Las compras de petróleo ruso que alimentan la guerra en Ucrania tensionan la alianza entre India y EE UU

Narendra Modi, primer ministro de la India y Donald Trump, presidente de EE UU. / White House
Las voluminosas importaciones de crudo ruso por parte de Nueva Delhi chocan con los esfuerzos de Occidente para abocar a Moscú a pactar un alto el fuego y desatan una oleada de amenazas arancelarias desde la Casa Blanca.

El equilibrio diplomático que durante años ha sostenido la relación entre la India y Estados Unidos atraviesa su mayor prueba en décadas. El detonante: las voluminosas compras de petróleo ruso por parte de Nueva Delhi en plena guerra en Ucrania, una práctica que Washington denuncia como una forma indirecta de financiar la maquinaria bélica del Kremlin. La respuesta del presidente Donald Trump se ha traducido en un endurecimiento de los aranceles contra la India que marca un giro drástico en la relación bilateral.

India se ha convertido en el segundo mayor comprador de petróleo ruso a nivel global, solo por detrás de China. Según estimaciones, el crudo ruso representa ya un tercio de las importaciones energéticas indias. Este flujo, que comenzó a intensificarse tras las sanciones occidentales a Rusia, ha sido tolerado por Estados Unidos durante meses, dentro de una lógica de pragmatismo geopolítico. Sin embargo, la paciencia parece haberse agotado ante la necesidad de avanzar hacia un alto el fuego.

Trump, que había cultivado una relación cercana con el primer ministro indio Narendra Modi, decidió este lunes imponer una subida “sustancial” de los aranceles sobre las exportaciones indias. “No les preocupa cuánta gente en Ucrania está muriendo a manos de la maquinaria de guerra de Rusia”, escribió el presidente en su plataforma Truth Social, acusando a India de revender el petróleo ruso en los mercados internacionales con grandes beneficios.

Este endurecimiento marca una inflexión en la política exterior de Trump. Hace apenas unos meses, el presidente estadounidense parecía abierto a un acercamiento con Moscú, lo que ha generado incertidumbre entre los aliados occidentales. Pero tras el fracaso de sus intentos por negociar un alto el fuego con Vladímir Putin, la Casa Blanca ha optado por intensificar la presión económica, extendiéndola ahora a aquellos países que sostienen indirectamente el esfuerzo bélico ruso.

La antigua imposición de aranceles del 25% a productos indios, que entrarán en vigor el 7 de agosto, ya había sido interpretada por Nueva Delhi como una medida coercitiva desproporcionada. En paralelo, Trump ha enviado a su enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff, a Moscú con el objetivo de reforzar la postura estadounidense antes del vencimiento del ultimátum dado a Putin para cesar las hostilidades.

Washington señala a India, pero evita confrontar a China

Una de las críticas más notables en la India es el aparente doble rasero de la Administración Trump. China, el mayor comprador de crudo ruso, no ha sido objeto de amenazas similares. Tampoco Turquía, que mantiene un comercio energético constante con Moscú, aunque también ejerce como mediador entre Kiev y el Kremlin. Esta diferencia de trato ha generado frustración en Nueva Delhi, que percibe la medida como una penalización selectiva.

Por ello, algunos funcionarios indios han ventilado su malestar. “Nuestra relación bilateral con diversos países se basa en sus propios méritos y no debe analizarse desde la óptica de un tercero”, dijo Randhir Jaiswal, portavoz del Ministerio de Exteriores indio. “India y Rusia mantienen una relación estable y duradera”, añadió, al evocar la histórica política de no alineamiento de India y su vínculo estratégico con Moscú.

Pese a las declaraciones de Trump afirmando que India “dejaría de comprar petróleo ruso”, funcionarios indios han desmentido cualquier cambio en su política energética.Para Nueva Delhi, las importaciones de petróleo a bajo coste representan una ventaja en su búsqueda de un crecimiento sostenido y de seguridad energética.

Aun así, el Gobierno de Modi ha evitado una confrontación directa. La estrategia india sigue siendo la de preservar sus vínculos con todas las grandes potencias, incluida Rusia, sin renunciar al acercamiento con Estados Unidos, que ha sido un socio clave en defensa, tecnología y contención regional frente a China.

Desde Washington, el mensaje ha sido inequívoco. Stephen Miller, jefe adjunto del Gabinete de Trump, aseguró a la Fox News que “no es aceptable que India siga financiando esta guerra mediante la compra de petróleo ruso”. Aunque reafirmó que Trump quiere mantener una “relación fenomenal” con la India, dejó claro que se necesita “realismo” en las relaciones internacionales.

La relación entre la India y Estados Unidos ha estado marcada en la última década por una cooperación creciente en temas estratégicos: defensa, seguridad regional, tecnología e inteligencia. También ha sido impulsada por el peso creciente de la diáspora india en EE UU y una visión compartida de contrapeso a China. Pero este nuevo frente abierto por la cuestión energética podría alterar el delicado equilibrio. @mundiario