Dina Boluarte: la caída de la presidenta más impopular del Perú y el legado del aislamiento

Dina Boluarte, presidenta de Perú. / Presidencia del Perú

La primera mujer en ocupar la jefatura del Estado peruano cierra su mandato interino tras ser destituida por una moción de vacancia, después de dos años al frente del Gobierno en emergencia por el autogolpe de Castillo.

Dina Ercilia Boluarte Zegarra, nacida en Apurímac hace 63 años, pasará a la historia política del Perú no solo por haber sido la primera mujer en portar la banda presidencial, sino también por su estrepitosa impopularidad. Su Gobierno, iniciado el 7 de diciembre de 2022 tras la destitución de Pedro Castillo, nunca logró legitimidad social ni estabilidad política. Hoy, tras ser cesada por una moción de vacancia, deja el poder con niveles de rechazo inéditos: menos del 2 % de aprobación y un 0 % entre los jóvenes de 18 a 24 años, según encuestas recientes.

Su ascenso al poder fue, desde el primer momento, objeto de controversia. Boluarte se mantuvo como presidenta interina tras la moción de vacancia contra Castillo, en su intento de autogolpe de Estado, lo que fue percibido como una traición por los sectores populares y la izquierda andina que la habían respaldado como la vicepresidenta del Gobierno. A partir de entonces, su mandato estuvo marcado por la desconfianza, el aislamiento y una creciente distancia con el electorado que alguna vez creyó en su discurso de renovación política.

La represión de las protestas sociales que estallaron en los primeros meses de su gestión consolidó su separación de los movimientos de izquierdas. Las manifestaciones, en su mayoría encabezadas por comunidades campesinas e indígenas que exigían la restitución de Castillo pese a estar procesado por intentar disolver el Congreso para evitar una moción de vacancia en su contra, fueron respondidas con violencia por las fuerzas de seguridad, dejando más de medio centenar de muertos.

Su relación con la prensa y con la comunidad internacional tampoco ayudó a mejorar su imagen. Durante meses, evitó responder preguntas de los medios y llegó a mantener largos silencios institucionales, lo que aumentó la percepción de opacidad y falta de rendición de cuentas. En el plano diplomático, Boluarte protagonizó desencuentros con mandatarios como Gustavo Petro (Colombia) y Andrés Manuel López Obrador (México) y su sucesora Claudia Sheinbaum, quienes tomaron partido por Castillo, la acusaron de ilegitimidad y se negaron a reconocer plenamente su liderazgo. Estas tensiones aislaron al Perú en el escenario regional.

Baluarte, aislada en el Congreso

Las organizaciones feministas, que inicialmente celebraron la llegada de una mujer a la presidencia, se desmarcaron pronto de su Gobierno. A ello se sumaron los escándalos de índole personal que golpearon su ya deteriorada imagen pública. Las investigaciones sobre relojes de lujo, joyas, una rinoplastia y presuntos favores políticos a cambio de partidas presupuestales dañaron su credibilidad y la alejaron aún más de la ciudadanía.

En el terreno político, Boluarte mostró un instinto de supervivencia que le permitió resistir durante más de dos años, aliándose con sectores del fujimorismo y del conservadurismo parlamentario. Su respaldo al indulto del expresidente Alberto Fujimori y los homenajes tras su fallecimiento en 2024 evidenciaron esa cercanía. Sin embargo, ni siquiera esas alianzas tácticas lograron sostenerla frente al desgaste final. La inseguridad ciudadana, la descomposición institucional y el descrédito internacional precipitaron su salida.

Boluarte deja el poder sin haber cumplido las promesas que la llevaron a la presidencia. Su mandato quedará asociado a la represión, la indiferencia y la desconfianza. Con su destitución, el Perú cierra otro capítulo de inestabilidad política. Dina Boluarte se va como llegó: en medio de la crisis, con un país dividido y con la democracia peruana aún en busca de un liderazgo capaz de reconciliarla con su pueblo. @mundiario