Netanyahu desoye toda oposición: sigue adelante con la ocupación de Gaza y niega la hambruna

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / RR SS
El primer ministro de Israel asegura que la ofensiva es la vía más rápida para derrotar a Hamás, liberar a los rehenes y poner fin a la guerra, mientras enfrenta críticas internacionales por el riesgo humanitario.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, reafirmó este domingo su determinación de lanzar una ofensiva total para tomar la Ciudad de Gaza bajo el argumento de que esta acción representa “la vía más rápida para derrotar a Hamás”, liberar a los rehenes que permanecen en su poder y poner fin a la guerra que se prolonga desde octubre de 2023. En una conferencia de prensa ante medios internacionales, el mandatario defendió el plan aprobado por su Gabinete de Seguridad el pasado viernes y negó categóricamente que en la Franja exista una situación de hambruna generalizada, tal como han denunciado organismos internacionales.

Según Netanyahu, la operación comenzará “bastante rápido” y estará acompañada de un corredor seguro para permitir la evacuación masiva de civiles hacia zonas designadas como seguras, donde se habilitarían centros de distribución de comida, agua y asistencia médica. Reconoció que Israel controla actualmente entre el 70% y el 75% del territorio de Gaza, pero subrayó que Ciudad de Gaza y determinados campos de desplazados en el centro y sur —especialmente en Al Mawasi— siguen siendo bastiones clave de Hamás que requieren una intervención militar decisiva.

El plan contempla el desplazamiento de aproximadamente un millón de personas, un aspecto que ha despertado inquietud entre miembros europeos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que han solicitado una reunión urgente para evaluar el impacto humanitario de la ofensiva. Tanto la ONU y la Unión Europea han advertido de que este movimiento podría agravar la ya crítica situación de la población civil, que enfrenta severas limitaciones en el acceso a alimentos, agua y medicinas.

Netanyahu, no obstante, insistió en que su objetivo no es “ocupar Gaza”, sino “liberarla del control de una organización genocida” que no solo representa una amenaza para Israel, sino que también mantiene como rehenes a los propios palestinos. Reiteró que la guerra podría terminar de inmediato si Hamás depusiera las armas y liberara a los rehenes. Según cifras oficiales israelíes, alrededor de medio centenar de personas siguen cautivas, de las cuales unas veinte se presume que continúan con vida.

En cuanto al escenario posterior a la guerra, Netanyahu describió una Franja de Gaza desmilitarizada, con una zona de seguridad reforzada en la frontera y bajo la administración de un ente civil “que pueda convivir pacíficamente con Israel”, sin la participación de Hamás ni de la Autoridad Palestina. No ofreció detalles concretos sobre quién asumiría el control administrativo, aunque señaló que existen “varios candidatos” para una etapa transitoria.

El primer ministro negó de forma tajante las acusaciones de que Israel esté utilizando el hambre como arma de guerra. Afirmó que desde el inicio del conflicto han ingresado más de dos millones de toneladas de ayuda humanitaria a la Franja, y que la escasez de alimentos es producto de una “política deliberada de Hamás” para crear una crisis y, en muchos casos, saquear los camiones de suministros. Sin embargo, un informe reciente de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) no encontró evidencias concluyentes que respalden esta afirmación.

Durante la conferencia, Netanyahu exhibió imágenes que muestran a rehenes debilitados contrastadas con combatientes de Hamás que aparentan estar bien alimentados. Argumentó que esto evidencia el control del grupo sobre los recursos y su capacidad para priorizar a sus miembros sobre la población civil. Al mismo tiempo, admitió que existió una “política de privación” en fases iniciales de la guerra, pero sostuvo que ahora se busca mitigar esa situación mediante un incremento de lanzamientos de ayuda por aire, la apertura de nuevos puntos de distribución y la designación de “zonas seguras”.

Estos centros de ayuda, gestionados por la Fundación Humanitaria para Gaza —creada por Israel con apoyo de Estados Unidos—, han sido escenario de incidentes mortales. El mandatario también desligó su responsabilidad al acusar a Hamás de provocar deliberadamente estos enfrentamientos para generar reacciones violentas de las fuerzas israelíes y manipular la narrativa internacional.

Pese a las declaraciones del gobierno israelí, organismos como el Programa Mundial de Alimentos sostienen que toda la población de Gaza se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, y que un tercio de sus habitantes pasa días enteros sin comer. Según el Ministerio de Sanidad gazatí, más de 100 niños y 117 adultos han muerto por causas relacionadas con la malnutrición desde el inicio de la ofensiva militar.

La estrategia de Netanyahu enfrenta así un doble desafío: mantener el apoyo interno y de sus aliados internacionales mientras continúa la ofensiva, y responder a las crecientes presiones y denuncias sobre el coste humanitario de la guerra. La toma de la Ciudad de Gaza, es presentada por el mandatario como un paso decisivo para el fin del conflicto, sin embargo, también podría convertirse en un escenario catastrófico en el que al menos un millón de palestinos hacinados se verán forzados a desplazarse por “rutas seguras” que ya han sido objeto de bombardeos con anterioridad. @mundiario