Petro vs. Leyva: el terremoto político tras una carta que sacude a Colombia
La política colombiana vive un nuevo episodio de alto voltaje. La carta pública del exministro de Exteriores Álvaro Leyva dirigida al presidente Gustavo Petro ha detonado un seísmo institucional cuyas réplicas aún se sienten. No es habitual que un excanciller —máxime uno tan cercano y respetado como Leyva— acuse al presidente de la República de tener un problema de “drogadicción” que afectaría directamente el ejercicio del poder. La gravedad de las acusaciones ha colocado a la Presidencia contra las cuerdas, en un momento en el que la oposición pide medidas excepcionales y el propio mandatario responde entre la ironía, la emotividad y la autodefensa.
Leyva, quien ocupó la Cancillería entre agosto de 2022 y enero de 2024, decidió romper el silencio con una misiva de cuatro páginas en la que no solo denuncia una supuesta adicción del presidente, sino que expone una serie de comportamientos que, según él, confirmarían un deterioro en la capacidad de Petro para ejercer sus funciones: desapariciones, llegadas tarde, decisiones erráticas, frases incoherentes y relaciones cuestionables.
El episodio más simbólico es su relato sobre una visita oficial a Francia en 2023, donde el presidente habría desaparecido durante dos días sin explicación clara. Leyva asegura que fue allí, en París, donde pudo “constatar personalmente” el presunto problema de drogadicción del jefe de Estado.
Su carta no escatima calificativos ni advertencias: denuncia un “abuso del poder”, pérdida de control y un círculo íntimo —en especial Laura Sarabia, Armando Benedetti y Ricardo Roa— que, en su opinión, se “aprovecha de la complejísima situación”.
La respuesta de Petro: ironía, familia y desconfianza
El presidente no tardó en reaccionar. Lo hizo a través de su red social favorita, X (antes Twitter), con un tono cargado de sarcasmo. “¿Es que París no tiene parques, museos, librerías, más interesantes que el escritor, para pasar dos días? Casi todo en París es más interesante. ¿Es que acaso no tengo hijas y nietas en París, muchísimo más interesantes que el escritor?”, escribió Petro, en alusión a Leyva.
Argumentó que esos días en la capital francesa los dedicó a estar con sus hijas y nietas, y que esa pausa fue una rara oportunidad de descanso familiar en medio de la presión política y el exilio forzado de parte de su familia por razones de seguridad.
Horas después, profundizó el mensaje en un discurso público donde señaló: “somos adictos al amor a propósito... ¿por qué se pierde dos días, compañero? Lo que pasa es que el escritor ya no puede hacer eso”. Además, compartió y respaldó un mensaje de su hija Andrea Petro, quien aseguró que su padre estuvo con ella y sus hijas buscando un momento de calma y privacidad. Para Petro, el intento de politizar su vida familiar es un acto “atroz” y “canalla”, una estrategia más de una oposición que lleva años sembrando dudas sobre su salud y estabilidad.
Una oposición al acecho
La figura de Petro ha estado históricamente rodeada de rumores sobre posibles adicciones. Desde su paso por la Alcaldía de Bogotá, el tema ha emergido periódicamente, aunque sin pruebas concluyentes. En noviembre de 2023, cuando la periodista María Jimena Duzán le preguntó directamente, respondió que su única adicción era al café.
Lo inédito ahora es el peso del acusador: Leyva fue uno de sus aliados más cercanos, una figura conservadora reconvertida en defensor del progresismo, que ahora denuncia haber sido testigo de los supuestos excesos del mandatario. Su carta se convierte así en una munición de alto calibre para una oposición que no ha dudado en solicitar incluso un tribunal médico que evalúe la idoneidad de Petro para seguir gobernando.
El Centro Democrático, encabezado por figuras como Christian Garcés y María Fernanda Cabal, ha aprovechado la ocasión para exigir exámenes toxicológicos al presidente. Incluso se ha planteado la posibilidad de que el Senado declare su “incapacidad física permanente”, lo cual abriría un escenario constitucional inédito en la historia reciente de Colombia. Desde el centro político, Sergio Fajardo ha ido más allá al afirmar que “hay caos, crisis y contradicciones en la cabeza del presidente” confirman la falta de liderazgo y rigor al frente del país.
Desde el oficialismo, la reacción ha sido unánime: defensa cerrada del presidente y rechazo frontal a lo que consideran una estrategia de desprestigio basada en aspectos de la vida privada. El director del Departamento de Prosperidad Social, Gustavo Bolívar, ha sido claro: “y si tuviera esa condición, que repito que no me consta, merecería ser tratada con respeto y dignidad. Es un tema de salud que afecta a millones de personas, convertirlo en un ataque político es denigrante”. La senadora María José Pizarro ha calificado al “el presidente es un líder de Estado, un trabajador incansable, responsable y de una capacidad intelectual superior (...). que el único recurso sea minar su vida privada es de canallas”. @mundiario