Irán ve en EE UU un enemigo que habla de paz y planifica ataques

El presidente del Parlamento iraní, Bagher Ghalibaf. / RR SS.
Teherán denuncia un doble discurso de Washington, que públicamente apela al diálogo mientras, según fuentes citadas por la prensa estadounidense, el Pentágono planifica operaciones terrestres prolongadas.

La desconfianza entre Irán y Estados Unidos alcanza un nuevo punto crítico en plena escalada regional. El presidente del Parlamento iraní, Bagher Ghalibaf, ha acusado abiertamente a Washington de actuar con una estrategia de doble cara: defender en público la negociación mientras, en la práctica, estaría preparando una intervención militar directa sobre territorio iraní.

Las declaraciones llegan tras la publicación de informaciones que apuntan a que el Pentágono contempla un escenario de operaciones terrestres sostenidas durante semanas. No se trataría de una invasión convencional, sino de incursiones selectivas en enclaves estratégicos, lo que, a ojos de Teherán, confirma sus sospechas de una ofensiva encubierta. La respuesta iraní no se ha hecho esperar: sus autoridades advierten de que cualquier presencia militar estadounidense será respondida con contundencia.

Mientras el pulso político se intensifica, la realidad sobre el terreno refleja una espiral de violencia difícil de contener. Durante la última madrugada, Irán e Israel han vuelto a intercambiar ataques, con bombardeos que han dejado al menos seis muertos en territorio iraní. La tensión no se limita a estos dos actores: varios países del Golfo, como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Baréin, han reportado el impacto o la interceptación de misiles y drones, lo que evidencia el riesgo de una expansión del conflicto a escala regional.

El frente libanés añade aún más incertidumbre. El ejército israelí ha confirmado la muerte de uno de sus soldados en combate, en un contexto de enfrentamientos crecientes que amenazan con abrir un nuevo escenario bélico en la frontera norte de Israel.

En medio de este clima de confrontación, la diplomacia trata de abrirse paso. Islamabad se ha convertido en el epicentro de los esfuerzos internacionales para frenar la escalada. Pakistán acoge una serie de reuniones de alto nivel con los ministros de Exteriores de Turquía, Egipto y Arabia Saudí, en un intento de articular una respuesta coordinada que permita rebajar la tensión.

Estas conversaciones llegan tras contactos directos entre el primer ministro paquistaní y el presidente iraní, en una señal de que los canales diplomáticos siguen abiertos, aunque bajo una enorme presión. Paralelamente, también se desarrollan intercambios a nivel militar, lo que revela la complejidad del momento y la necesidad de mantener comunicación incluso entre actores enfrentados.

Uno de los puntos clave sobre la mesa es el control del estrecho de Ormuz, una arteria vital para el comercio energético global. Turquía trabaja en propuestas que garanticen la seguridad de esta ruta marítima, considerada esencial para evitar un agravamiento de la crisis. La apertura y protección de este paso podría convertirse en una medida de confianza que facilite un eventual alto el fuego.

En este contexto, Estados Unidos ya ha trasladado a Irán un paquete de condiciones para poner fin al conflicto, que incluye exigencias como la limitación de su programa nuclear y de misiles, así como la normalización del tráfico en Ormuz. Sin embargo, Teherán ha considerado estas demandas desproporcionadas y ha respondido con sus propias propuestas, manteniendo el pulso negociador en un terreno aún incierto.

La situación, lejos de estabilizarse, dibuja un escenario de alta volatilidad en el que la retórica bélica y los movimientos militares conviven con intentos diplomáticos frágiles. El riesgo de un error de cálculo o de una escalada incontrolada sigue presente, mientras la comunidad internacional observa cómo se estrecha el margen para evitar un conflicto de mayor alcance. @mundiario