Europa fragmentada ante el dilema de Ucrania: unidad frágil, rearme y la sombra de EE UU
El apoyo a Kiev sigue siendo mayoritario en la UE, pero las diferencias sobre el gasto en defensa, la posibilidad de enviar tropas y el distanciamiento de Trump asoman fracturas que trascienden los debates nacionales.
Han pasado más de tres años desde que Vladímir Putin ordenara la invasión de Ucrania. Durante este tiempo, Europa ha destinado miles de millones de euros en ayuda militar y financiera a Kiev, manteniendo un consenso casi inquebrantable, excepto por la postura de Hungría y Eslovaquia, considerados aliados oficiosos del Kremlin dentro de la UE.
Sin embargo, el debate sobre el grado de respaldo al país invadido ha vuelto a abrirse debido a factores clave: el alejamiento de EE UU, las negociaciones para un posible alto el fuego, la discusión sobre el envío de tropas tras un acuerdo de paz y la necesidad de fortalecer la defensa europea ante la incertidumbre de la protección estadounidense con su paraguas nuclear cerrándose sobre los europeos.
Mientras que una mayoría de ciudadanos europeos sigue apoyando la ayuda económica y militar a Ucrania, según diversas encuestas, los planes de rearme y la posibilidad de enviar tropas generan fuertes divisiones en el continente. El Gobierno de los Países Bajos, por ejemplo, ha mostrado su rechazo a los planes de defensa europeos debido a la implicación de una deuda común. Alemania, por su parte, enfrenta una creciente polarización: aunque una mayoría respalda la asistencia militar, un tercio de la población se opone. Además, partidos como los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) y los poscomunistas de La Izquierda han conseguido avances electorales gracias a su postura crítica con la política exterior del gobierno.
El caso alemán refleja un patrón que se repite en otros países alejados del frente de batalla. Rusia ha cultivado durante años relaciones con sectores ultraconservadores occidentales, promoviendo valores tradicionales y su estilo de gobierno. Paralelamente, ha mantenido vínculos con los sectores de izquierda que mantuvieron vínculos con la Unión Soviética y movimientos anticolonialistas, y que ahora rechazan el militarismo y critican la estrategia de rearme de la UE. En España y Alemania, algunos de esos grupos políticos consideran que el apoyo militar a Ucrania es un acto belicista y promueven una solución diplomática con el Kremlin como alternativa.
Fragmentación en Italia y Francia
Italia ha sido uno de los escenarios donde la fragmentación política en torno a Ucrania ha quedado más expuesta. La votación en el Parlamento Europeo sobre el plan de rearme de la Comisión Europea evidenció divisiones tanto en el Gobierno de coalición conservador como en la oposición. Mientras que Hermanos de Italia, el partido ultraderechista de Giorgia Meloni, y los populares de Forza Italia votaron a favor, la Liga soberanista y euroescéptica de Matteo Salvini se opuso, alineándose con el resto de su grupo, los Patriotas por Europa (PfD) del primer ministro y ultranacionalista húngaro Viktor Orbán, y en el que se encuadra también los españoles de Vox. La oposición del italiano Partido Democrático (PD) tampoco logró unificar su voto porque sus eurodiputados votaron divididos, lo que refleja la incertidumbre en torno a la estrategia futura.
En Francia, el apoyo al plan de rearme europeo es mayoritario, pero también existen grietas. El presidente Emmanuel Macron y el primer ministro británico, Keir Starmer, han propuesto un plan para el despliegue de tropas de seguridad en Ucrania tras la guerra, con el fin de garantizar la estabilidad y evitar futuras agresiones rusas. Sin embargo, en la Asamblea Nacional francesa la resolución de respaldo a Ucrania solo obtuvo 288 votos a favor de un total de 474 diputados registrados. La extrema izquierda euroescéptica de La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon votó en contra, abogando por una solución diplomática, mientras que el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen optó por la abstención, manteniendo su postura euroescéptica y evitando el alineamiento total con la estrategia de defensa europea.
Polonia, firme ante Rusia, pero sin tropas en Ucrania
Polonia, uno de los principales aliados de Ucrania, mantiene un fuerte consenso sobre la necesidad de fortalecer su propia defensa. Con un gasto militar del 4,2 % del PIB, el país ha sido el que más ha invertido en su seguridad dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con planes de aumentar esta cifra al 4,7 %. Sin embargo, el Gobierno de Donald Tusk ha dejado claro que, aunque están dispuestos a brindar apoyo logístico a una coalición internacional liderada por París y Londres, no enviarán tropas a Ucrania. Según una encuesta de marzo, el 86,5 % de los polacos rechaza esta posibilidad, y la idea que sobrevuela la opinión pública polaca es que las tropas deben mantenerse en el país para custodiar las fronteras con Bielorrusia y el exclave ruso de Kaliningrado.
En los países bálticos y nórdicos, donde la amenaza rusa es percibida como una cuestión de supervivencia, el consenso en favor del rearme y la ayuda a Ucrania sigue siendo sólido. Finlandia, Suecia, Dinamarca, Estonia, Letonia y Lituania han incrementado su gasto militar por encima del 2 % del PIB y están alineados con las estrategias de la OTAN y la UE.
¿Hacia una Europa más militarizada o más dividida?
Uno de los factores que más inquieta a Europa es la posible reelección de Donald Trump en EE UU. Sus constantes ataques a la ayuda militar a Ucrania y sus acercamientos a Putin han sembrado dudas sobre el compromiso de Washington con la seguridad europea. La posibilidad de perder el paraguas protector del Pentágono. ha llevado a la UE a replantearse su autonomía estratégica, aunque las diferencias internas dificultan la construcción de una defensa común efectiva.
Mientras tanto, países como Hungría, con Orbán al frente, siguen obstaculizando las decisiones europeas en favor de Kiev. Sin embargo, la creciente popularidad de figuras opositoras, como Péter Magyar, que ha desafiado abiertamente a Orbán, podría modificar el panorama político húngaro en el futuro.
El debate sobre el apoyo a Ucrania ha evolucionado desde una unidad casi monolítica a una discusión cada vez más fragmentada. Aunque la asistencia financiera y militar sigue contando con respaldo mayoritario, las divergencias sobre el rearme y el posible envío de tropas han generado grietas en el bloque europeo. La incertidumbre sobre el compromiso de EE UU y el auge de partidos ultraconservadores y de extrema izquierda han añadido complejidad a la situación.
Europa enfrenta una encrucijada: avanzar hacia una defensa común y reforzar su autonomía estratégica o arriesgarse a que las divisiones internas debiliten su papel en el conflicto ucraniano y en la seguridad global. Con un panorama electoral incierto en EE UU y el crecimiento de fuerzas políticas que cuestionan la estrategia de apoyo a Kiev, el futuro del respaldo europeo a Ucrania está lejos de ser una cuestión cerrada. @mundiari