Diplomacia pragmática: ¿cómo Lee Jae-myung abordará las tensas relaciones de Corea del Norte?

Lee Jae-myung, presidente de Corea del Sur. / Daily Minjoo - Partido Demócrata de Corea
Frente a un entorno global volátil, el nuevo presidente surcoreano ha prometido reforzar alianzas y mantener la puerta abierta al diálogo con Pyongyang, sin ceder en cuestiones de seguridad.

La llegada del liberal Lee Jae-myung a la Presidencia de Corea del Sur marca el inicio de una etapa decisiva para el país. En su discurso inaugural, Lee alertó sobre los efectos de un nuevo orden mundial marcado por el proteccionismo, el desmembramiento de las cadenas globales de suministro y una creciente tensión entre potencias. “Estos cambios suponen una amenaza directa a nuestra supervivencia”, afirmó.

El mensaje de Lee no fue abstracto; aunque sin mencionarlo directamente, aludía al contexto geoeconómico relacionado con el impacto de los aranceles impuestos por el presidente estadounidense Donald Trump, que ahora afectan con fuerza a sectores clave de la economía surcoreana, como el acero y el aluminio. En este escenario, Lee optó por una estrategia de diplomacia pragmática, basada en intereses nacionales y en la cooperación tripartita con EE UU y Japón.

Uno de los temas más esperados de su alocución fue su posición respecto a Corea del Norte. Lee adoptó un tono dual: por un lado, prometió una política de “fuerte disuasión” ante cualquier provocación militar, apoyada en la sólida alianza militar con Estados Unidos. Por otro, aseguró que mantendría abierta la vía diplomática con Pyongyang para lograr una paz duradera en la península.

Este enfoque mixto busca equilibrar la necesidad de seguridad con la posibilidad —por ahora remota— de un deshielo con el régimen de Kim Jong-un, que desde 2019 ha cortado los canales de comunicación con Seúl. La alianza entre Corea del Norte y Rusia, en el contexto de la guerra en Ucrania, añade un grado más de complejidad: Moscú puede transferir tecnología militar avanzada a cambio del apoyo norcoreano en el conflicto.

Como contrapeso, Lee fue claro en su voluntad de reforzar el eje Seúl-Washington-Tokio. Desde EE UU, el secretario de Estado Marco Rubio felicitó al nuevo mandatario y subrayó la “alianza a prueba de hierro” entre ambos países. Japón, por su parte, expresó su deseo de concretar una cumbre bilateral cuanto antes, con la vista puesta en revitalizar los vínculos políticos y comerciales.

Estas señales son clave, considerando que las relaciones entre Corea del Sur y Japón han sido tensas en los últimos años debido a las posturas intransigentes en torno a las disputas históricas y las tensiones comerciales. La disposición de Lee a avanzar en esta relación trilateral apunta a una visión más realista de la política exterior a la que presentaba cuando era líder de la oposición frente a Yoon Suk Yeol. Esta vez, se fundamenta en la cooperación ante desafíos compartidos, como la seguridad regional y la estabilidad económica.

Un presidente forjado en la adversidad

Lee no es un político convencional. Su historia personal—una infancia marcada por la pobreza y una carrera forjada en la lucha contra la desigualdad— lo convierte en una figura singular en la política surcoreana. Su victoria se produjo en un momento crítico, luego de la destitución de su predecesor Suk Yeol tras la polémica imposición de ley marcial. En contraste, su juramento tuvo lugar en el Parlamento, el mismo recinto que debió escalar seis meses atrás para votar en contra del decreto.

En lo económico, Lee prometió una respuesta urgente al riesgo de recesión. Anunció la creación de un equipo de crisis y más gasto público para reactivar la economía. Con un crecimiento previsto de solo 0.8% para 2025, Corea del Sur enfrenta una tormenta perfecta: caída de la demanda interna, alza de aranceles estadounidenses y una inflación persistente.

Y es que la presidencia de Lee Jae-myung comienza con desafíos colosales, pero también con una narrativa coherente: la de un líder que no rehúye los conflictos, pero que apuesta por soluciones racionales y negociadas. Su nuevo enfoque busca combinar firmeza en seguridad, voluntad de diálogo regional y una economía abierta a reformas.

Sin embargo, su margen de maniobra será estrecho. Corea del Norte sigue cerrada al diálogo. Las presiones comerciales de EE UU podrían escalar, y los vínculos con Japón, aunque prometedores, están plagados de obstáculos históricos. Además, Lee deberá lidiar con una sociedad polarizada y una economía al borde del estancamiento. @mundiario