Mantener a Ucrania en pie: el desafío económico que Europa ya no puede esquivar

La flota oscura, también llamada dark fleet, es una especie nacida de las sanciones a Irán en los años noventa , fortalecida por la crisis venezolana y multiplicada tras el estallido de la guerra en Ucrania. / RR SS.
La guerra en Ucrania ya no se decide solo en el frente. Tras el recorte de la ayuda de Estados Unidos, el Gobierno de Kiev afronta un déficit histórico y una economía sostenida casi por completo desde fuera. Europa debe decidir si da el paso para evitar el colapso del país invadido.

La invasión rusa de Ucrania suele medirse en kilómetros de territorio, número de misiles o avances militares, pero hay otro frente menos visible y decisivo el de las cuentas públicas. Desde 2022, el Estado ucraniano funciona como una UCI económica sostenida por respiración asistida exterior. El problema es que uno de los grandes pulmones, Estados Unidos, ha reducido drásticamente el flujo de oxígeno tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Ese 30% de ayuda que desaparece no es un detalle contable, es la diferencia entre pagar salarios, pensiones y hospitales o empezar a fallar por dentro.

El déficit previsto para 2026, equivalente al 18% del PIB, no refleja mala gestión, sino una economía obligada a correr una maratón con una pierna rota. Antes de la guerra, ese déficit era tres veces menor. La pregunta ya no es si Ucrania puede crecer, sino si puede mantenerse con vida sin que el Estado se desmorone.

Europa ante el espejo de su responsabilidad

La Unión Europea se enfrenta ahora a una decisión incómoda pero inevitable. Hasta ahora ha sido un socio clave, pero la retirada estadounidense cambia las reglas del juego. No se trata solo de solidaridad, sino de coherencia estratégica. Permitir que Ucrania caiga por asfixia económica tendría consecuencias políticas, geopolíticas y morales que acabarían regresando a suelo europeo.

El debate sobre utilizar los activos rusos congelados como aval para un gran préstamo no es técnico, es profundamente político. Los riesgos legales existen, pero también existe el riesgo, mucho mayor, de no hacer nada. Si el Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 130.000 millones de euros en los próximos años, retrasar decisiones es como discutir el color del salvavidas mientras el barco hace agua.

Una sociedad agotada que no puede esperar

Más allá de los números, está la gente. Ucrania ha perdido una cuarta parte de su población entre emigración, ocupación y una natalidad desplomada. El aumento de los subsidios a la maternidad o del gasto en educación no es un lujo, es un intento desesperado por evitar un futuro vacío. Autorizar la salida de jóvenes para estudiar en el extranjero ha sido una solución pragmática, pero también ha acelerado una fuga de talento difícil de revertir.

El salario mínimo sube, sí, pero sigue siendo extremadamente bajo frente a una inflación que ha castigado duramente el día a día. Mantener hospitales abiertos, pagar a los soldados, garantizar ayudas sociales y evitar un estallido de descontento interno es tan crucial como recibir munición.

La guerra de Ucrania no se decidirá solo en el frente, sino en la capacidad de Europa para entender que sostener un Estado en guerra es sostener la estabilidad del continente. No actuar ahora sería como apagar la luz y sorprenderse después de la oscuridad. @mundiario