Georgia enfrenta unas elecciones cruciales entre la democracia y el autoritarismo
Georgia se encuentra en un momento decisivo de su historia política, a medida que se acercan las elecciones legislativas del 26 de octubre. Este pequeño país del Cáucaso, tradicionalmente en la encrucijada entre Europa y Rusia, está viviendo una intensa lucha interna entre el mantenimiento de un camino democrático hacia la integración europea y la amenaza de caer bajo un régimen autoritario con inclinaciones prorrusas. Salomé Zurabishvili, presidenta de Georgia, ha lanzado duras acusaciones contra el partido gobernante, Sueño Georgiano, denunciando intentos de fraude electoral y una creciente deriva autoritaria que ha provocado la congelación del proceso de adhesión del país a la Unión Europea.
Zurabishvili, cuyo cargo tiene muchas restricciones en el Poder Ejecutivo, ha utilizado su limitada influencia para oponerse a lo que considera un deterioro de las instituciones democráticas del país. En un reciente encuentro con expertos y periodistas en Tiflis, citado por El País, la presidenta afirmó que Sueño Georgiano ya ha perdido el apoyo popular, con solo un 30 % de respaldo en las encuestas. “Incluso con el ‘fraude habitual’, podrían alcanzar un 40 %, pero no más”, declaró, refiriéndose a prácticas irregulares que, según ella, son comunes en las elecciones del país.
La presidenta ha diferenciado entre el fraude electoral tradicional y los obstáculos creados para impedir el voto de la diáspora georgiana, un sector clave en las elecciones. A pesar de las denuncias, Zurabishvili se mostró optimista y confía en que una movilización masiva de jóvenes votantes pueda contrarrestar las prácticas fraudulentas. “La verdadera preocupación sería que intentaran robar las elecciones por completo, pero no creo que se atrevan, especialmente si hay una fuerte participación ciudadana”, afirmó.
El partido Sueño Georgiano, que ha estado en el poder desde 2012, ha sido acusado de colonizar las instituciones del Estado y aprobar leyes que restringen la actividad de la sociedad civil. Uno de los casos más emblemáticos es la ley de “agentes extranjeros”, que, inspirada en una legislación similar rusa, estigmatiza y permite la fiscalización restrictiva a organizaciones que reciben financiación extranjera. Zurabishvili, utilizando su poder de veto, logró bloquear temporalmente esta ley, pero el Parlamento finalmente la aprobó, lo que provocó un intento fallido de destituirla de su cargo.
Zurabishvili dice que el Gobierno es un “títere” de Rusia
Ante esta situación, cuatro partidos opositores con ideologías diversas han formado un frente común para frenar el avance autoritario. Zurabishvili, elegida como independiente en 2018 con el apoyo inicial de Sueño Georgiano, se ha distanciado del partido y ahora es vista como una figura clave en la resistencia democrática. Aunque su cargo tiene poderes limitados, se ha convertido en una especie de árbitro y guía para la oposición, buscando unificarla en torno a un objetivo común: mantener a Georgia en el camino hacia Europa.
Zurabishvili ha trabajado con estos partidos en la elaboración de una “Carta de Georgia”, un plan de acción que busca restaurar las reformas democráticas y derogar las leyes antieuropeas aprobadas recientemente. “La carta establece la amnistía para los arrestados durante las protestas de marzo y abril, y propone medidas urgentes para reformar el sistema judicial”, explicó la presidenta.
La mandataria también ha expresado su apoyo a la formación de un Gobierno técnico si la oposición logra la victoria. Según Zurabishvili, este tipo de Ejecutivo, compuesto por expertos sin afiliaciones políticas claras, ayudaría a despolarizar el país y restaurar la confianza en las instituciones. “En este momento, necesitamos un Ejecutivo que no esté vinculado a partidos políticos, ya que la población tiene una gran desconfianza en ellos”, señaló.
Sin embargo, el camino hacia una transición democrática no está garantizado. Existen dudas tanto en Georgia como en la Unión Europea sobre si Sueño Georgiano permitirá unas elecciones libres y justas, y si aceptará una eventual derrota. La influencia de Rusia en el partido gobernante, encabezado de facto por el magnate Bidzina Ivanishvili, es un tema de preocupación. Zurabishvili ha sido clara en sus advertencias sobre el control que Moscú ejerce sobre el actual Gobierno georgiano, describiéndolo como “un régimen títere” que sigue el modus operandi del Kremlin.
El papel de Zurabishvili en este momento crítico también es relevante por sus conexiones internacionales. La presidenta ha mantenido reuniones con líderes europeos, incluidos Emmanuel Macron y Charles Michel, en un esfuerzo por garantizar que Georgia no se desvíe de su camino hacia la integración europea. En este contexto, las elecciones del 26 de octubre no solo definirán el futuro político del país, sino también su orientación geopolítica en una región marcada por la creciente tensión entre las fuerzas democráticas y autoritarias. @mundiario