Europa acelera su defensa aérea: Dinamarca marca el tono y alerta de la guerra híbrida rusa
Europa se encuentra en una encrucijada histórica. El aumento de los incidentes con drones rusos en el flanco oriental ha empujado a la Unión Europea (UE) a intensificar el debate sobre su seguridad y a diseñar una estrategia común que refuerce su defensa aérea frente a la guerra híbrida de Moscú. En la cumbre informal celebrada en Copenhague, los líderes europeos dieron un paso adelante hacia la construcción de un “muro antidrones”, una propuesta que refleja el temor creciente de que las provocaciones rusas puedan escalar y poner a prueba la resiliencia del bloque.
La anfitriona de la cumbre, la primera ministra danesa Mette Frederiksen, lanzó un mensaje contundente al dejar claro que “Europa está siendo atacada en el marco de una guerra híbrida”. Sus palabras resonaron en un contexto marcado por incidentes recientes, como el cierre de seis aeropuertos en Dinamarca por incursiones de drones y la investigación sobre un petrolero ruso frente a la costa francesa vinculado a posibles sabotajes.
Frederiksen insistió en que Europa debe “rearmarse, innovar y adquirir más capacidades” para proteger su soberanía, subrayando que la amenaza no se limita a los países del Este, sino que tiene un alcance continental. La visión danesa, respaldada por varios socios del norte y el centro de Europa, plantea que la seguridad debe convertirse en un objetivo común, por encima de los intereses nacionales.
La propuesta estrella discutida en la cumbre fue la creación de un escudo continental antidrones, concebido como un sistema de protección integral frente a incursiones aéreas. Sin embargo, el plan aún carece de detalles técnicos y financieros. Alemania reclama soluciones más concretas y rápidas, mientras que países como Letonia aseguran que podría implementarse en apenas año y medio.
Tensiones entre el Este y el Sur
España e Italia han respaldado la idea, pero han advertido sobre la necesidad de un enfoque de Defensa 360º, que contemple también los retos en el flanco sur, como la inmigración irregular o las amenazas vinculadas a la inestabilidad en el Mediterráneo. El presidente español, Pedro Sánchez, ha defendido que proyectos de este tipo deben financiarse con fondos comunes europeos, una propuesta que genera debate en un momento de presión presupuestaria.
El avance de esta agenda refleja un cambio del centro de gravedad europeo hacia el Este, donde los países se sienten en primera línea frente a Rusia. El primer ministro finlandés, Petteri Orpo, recordó que durante dos décadas los países del norte han mostrado solidaridad financiera con el sur y que ahora “es el momento de que se demuestre solidaridad en materia de seguridad”.
Estas declaraciones evidencian la presión sobre España e Italia para aumentar su compromiso en defensa, especialmente ante la resistencia a superar el umbral del 2 % del PIB en gasto militar. Aunque Frederiksen evitó criticar directamente a Madrid y Roma, sí subrayó que sin un objetivo común Europa corre el riesgo de mostrarse dividida ante Moscú.
La dimensión financiera: activos rusos y apoyo a Ucrania
La seguridad europea no se limita al ámbito militar. La Comisión Europea ha planteado usar 140.000 millones de euros de activos rusos congelados para financiar a Ucrania, bajo la fórmula de un “préstamo de reparación” que solo se devolvería si Rusia asume los costes de reconstrucción. La medida busca aliviar la carga sobre los contribuyentes europeos, pero genera recelos en países como Bélgica y Francia, preocupados por la seguridad jurídica de tal decisión.
Mientras tanto, Kiev continúa su resistencia en el campo de batalla, cada vez más dependiente del apoyo europeo en un contexto de incertidumbre sobre la postura futura de EE UU bajo la administración de Donald Trump.
La cumbre de Copenhague confirma que Europa ha entrado en una nueva era de seguridad. La guerra de Ucrania y las incursiones híbridas de Rusia han puesto de relieve la vulnerabilidad del continente, acelerando la necesidad de proyectos como el muro antidrones.
Sin embargo, más allá de la tecnología y de la financiación, lo que está en juego es la unidad política de la UE. La capacidad de conjugar las demandas del Este con las prioridades del Sur determinará si Europa logra construir un sistema de defensa sólido o si sus divisiones internas ofrecen a Moscú la ventaja estratégica que busca.
La defensa aérea se convierte así no solo en un desafío militar, sino también en la prueba definitiva de cohesión europea. @mundiario