Guerra en el Líbano: Israel blinda el sur y aleja el retorno de centenares de civiles
La guerra en Oriente Próximo entra en una fase crítica ante la inminente ofensiva terrestre de Israel en el sur del Líbano. Las autoridades israelíes han anunciado que impedirán el regreso de cientos de miles de civiles desplazados hasta que el ejército considere neutralizada la amenaza de Hezbolá y garantizada la seguridad de las comunidades del norte israelí.
La decisión, defendida por el ministro de Defensa Israel Katz, ha intensificado el debate internacional sobre la naturaleza y los objetivos de la operación militar. Mientras Israel habla de una “campaña limitada” para destruir infraestructura militar, analistas y varios gobiernos occidentales advierten del riesgo de que el conflicto derive en una ocupación prolongada del territorio al sur del río Litani.
El gobierno encabezado por el primer ministro Benjamín Netanyahu sostiene que la ofensiva busca eliminar la capacidad militar de Hezbolá en la frontera norte de Israel.
Según el planteamiento israelí, las milicias respaldadas por Irán representan una amenaza constante para las poblaciones del norte del país, especialmente tras el lanzamiento de cohetes el pasado 2 de marzo que desencadenó la actual escalada. El Ejército israelí ha descrito las operaciones terrestres como “limitadas y selectivas”, dirigidas a destruir bases, túneles y depósitos de armas de la organización chií en localidades fronterizas.
Sin embargo, las declaraciones del ministro Israel Katz han ampliado el alcance político de la operación al afirmar que los civiles desplazados del sur libanés no podrán regresar hasta que Israel considere que la zona es segura.
El desplazamiento masivo de la población
Las consecuencias humanitarias de la ofensiva ya son significativas. Según las autoridades libanesas y organizaciones humanitarias, más de un millón de personas han abandonado sus hogares desde el inicio de la campaña militar.
Buena parte de los desplazados procede de localidades situadas al sur del río Litani, una franja que representa aproximadamente el 10 % del territorio de Líbano y que históricamente ha sido un bastión de Hezbolá. El Ministerio de Sanidad libanés ha informado de más de 850 muertos desde el comienzo de la ofensiva, incluidos niños y trabajadores sanitarios. Además, decenas de miles de personas se encuentran en refugios colectivos o en ciudades más al norte.
En el plano militar, los combates se concentran en localidades estratégicas cercanas a la frontera, como Jiam, Aita al Shaab o Aitaroun, donde se han registrado enfrentamientos directos entre tropas israelíes y milicianos de Hezbolá.
Estas zonas son consideradas claves por su proximidad a rutas logísticas que conectan el sur libanés con el valle de la Becá, región donde la organización mantiene depósitos de armas. La estrategia militar israelí también incluye intensos bombardeos aéreos sobre supuestas posiciones de la milicia, una táctica que recuerda a operaciones anteriores en la Franja de Gaza durante la guerra contra Hamás.
Las declaraciones de las autoridades israelíes han reavivado en Líbano el recuerdo de la ocupación israelí del sur del país entre 1982 y 2000.
Algunos sectores del gobierno israelí han planteado la creación de una “zona de seguridad” permanente en territorio libanés para impedir la presencia militar de Hezbolá cerca de la frontera. Este escenario genera inquietud entre la población desplazada, que teme que el retorno a sus hogares pueda retrasarse durante meses o incluso años si la campaña militar se prolonga.
Presión internacional para detener la ofensiva
La evolución del conflicto también ha generado reacciones diplomáticas. Canadá, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido han pedido públicamente que se evite una gran ofensiva terrestre israelí.
En una declaración conjunta, estos países advirtieron de que una operación militar a gran escala podría tener “consecuencias humanitarias devastadoras” y aumentar el riesgo de un conflicto prolongado en la región.
Los gobiernos occidentales han respaldado al mismo tiempo los esfuerzos del Estado libanés para limitar el poder militar de Hezbolá, pero han insistido en la necesidad de abrir una vía diplomática.
La escalada en Líbano se produce en un momento de gran tensión regional tras la guerra entre Israel e Irán y la implicación indirecta de actores aliados en todo Oriente Próximo. @mundiario