La justicia francesa condena a 10 personas por impulsar el bulo de que Brigitte Macron es hombre

Brigitte y Emmanuel Macron, pareja presidencial de Francia. / Wikimedia Commons - Oficina del Presidente de Ucrania
Un tribunal de París condena a diez personas por ciberacoso tras años de difusión de una teoría conspirativa que cuestionaba la identidad de la primera dama de Francia.

La Justicia francesa ha marcado un punto de inflexión en una de las conspiraciones digitales más escandalosas de la última década con la condena a diez personas por difundir el bulo de que la primera dama de Francia, Brigitte Macron, nació hombre. Las sentencias, que alcanzan hasta seis y ocho meses de prisión con suspensión de la pena, no implican el ingreso en la cárcel, pero sí establecen responsabilidades penales claras por ciberacoso y difamación.

El caso trasciende lo personal y se inscribe en un debate más amplio sobre los límites de la libertad de expresión en las redes sociales y la respuesta del Estado frente a las campañas de odio online.

El tribunal consideró probado que los acusados participaron en una estrategia coordinada de difusión de rumores falsos, especialmente activa en redes sociales y plataformas de vídeo. La narrativa sostenía que la esposa del presidente Emmanuel Macron sería un hombre llamado, Jean-Michel Trogneux (que es en realidad su hermano), y que habría cambiado de sexo. Una afirmación sin base alguna que, pese a ello, logró una notable viralidad desde 2017, coincidiendo con la primera victoria electoral de Macron.

Las penas más severas recayeron sobre los considerados instigadores del bulo. Entre ellos, el escritor Aurélien Poirson-Atlan, conocido en redes como Zoé Sagan, condenado a ocho meses de prisión suspendida por mensajes calificados por el tribunal como “particularmente degradantes y maliciosos”. También fueron condenados una mujer que se presentaba como médium y difundió un extenso vídeo en YouTube, y un galerista que elaboró fotomontajes de la primera dama.

El resto de implicados, definidos como “seguidores” de la campaña, recibieron penas menores y, en algunos casos, la obligación de realizar cursos de sensibilización sobre delitos digitales o restricciones temporales en el uso de redes sociales.

Desde el punto de vista judicial, el caso se apoya en la tipificación del ciberacoso reiterado, una figura legal que en Francia contempla no solo la falsedad del contenido, sino también su carácter persistente y el daño causado a la víctima. Durante el juicio, algunos acusados alegaron que sus mensajes eran “humorísticos” o “satíricos”, una defensa que el tribunal rechazó al considerar que el volumen, el tono y el contexto de las publicaciones excedían cualquier marco de crítica legítima.

El impacto personal del acoso fue un elemento central del proceso. Aunque Brigitte Macron no asistió al juicio, su hija Tiphaine Auzière declaró sobre el deterioro de la vida cotidiana de su madre y el efecto en toda la familia, incluidos los nietos. La propia primera dama explicó en una entrevista televisiva que decidió recurrir a los tribunales para “dar ejemplo”, consciente de que este tipo de rumores no se limitan al ámbito político, sino que reproducen dinámicas comunes en el acoso digital.

El caso francés también tiene una dimensión internacional. La pareja presidencial mantiene abierta una demanda por difamación en Estados Unidos contra la influencer Candace Owens, vinculada a la ultraderecha, por una serie de vídeos que replican el mismo bulo. Se trata de una situación poco habitual: un jefe de Estado en activo y su esposa enfrentándose judicialmente a campañas de desinformación transnacionales.

Más allá de los protagonistas, la sentencia pone de relieve la capacidad de las teorías conspirativas para instalarse en el debate público, especialmente cuando se apoyan en redes sociales y en elementos personales —como la diferencia de edad entre los Macron— utilizados para alimentar narrativas falsas. Al mismo tiempo, refleja la voluntad de los tribunales franceses de trazar una línea jurídica entre la crítica política, la sátira y el acoso sistemático basado en falsedades.

Sin convertir el fallo en un precedente absoluto, la condena subraya que la difusión reiterada de bulos con impacto personal puede tener consecuencias penales. En un contexto de creciente preocupación por la desinformación, el caso Brigitte Macron se suma a otros procesos que muestran cómo la justicia europea empieza a intervenir de forma más decidida en el espacio digital para responder a campañas organizadas de hostigamiento. @mundiario