El mensaje incómodo del Papa León XIV frente a la espiral del rearme global

Papa León XIV en el Aula Pablo VI del Vaticano. / RR.SS
El Papa León XIV lanza una advertencia poco habitual desde el Vaticano al poner cifras, contexto y responsabilidades sobre la mesa. Con un gasto militar global disparado y el derecho internacional debilitado, su mensaje cuestiona el uso político del miedo y la normalización de la guerra como respuesta automática a los conflictos actuales.

El documento publicado por León XIV con motivo de la Jornada Mundial de la Paz no es un gesto litúrgico ni un ejercicio retórico. Es un diagnóstico político en el sentido más amplio del término, aunque no partidista, sobre el estado del mundo. El Papa describe una “desestabilización planetaria” que no se limita a los frentes de guerra visibles, como Ucrania o Gaza, sino que se filtra en la vida cotidiana, en la educación, en el lenguaje público y en la forma en que los Estados justifican sus decisiones.

Cuando cita el aumento del gasto militar mundial hasta los 2,7 billones de dólares en 2024, no lo hace para impresionar con cifras, sino para mostrar una tendencia. Desde hace una década, el rearme no es una excepción, sino la norma. La pregunta que plantea, aunque no siempre de forma explícita, es incómoda: si invertir más en armas garantiza realmente más seguridad o si, por el contrario, alimenta una lógica de confrontación que se retroalimenta como un incendio al que se le echa gasolina.

El miedo como política pública

Uno de los puntos más relevantes del mensaje de León XIV es su crítica a la construcción deliberada de una percepción constante de amenaza. Según el Pontífice, se está sustituyendo la cultura de la memoria, aquella que recuerda las tragedias del siglo XX para no repetirlas, por una pedagogía del miedo. Esto se traduce en campañas institucionales, discursos oficiales y hasta programas educativos que presentan la guerra como un horizonte inevitable.

Aquí el Papa introduce una reflexión clave: cuando no prepararse para la guerra se convierte en una culpa política, algo se ha roto en la relación entre gobernantes y ciudadanos. La legítima defensa, un principio reconocido por el derecho internacional, se estira hasta convertirse en justificación casi automática de la violencia preventiva. El resultado es una normalización del conflicto que vacía de contenido la palabra paz y la reduce a un eslogan sin práctica real.

Religión, tecnología y responsabilidad colectiva

León XIV no exime a nadie de responsabilidad, tampoco a las religiones. Calificar de blasfemia la bendición del nacionalismo armado no es una provocación gratuita, sino una advertencia. Cuando la fe se utiliza para señalar enemigos y justificar la violencia, pierde su función ética y se convierte en un arma más. En paralelo, el Papa alerta sobre el papel de la tecnología y la inteligencia artificial en los conflictos, donde delegar decisiones de vida o muerte en máquinas diluye la responsabilidad política y moral.

Frente a este panorama, su propuesta no es ingenua ni abstracta. Habla de sociedad civil, de participación no violenta, de justicia reparadora y de reforzar las instituciones internacionales en lugar de debilitarlas. Es una invitación a recuperar la diplomacia como herramienta principal y no como último recurso.

El mensaje de León XIV no ofrece soluciones simples, pero sí una brújula. En un mundo que parece avanzar hacia la guerra por inercia, recordar que la paz se construye, se cuida y se exige es, hoy, un acto profundamente político y necesario. @mundiario