Israel y la expansión de asentamientos en Cisjordania: un obstáculo directo al Estado palestino
La decisión del Gobierno israelí de aprobar 22 nuevos asentamientos en el territorio ocupado de Cisjordania no es solo una acción urbanística o de seguridad, sino una afirmación política explícita: impedir el establecimiento de un Estado palestino. Así lo han señalado tanto el ministro de Defensa, Israel Katz, como el de Finanzas, Bezalel Smotrich, quien, junto al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, encabeza la facción de ultraderecha de la coalición gubernamental de Benjamín Netanyahu, que ha encontrado en la expansión territorial un medio para consolidar su visión ideológica de seguridad.
Los asentamientos —ilegales según el derecho internacional, pero amparados por la legislación interna israelí cuando son oficializados— se han convertido en una de las piedras angulares del conflicto israelo-palestino. La comunidad internacional, incluidos aliados tradicionales de Israel como Francia, Canadá y el Reino Unido, ha condenado la medida y advertido que podría acarrear sanciones para los colonos. Esta vez, se trata de la medida más amplia de este tipo desde los Acuerdos de Oslo de 1993.
Cisjordania es uno de los territorios claves que, junto a Jerusalén Este y la Franja de Gaza, constituyen el núcleo geográfico de un futuro Estado palestino. La expansión de asentamientos, en muchos casos sobre tierras ya habitadas o utilizadas por comunidades palestinas, segmenta el territorio y complica su gobernabilidad y continuidad geográfica.
Más de medio millón de colonos israelíes residen ya en Cisjordania, donde coexisten con aproximadamente 3 millones de palestinos. Organizaciones como la israelí Peace Now y diversas entidades de derechos humanos señalan que esta coexistencia forzada deriva en un sistema de privilegios legales y de seguridad para los colonos, mientras que los palestinos enfrentan restricciones en su movilidad, acceso a recursos y desarrollo urbano.
Impacto sobre la viabilidad del Estado palestino
El anuncio no deja lugar a ambigüedades: altos funcionarios israelíes admiten que la expansión busca frenar de forma estructural cualquier posibilidad de un Estado palestino soberano. Smotrich lo ha dicho con claridad a principios de este mes de mayo: la construcción de asentamientos “mata de facto” la posibilidad de una solución de dos Estados, y ha anticipado que Israel podría anexionar Cisjordania antes del final de la actual legislatura.
Este tipo de políticas no solo refuerzan el control territorial, sino que también redefinen el mapa político del futuro. La legalización de antiguos puestos de avanzada, el establecimiento de nuevos núcleos y el “retorno histórico” a zonas desmanteladas como Homesh y Sa-Nur, profundizan una ocupación que parece volverse permanente.
A pesar de la creciente presión internacional a favor del reconocimiento del Estado palestino —como ya han hecho países como España, Irlanda o Noruega— la respuesta ante este tipo de decisiones israelíes continúa siendo, en gran medida, simbólica. Las advertencias de posibles sanciones no han ido acompañadas de acciones concretas, y mientras tanto, sobre el terreno, los hechos avanzan.
Para los palestinos, esta nueva ola de asentamientos representa una amenaza existencial. Desde la Autoridad Nacional Palestina hasta el grupo terrorista Hamás, las voces sobre el tema de la ocupación han sido unánimes en calificar la expansión como una “escalada peligrosa” y un ataque directo a su proyecto nacional. Sin embargo, estas declaraciones contrastan con la debilidad política y operativa que enfrenta el liderazgo palestino, dividido entre Cisjordania y Gaza, y fragmentado por años de crisis internas.
El actual Gobierno israelí ha convertido los asentamientos en una herramienta estratégica que entrelaza seguridad, ideología y geopolítica, enviando un mensaje claro sobre la dirección de su política nacional: consolidar el control de facto sobre todo el territorio entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, incluso si eso implica renunciar a cualquier intento serio de negociaciones de paz.@mundiario