La ofensiva de EE UU en Venezuela abre una crisis regional sin precedentes
Estados Unidos ha ejecutado un ataque militar de gran escala contra Venezuela durante la madrugada, una ofensiva que culminó —según el presidente estadounidense, Donald Trump— con la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores, ambos trasladados fuera del país a un destino que no ha sido revelado. La operación, confirmada por Trump a través de su red social Truth, se produce tras horas de intensos bombardeos sobre objetivos militares y estratégicos y abre una de las crisis más graves en la región en décadas.
El mandatario estadounidense ha anunciado que ofrecerá detalles de la operación en una comparecencia prevista para este sábado desde su residencia privada de Mar-a-Lago, en Florida. Fuentes citadas por la cadena CBS aseguran que la detención del líder chavista fue ejecutada por la Delta Force, la unidad de élite de las fuerzas especiales de Estados Unidos, especializada en operaciones de alto riesgo.
Una noche de explosiones en Caracas y otras regiones del país
La ofensiva comenzó alrededor de las dos de la madrugada, cuando una sucesión de explosiones sacudió Caracas y despertó a miles de ciudadanos. Durante horas, aviones militares sobrevolaron la capital venezolana mientras destellos, columnas de humo e incendios eran difundidos masivamente en redes sociales. Los primeros impactos se registraron en Fuerte Tiuna, el principal complejo militar del país, situado al sur de la capital, que quedó sin suministro eléctrico tras los bombardeos.
Además de Fuerte Tiuna, se confirmaron ataques contra la base aérea de La Carlota, el Cuartel de la Montaña —donde reposan los restos del expresidente Hugo Chávez— y otras instalaciones militares en Maracay y La Guaira. También se reportaron bombardeos en el aeropuerto de Higuerote, en el litoral central, lo que refuerza la idea de una operación destinada a neutralizar tanto infraestructuras militares como posibles vías de escape.
Estado de excepción y llamamiento a la “lucha armada”
Horas después del inicio de los ataques, el Gobierno venezolano activó el estado de excepción por conmoción exterior, una medida que, según fuentes oficiales, estaba preparada desde octubre ante un eventual escenario de agresión. En un comunicado leído en la televisión estatal VTV, el chavismo calificó la ofensiva como un intento de “imponer un cambio de régimen por la fuerza” y llamó a la población a la “lucha armada” frente a lo que definió como una agresión imperialista.
“El objetivo es apoderarse de nuestros recursos estratégicos, especialmente el petróleo y los minerales, y quebrar la independencia política de la nación”, señalaba el texto oficial. El Ejecutivo aseguró que los ataques afectaron también a los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, y advirtió de que la respuesta del país sería firme.
Confusión en el poder y exigencia de pruebas de vida
Tras el anuncio de Trump sobre la captura de Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez reconoció públicamente que el Gobierno venezolano desconoce el paradero del presidente y de la primera dama, y exigió a Estados Unidos “pruebas de vida inmediatas”. Sus declaraciones reflejan el clima de incertidumbre que atraviesa la cúpula del poder en Caracas.
Por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, calificó los bombardeos como la “agresión más criminal” sufrida por el país y aseguró que las autoridades están recopilando información sobre posibles víctimas. Aunque ordenó el despliegue de las fuerzas armadas, hizo un llamamiento a la calma y a evitar el caos interno.
El ministro del Interior, Diosdado Cabello, apareció posteriormente en una transmisión en directo desde Caracas, acompañado de efectivos armados, para anunciar un despliegue de seguridad destinado a “garantizar la paz y la estabilidad”. Cabello pidió a la población no dejarse llevar por el pánico y aseguró que el Estado mantiene el control de la situación.
Reacción regional y temor a una escalada
La operación estadounidense ha generado una inmediata reacción en la región. Colombia expresó su “profunda preocupación” por la escalada militar y anunció medidas para proteger a la población civil y reforzar la frontera ante una posible crisis humanitaria. El Gobierno colombiano activó dispositivos especiales en Cúcuta para atender eventuales flujos de refugiados.
Guyana también informó de la puesta en marcha de un plan de seguridad, mientras que Cuba condenó con dureza la ofensiva y pidió una respuesta urgente de la comunidad internacional, calificando el ataque como “terrorismo de Estado”.
Un escenario de máxima incertidumbre
La ofensiva militar y el anuncio de la captura de Maduro suponen un punto de inflexión en la crisis venezolana. Más allá de los daños materiales y las posibles víctimas, el interrogante principal gira ahora en torno al futuro político del país, la legalidad internacional de la operación y el riesgo de una escalada regional con consecuencias imprevisibles para América Latina. @mundiario