Milei ante su gran prueba: por qué las elecciones ponen en jaque su capacidad de reformar Argentina
Las elecciones legislativas del 26 de octubre en Argentina llegan como un referéndum sobre la gobernabilidad del presidente Javier Milei y su ambicioso programa de reformas. A menos de dos años de haber asumido el poder, el líder libertario enfrenta una encrucijada política, económica y geopolítica que determinará si puede consolidar su proyecto de transformación o si quedará atrapado en la parálisis legislativa.
Cuando Milei llegó al poder en 2023, prometió terminar con la “casta” política y aplicar un plan de ajuste drástico. Su receta —recortes severos, liberalización económica y reducción del Estado— logró reducir la inflación mensual del 25 % al 2 % y devolver cierto orden fiscal al país. Sin embargo, el coste social ha sido alto: los ingresos reales siguen por debajo de los niveles previos a su Gobierno y más del 30 % de los argentinos continúa bajo la línea de pobreza.
Ahora, el desafío del presidente no es técnico, sino político. Con un Congreso donde no tiene mayoría, Milei necesita asegurar al menos un tercio de los escaños en la Cámara de Diputados para mantener el control de sus vetos y avanzar con su agenda de reformas laborales, tributarias y previsionales. De lo contrario, su capacidad de gobernar quedará en manos de una oposición fragmentada, pero cada vez más coordinada para impedir sus reformas.
La dimensión internacional de estas elecciones es inédita. El Gobierno de Donald Trump ha apostado fuertemente por Milei, no solo con declaraciones de apoyo, sino con asistencia financiera directa a través de swaps, compras de pesos y gestiones con la banca privada. Washington considera a Milei un socio clave en el hemisferio occidental, tanto por su afinidad ideológica como por su potencial de estabilizar un país con un historial de volatilidad crónica.
Sin embargo, esa cercanía con Trump también genera recelos internos. Para amplios sectores del electorado argentino, el apoyo estadounidense es percibido como una intromisión en los asuntos nacionales. El peronismo y parte del centro político han aprovechado ese sentimiento para reforzar su discurso soberanista y erosionar la imagen de independencia del mandatario.
Gobernabilidad o bloqueo: el dilema post electoral
El desgaste político de Milei se ha acelerado en los últimos meses. Su implicación en la promoción de una criptomoneda fallida, las sospechas sobre su hermana Karina y las denuncias contra candidatos de su partido, como el cabeza de lista José Luis Espert, han dañado la narrativa de pureza anticorrupción con la que llegó al poder. A esto se suman sus tensiones con los gobernadores provinciales, que han respondido bloqueando leyes clave y formando alianzas opositoras en el Congreso.
El golpe más duro llegó con las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, donde su partido, La Libertad Avanza (LLA), perdió por 14 puntos ante el peronismo. La reacción de los mercados fue inmediata: caída del peso, fuga de capitales y una intervención de emergencia del Banco Central.
La incógnita central es si Milei podrá articular una mayoría funcional. Su principal opción de alianza es el PRO, el partido de centroderecha tradicional del expresidente Mauricio Macri, con el que comparte buena parte de la agenda económica, pero no necesariamente el estilo político. Negociar con Macri y otros bloques provinciales implicará moderar su discurso y ceder espacios de poder, algo que contrasta con su narrativa antisistema.
En el mejor escenario, una victoria ajustada que le permita defender sus vetos bastaría para calmar a los mercados y asegurar la continuidad de su programa. Pero una derrota o un resultado inferior al 30 % podría precipitar una nueva crisis de gobernabilidad y erosionar la confianza internacional.
Más que una elección: un test de liderazgo
Las legislativas del 26 de octubre no solo medirán la fuerza electoral de Milei, sino también su capacidad para evolucionar de líder disruptivo a estadista pragmático. Su proyecto de transformación depende tanto de la economía como de la política, y sin una base parlamentaria sólida, su revolución liberal corre el riesgo de diluirse en la parálisis institucional.
El futuro del experimento libertario argentino —y, en parte, la credibilidad del respaldo estadounidense en la región— se decidirá en las urnas. Milei se juega más que una mayoría: se juega el control de su destino político. @mundiario