Una histórica oración del viernes en Damasco marca el inicio de una nueva era en Siria
Por primera vez desde la caída de Bachar el Asad, el rezo del viernes al mediodía se celebró en la emblemática mezquita Omeya de Damasco con un nuevo Gobierno provisional al frente del país. Mohamed Al Bashir, el primer ministro interino, utilizó esta ocasión para presentar su visión de una Siria “reconciliada” y en paz tras el fin de una guerra civil que duró 13 años y puso fin a medio siglo de dominio de la familia El Asad.
La mezquita Omeya, uno de los templos más majestuosos del mundo islámico, estaba repleta de fieles. Al Bashir, quien desde enero gobierna la provincia opositora de Idlib desde la que partió la exitosa ofensiva relámpago que consiguió obligar a El Asad a abandonar el país rumbo a Rusia, subió al minbar (púlpito) para dirigir un discurso de unidad y esperanza. “Sed misericordiosos”, pidió a los presentes, haciendo una llamada a la “reconciliación” en un momento marcado por venganzas puntuales y el temor de las minorías —especialmente alauíes y cristianos porque fueron sostén del antiguo régimen—.
El líder interino aseguró que “la reconstrucción del Estado es responsabilidad de todos” y que la victoria implica una gran responsabilidad para establecer una era de “justicia y dignidad”.
Al Bashir destacó que la “liberación de Siria no es solo un cambio de autoridad, sino una promesa de libertad y dignidad”. El discurso concluyó con una oración fúnebre por los mártires y los prisioneros víctimas de la represión de la dinastía El Asad, una época en la que la mayoría suní fue bastante perjudicada. La emoción y el simbolismo de la ceremonia reflejaron la esperanza de una nación que busca cerrar un capítulo de sufrimiento.
Euforia en Damasco
Mientras tanto, en las calles de Damasco, se respiraba un ambiente de euforia y renovación. Los comerciantes del zoco pintaban de blanco las persianas de sus tiendas, cubriendo las antiguas banderas del régimen con dos estrellas y reemplazándolas por la nueva bandera con tres estrellas, un símbolo del cambio y la paz. Algunos decidieron pintar una tercera estrella en el centro para simbolizar el inicio de una nueva etapa.
Ahmed Sharaa, conocido por su nombre de guerra como Abu Mohammed Al Julani y líder del grupo salafista Hayat Tahrir Al Sham, convocó a la población a celebrar sin disparos al aire el fin del régimen. La Plaza de los Omeyas de Damasco se convirtió en el epicentro de estas celebraciones, donde excombatientes y civiles compartían momentos de alegría. Muchos jóvenes, especialmente mujeres, se fotografiaban con los combatientes y sostenían rifles decorados con rosas, en un intento de simbolizar la transición hacia la paz.
La consigna “Alza la cabeza, eres un sirio libre”, que surgió durante la Primavera Árabe, resonó entre la multitud. La celebración, aunque generalizada, reflejó también la incertidumbre de un país dividido y la necesidad de garantizar la inclusión de todas las comunidades en el proceso de reconstrucción nacional, bajo el temor de que el Gobierno provisional, liderado por una organización islamista que es un reducto de Al Qaeda y que tiene un historial por violación de derechos humanos, decida virar de la postura moderada que han tratado de proyectar tanto dentro del país como al exterior.
Incertidumbre entre las minorías en Siria
Los jóvenes, que han crecido entre la guerra y las restricciones, se mostraban especialmente esperanzados. Pero las tensiones religiosas y políticas persisten, mientras esta celebración tomaba lugar se seguían sucediendo intensos combates en el norte del país entre milicias apoyadas por Turquía y la coalición de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), lideradas por los kurdos.
A pesar de los cánticos que proclamaban “El pueblo sirio es uno”, la mayoría de los asistentes eran suníes. La bandera de Hayat Tahrir Al Sham, una organización salafista que busca moderar su imagen, ondeó durante las celebraciones y su líder, Al Julani, apareció recientemente en un vídeo vistiendo ropa civil en lugar de su uniforme militar habitual.
La nueva Siria enfrenta el desafío de transformar la victoria militar en una paz duradera e inclusiva. La reconciliación y el respeto a las minorías serán cruciales para evitar que el país vuelva a sumergirse en el conflicto. Por ahora, el deseo de libertad y el fin de la dictadura son las fuerzas que impulsan a una nación que anhela estabilidad. @mundiario