¿Qué es lo que busca Trump en la región del Ártico donde Rusia ha retrocedido?
El Ártico, una región conocida por su vasto potencial en recursos naturales y de nuevas rutas marítimas, ha visto cómo sus principales actores, Rusia y Noruega, han frenado sus ambiciones en el área. Este cambio de rumbo, impulsado por condiciones geopolíticas y medioambientales, contrasta con la euforia inicial de exploración y desarrollo que marcó la última década y que parece que el presidente electo de EE UU, Donald Trump, busca apelar.
Desde 2008, la disminución del hielo ártico, atribuida al cambio climático, generó expectativas sobre la accesibilidad a posibles reservas de hidrocarburos y minerales, así como la apertura de rutas marítimas estratégicas. Entre 2013 y 2023, las distancias anuales recorridas por buques en el Ártico se duplicaron, pasando de 9.8 millones a 20.7 millones de kilómetros. Esto impulsó esperanzas de rutas comerciales más rápidas entre Asia, Europa y América del Norte.
Sin embargo, los retos logísticos y climáticos siguen siendo formidables. Las temperaturas extremas, la falta de infraestructura y la imprevisibilidad del entorno han demostrado que operar en el Ártico es más complejo de lo previsto. Según analistas, estas condiciones adversas, junto con la corta temporada operativa, han frenado el interés comercial en la región.
Por ejemplo, antes de la invasión de Ucrania en 2022, Rusia lideraba ambiciosos proyectos en el Ártico, incluidos centros regionales de rescate, infraestructuras de transporte marítimo y desarrollo de recursos en Siberia. Estas iniciativas buscaban aprovechar el potencial del Paso del Noreste, una ruta clave para el transporte marítimo.
Desafortunadamente para el Kremlin las sanciones internacionales tras la invasión han paralizado gran parte de estos planes. La navegación internacional en el Paso del Noreste se ha reducido drásticamente, con solo unos pocos buques chinos utilizando la ruta. La retirada de actores globales ha dejado en suspenso los planes de desarrollo económico en esta estratégica región.
Noruega, por otro lado, también ha moderado sus ambiciones en la región. Las perforaciones en busca de petróleo y gas en el Mar de Barents han sido detenidas, y la concesión de licencias para la explotación minera en aguas profundas ha sido postergada. Estas decisiones han sido bien recibidas por organizaciones ambientalistas, preocupadas por el impacto en la fauna y el ecosistema polar.
Helene Tofte, experta en transporte marítimo y directora de cooperación internacional y clima de la Asociación Noruega de Navieros, señala que las expectativas sobre el potencial comercial del Ártico fueron exageradas. Las dificultades operativas, combinadas con la falta de recursos de emergencia y la necesidad de inversiones significativas, han disuadido a los actores privados de involucrarse en la región.
A pesar de las reservas de recursos aún por explotar, los analistas advierten que los costos y riesgos asociados a la exploración en el Ártico superan los beneficios potenciales. Las estimaciones iniciales sobre la riqueza de la región se basaron en datos limitados y suposiciones optimistas. Como resultado, los proyectos han sido abandonados o aplazados por la ausencia de ganancias inmediatas, dejando en entredicho la viabilidad económica del desarrollo ártico.
"Las condiciones en el Ártico pueden ser extremadamente difíciles, incluso cuando la ausencia de hielo marino permite el paso". "El aumento del transporte marítimo en esta zona exigiría importantes inversiones en buques, preparación para emergencias, infraestructuras y sistemas de previsión meteorológica, para una ruta que es impredecible y tiene una temporada de operaciones corta. En la actualidad, no tenemos indicios de que nuestros miembros lo consideren comercialmente interesante", afirmó, según recoge la BBC.
Mientras tanto, otros países como Canadá y Estados Unidos han mantenido sus proyectos en el Ártico. Canadá avanza en la construcción de un puerto de aguas profundas en Nunavut, mientras que Estados Unidos ha impulsado la exploración en Alaska. Estas iniciativas demuestran que, aunque las ambiciones han disminuido, el interés estratégico por el Ártico persiste, aunque dentro de los límites de su territorio.
Donald Trump ha manifestado su interés en adquirir la estratégica isla de Groenlandia, argumentando razones de "seguridad económica". Es probable que el presidente electo de EE UU busque aumentar su influencia en las nuevas rutas marítimas que han surgido a raíz del cambio climático, con el objetivo de fortalecer su posición geopolítica en la región.
Groenlandia es rica en importantes depósitos de minerales, incluidas las tierras raras, que son fundamentales para la tecnología moderna y la transición energética. Además, el deshielo en el Ártico ha abierto nuevas rutas marítimas, como la Ruta Transpolar, que podrían facilitar el comercio y el transporte entre Asia y Europa, representando así una ventaja económica significativa.
La retórica de Trump también refleja su visión de "Estados Unidos primero", en la que busca reafirmar la influencia estadounidense en su hemisferio y contrarrestar la creciente presencia de potencias como China y Rusia en la región. Su enfoque agresivo, que incluye amenazas de coerción económica y militar, no solo busca asegurar recursos, sino también salvaguardar la seguridad nacional de Estados Unidos frente a lo que percibe como una expansión de intereses extranjeros en el Ártico. Sin embargo, no está claro si su intención de expandir su soberanía nacional incluya nuevos proyectos estadounidenses para explotar los recursos naturales de la zona, una decisión que al igual que a otros actores internacionales, puede traer más pérdidas que ganancias. @mundiario