actores no estatales. El ataque con drones a la base británica de Akrotiri en Chipre, territorio de un Estado miembro de la UE, evidenció que la guerra trasciende el eje bilateral inicial. La OTAN ha subrayado que no está implicada formalmente en la contienda, pero ha reiterado que defenderá el territorio aliado si es necesario. @mundiario