“No Kings”: el grito ciudadano contra la deriva autoritaria de Trump en EE UU

Protestas en EE UU contra Donald Trump. / RR SS.
Cientos de miles de personas han salido este sábado a las calles para denunciar lo que consideran una deriva autoritaria del Gobierno de Donald Trump.

Cientos de miles de personas han salido este sábado a las calles de Estados Unidos para denunciar lo que consideran una deriva autoritaria del Gobierno de Donald Trump. Bajo el lema “No Kings” (“no reyes”), las manifestaciones —extendidas a más de 2.600 ciudades— han convertido la consigna fundacional de la democracia estadounidense en un grito de resistencia frente al poder concentrado del presidente republicano, que afronta su segundo mandato decidido a desmantelar los contrapesos institucionales.

Las concentraciones más multitudinarias se han vivido en Washington, Nueva York, Chicago, Houston, Los Ángeles, Seattle y Filadelfia, donde decenas de miles de ciudadanos se han movilizado de forma pacífica y festiva frente al Capitolio. La imagen de las pancartas creativas y los cánticos contra Trump ha contrastado con la del asalto violento al Congreso hace cuatro años, cuando una turba alentada por el entonces expresidente intentó frenar la certificación de su derrota electoral.

“Mi padre no luchó sobre Europa para esto”, proclamaba Brian Lee, un militar retirado de 70 años que marchaba con una pancarta en mano. “Trump está repitiendo los patrones de los años treinta: la retórica, la división, el miedo. Tenemos que detenerlo antes de que sea tarde”.

Protestas en plena crisis institucional

Las movilizaciones llegan en un contexto político especialmente convulso: el cierre parcial del Gobierno federal, el despido de miles de empleados públicos y el despliegue de tropas de la Guardia Nacional en ciudades demócratas han acentuado el malestar social. Trump ha redoblado su ofensiva contra instituciones clave como la Reserva Federal y la prensa, a la que acusa de “enemiga del pueblo”, mientras los tribunales se erigen como el último dique frente a su poder.

Pese a las advertencias, el presidente conserva el control del Tribunal Supremo, que ha respaldado la mayoría de sus medidas. “Trump implementa un plan paso a paso para destruir lo que protege nuestra democracia”, alertó el senador demócrata Chris Murphy durante la manifestación en Washington. “Pero aún no ha ganado. El pueblo sigue mandando en este país”.

Junto a Murphy, Bernie Sanders lideró la marcha capitalina, que congregó a una multitud que clamaba por la defensa de los valores fundacionales de la república estadounidense: la separación de poderes, la libertad de prensa y el derecho a la protesta.

La referencia histórica al rey Jorge III, símbolo del absolutismo contra el que se independizaron las colonias, ha impregnado las protestas. Los organizadores de No Kings insistieron en que el movimiento busca preservar la democracia y resistir un régimen autoritario, reivindicando la herencia de 1776.

Los voluntarios repartieron carteles con el lema “No tronos, no coronas, no reyes” y ofrecieron talleres de desescalada para garantizar el carácter pacífico de las marchas. “Estados Unidos no es una democracia ahora mismo”, lamentaba Craig, de 60 años, colaborador en Washington. “Pero podemos recuperarla si no dejamos de luchar”.

El trumpismo contraataca

Desde el Partido Republicano, la reacción ha sido inmediata. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, calificó las protestas de “manifestación de odio a Estados Unidos” y vinculó sin pruebas a los manifestantes con “simpatizantes de Hamás y miembros de Antifa”. Incluso el secretario del Tesoro, Scott Bessent, lanzó una advertencia: “Sin reyes no hay sueldos; sin sueldos no hay Gobierno”.

Mientras tanto, el Ejecutivo culpa a los demócratas del bloqueo presupuestario que mantiene paralizado al Gobierno federal desde hace 18 días, un cierre que Trump intenta usar para despedir empleados y recortar fondos a instituciones críticas.

En la avenida Pensilvania, Sarah, una trabajadora federal de 40 años, caminaba con su marido y sus dos hijas. “Mi esposo no cobra desde hace semanas”, explicaba. “Pero hoy no estamos aquí solo por eso. Queremos que nuestras hijas crezcan en un país libre, y eso parece cada vez más incierto”.

Sobre las azoteas, la Guardia Nacional vigilaba la manifestación con rifles de largo alcance. Hace un mes, Trump había pedido a sus generales prepararse para una supuesta “invasión interior”.

Un desafío a la historia

Las protestas del movimiento No Kings han inyectado energía en una oposición desorientada y dividido a la sociedad estadounidense entre quienes ven en Trump un salvador y quienes lo perciben como una amenaza existencial a la democracia.

Trump ha sugerido incluso la posibilidad de presentarse a un tercer mandato, algo prohibido por la Constitución, y ha instado a los gobernadores republicanos a rediseñar distritos electorales para garantizar la hegemonía de su partido.

Pese al clima tenso, la jornada ha terminado sin incidentes graves. Los cánticos de “¡Somos la mayoría!” han resonado junto al Monumento a la Paz, recordando que, en la historia estadounidense, el poder absoluto siempre ha sido el preludio del cambio. @mundiario