Demoledor ataque de Estados Unidos a las instalaciones nucleares iraníes
Washington ha encendido la mecha de la incertidumbre internacional con un contundente ataque contra las instalaciones nucleares iraníes. En la noche del sábado –madrugada del domingo en Teherán–, el presidente Donald Trump ordenó el bombardeo de tres complejos estratégicos en la República Islámica: Fordo, Natanz e Isfahan, pulverizando más de cuatro décadas de contención en la compleja relación entre ambos países. De este modo, Donald Trump mete a Estados Unidos en la guerra, al sumarse a la campaña que Israel abrió contra Irán ocho días atrás.
El anuncio del ataque llegó, como tantas otras decisiones trascendentales de esta administración, a través de Truth, la red social del propio Trump. Horas después, en un breve discurso televisado desde la Casa Blanca, el mandatario calificó la operación como un “espectacular éxito militar” y aseguró que los objetivos habían sido destruidos.
Este giro en la política exterior de Trump supone un brusco viraje respecto a sus promesas de campaña, donde había proclamado su rechazo a nuevas aventuras bélicas. La acción amenaza con fracturar su propio movimiento MAGA (Make America Great Again), históricamente reacio a la ruptura del aislacionismo geopolítico. No obstante, el presidente ha vuelto a priorizar el músculo militar sobre el lema de "America First", con el que había intentado definir su doctrina internacional.
El contexto inmediato de esta ofensiva tiene en el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, un actor clave. Apenas hace unos días, el dirigente israelí ordenaba unilateralmente un ataque contra las capacidades de enriquecimiento de uranio iraní. Ahora, tras el respaldo de Washington, Netanyahu no dudó en alabar la decisión de Trump: “La historia recordará al presidente como quien actuó para negar al régimen más peligroso del mundo el arma más peligrosa del mundo”.
Voces críticas
La orden presidencial, emitida sin el consentimiento previo del Congreso, ha provocado duras críticas desde distintos frentes políticos. Figuras del propio Partido Republicano, como el representante Thomas Massie, han calificado el ataque de “inconstitucional”, sumándose a las voces demócratas que cuestionan la legalidad y oportunidad de la acción.
Sin embargo, la mayoría de congresistas republicanos ha cerrado filas con la Casa Blanca, haciendo suyos los postulados de la facción neoconservadora, históricamente partidaria de una política de mano dura en Oriente Próximo. Para muchos, este ataque representa la culminación de una vieja aspiración: golpear directamente el corazón del programa nuclear iraní.
El presidente de Estados Unidos dice que Teherán debe aceptar ahora la paz o habrá ataques futuros “mucho mayores”
En su intervención pública, Trump insistió en que el bombardeo no marca el inicio de una campaña militar prolongada, sino que pretende ser su desenlace. “O la paz, o la catástrofe”, advirtió al régimen de Teherán, apelando a la disuasión por la vía de la fuerza. En un discurso a la nación, dijo que Teherán debe aceptar ahora la paz o habrá ataques futuros “mucho mayores”. Según la Casa Blanca, “todos los aviones se encuentran ahora fuera del espacio aéreo iraní”.
Horas después del ataque estadounidense, Irán lanzó una nueva oleada de misiles contra objetivos israelíes, elevando aún más la tensión en la región. Con Oriente Próximo en vilo, la comunidad internacional observa con inquietud los próximos pasos de Teherán: ¿optará por una escalada bélica o buscará abrir la puerta a la negociación?
En medio de la incertidumbre, resuena la inquietante posibilidad de que este verano marque el inicio de una nueva crisis de dimensiones imprevisibles, en una región que aún no ha cerrado las heridas de conflictos pasados como la guerra de Irak. “No hay ejército en el mundo que podría haber hecho lo que hicimos esta noche”, proclamó Trump. Una afirmación que deja a la comunidad internacional pendiente de las respuestas que puedan llegar en las próximas decisivas horas. @mundiario