Los ataques de Israel al corazón de Siria tensan Oriente Próximo, a pesar de los intentos de contención

Ahmed al Sharaa, presidente interino de Siria. / @SyPresidency
Mientras EE UU trata de frenar el deterioro regional, el Gobierno interino sirio busca controlar las luchas internas entre comunidades para evitar más intervenciones extranjeras.

La región de Oriente Próximo atraviesa una nueva etapa de tensión creciente tras los bombardeos israelíes contra posiciones clave en Damasco, capital de Siria. Este giro, de alto riesgo geopolítico, ha sido impulsado por el Gobierno israelí como parte de su declarada intención de proteger a la minoría drusa en el sur del país, en el contexto de los enfrentamientos entre esta comunidad y tribus beduinas supuestamente apoyadas por fuerzas del ejército sirio.

Las ofensivas aéreas han alcanzado infraestructuras sensibles como el Ministerio de Defensa y zonas cercanas al palacio presidencial. Las autoridades sirias han confirmado al menos 15 muertos y 34 heridos, lo que agrava aún más un conflicto interno que parecía encaminarse hacia la contención.

La acción israelí representa una clara intensificación de su política de intervención en Siria. Aunque Tel Aviv ha mantenido durante años ataques selectivos contra objetivos iraníes o milicias aliadas al régimen sirio, atacar el corazón político de la capital supone un cambio de escala. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, lo ha justificado en redes sociales al asegurar que “los golpes dolorosos han comenzado” y que Israel “no abandonará a los drusos en Siria”. A su vez, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha reafirmado la voluntad de “acabar con las bandas del régimen”, responsabilizándolas de la violencia sectaria en Sueida.

Pese a su tradicional alianza con Israel, Washington ha expresado abiertamente su preocupación por la evolución del conflicto. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado los ataques israelíes como una “amenaza directa” a los esfuerzos internacionales por estabilizar Siria, un país aún en transición tras la caída del régimen de Bachar el Asad en diciembre.

El jefe de la doiplomacia estadounidense dijo el miércoles que Washington está “muy preocupado” por la violencia entre Israel y Siria, a la que atribuyó a un “malentendido”, y ha estado en contacto con ambas partes en un esfuerzo por restaurar la calma. “Hemos involucrado a todas las partes implicadas en los enfrentamientos”.

La Administración estadounidense, liderada por el presidente Donald Trump, ha intentado apoyar al actual presidente interino Ahmed al Sharaa, incluso al punto de levantar sanciones económicas en un intento de fomentar la normalización del nuevo Gobierno. Washington ha iniciado contactos diplomáticos con todas las partes implicadas y, según declaraciones de Rubio, se habrían acordado medidas específicas para “poner fin a esta situación inquietante y horrorosa”.

La postura de Estados Unidos busca evitar una mayor desestabilización de la región, en especial en un momento en que se consolidan nuevos equilibrios tras más de una década de guerra civil en Siria. A este esfuerzo se han sumado también países como los Emiratos Árabes Unidos, Turquía y la Liga Árabe, por su parte, todos ellos han manifestado su rechazo a la escalada militar israelí.

Damasco, entre la presión exterior y las fracturas internas

La situación dentro de Siria es compleja. El actual Gobierno de transición liderado por Al Sharaa enfrenta el reto de consolidar su autoridad en un país marcado por fracturas sectarias, resentimientos postbélicos y tensiones sociales aún latentes. Los enfrentamientos recientes entre la comunidad drusa y tribus beduinas en Sweida ya han dejado cerca de 350 muertos, de acuerdo con el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

La violencia ha incluido secuestros, represalias sectarias y ejecuciones sumarias, lo que ha alarmado tanto al Gobierno sirio como a actores internacionales. El miércoles, tras varios intentos fallidos, se logró anunciar un nuevo alto el fuego entre las partes enfrentadas, aunque su estabilidad es aún incierta. Líderes religiosos drusos y representantes del Ministerio del Interior sirio participaron en las negociaciones, conscientes de que el descontrol interno podría servir como justificación para más ataques desde el exterior.

En paralelo, el presidente interino ha emitido una condena oficial a las violaciones cometidas durante los combates, comprometiéndose a sancionar a los responsables y reafirmando que tales acciones son “inaceptables y contrarias a los principios del Estado sirio”.

El bombardeo israelí sobre Damasco no solo representa una ruptura con el patrón habitual de enfrentamientos periféricos, sino que también incrementa la posibilidad de una confrontación regional más amplia. La intervención se produce en un momento de extrema fragilidad para Siria, cuya reconstrucción política y social pende de acuerdos frágiles entre comunidades y bajo la presión de múltiples potencias externas.

La reacción contenida —pero firme— de Estados Unidos muestra el delicado equilibrio diplomático que busca evitar un conflicto mayor. Mientras tanto, Damasco intenta mantener bajo control una situación interna que amenaza con desbordarse si los factores sectarios no son gestionados con eficacia y justicia. @mundiario