Petróleo, oro y amenazas: la disputa entre Hungría y Ucrania escala a niveles de una Guerra fría
La relación entre Hungría y Ucrania atraviesa uno de sus momentos más tensos desde el inicio de la guerra en Europa del Este. Lo que comenzó como una disputa por el funcionamiento del oleoducto Druzhba, clave para el suministro de petróleo ruso a Europa central, se ha transformado en una confrontación política, diplomática e incluso personal.
El primer ministro húngaro Viktor Orbán ha acusado públicamente a actores ucranianos de haber amenazado a su familia, mientras su gobierno decidió incautar un cargamento de dinero y oro perteneciente a una entidad financiera estatal ucraniana. Todo ello ocurre a pocas semanas de unas elecciones parlamentarias en Hungría que podrían poner fin a más de una década y media de poder del actual gobierno.
El detonante inmediato de la crisis es el estado del oleoducto Druzhba, una de las infraestructuras energéticas más importantes de Europa del Este. Este sistema transporta petróleo ruso hacia varios países europeos, entre ellos Hungría y Eslovaquia, que dependen en gran medida de ese suministro.
Kiev sostiene que el oleoducto sufrió daños durante ataques rusos con drones a principios de año y se niega a repararlo porque beneficiaría a la economía rusa en la guerra. Budapest y Bratislava, sin embargo, exigen su reapertura inmediata.
La disputa energética tiene implicaciones políticas evidentes. Hungría ha utilizado el conflicto para bloquear nuevamente las sanciones de la Unión Europea contra Rusia y oponerse a nuevas ayudas financieras para Ucrania.
Las amenazas a Orbán y la incautación de activos ucranianos
La tensión diplomática escaló cuando Viktor Orbán aseguró que su familia había sido objeto de amenazas vinculadas a la disputa.
El líder húngaro difundió un vídeo en el que hablaba con sus hijas por teléfono y afirmaba que los ucranianos no solo lo habían amenazado a él, sino también a sus familiares. Las declaraciones parecen responder a comentarios de Hrihoriy Omelchenko, un exfuncionario de seguridad ucraniano de los años 90, que, en una entrevista televisiva, sugirió que algunos vigilantes podrían perseguir al dirigente húngaro si no modificaba su postura anti-ucraniana.
Aunque Omelchenko es considerado desde hace tiempo una figura marginal dentro de la política ucraniana, el episodio ha sido utilizado por el gobierno de Budapest como evidencia de una escalada en la confrontación con Kiev.
La crisis se agravó aún más con una operación policial el 5 de marzo que provocó indignación en Kiev cuando un convoy de vehículos blindados pertenecientes al banco estatal ucraniano Oschadbank fue interceptado por fuerzas antiterroristas húngaras mientras transportaba decenas de millones de euros en efectivo y varios kilos de lingotes de oro desde Austria hacia Ucrania.
Las autoridades de Hungría alegaron sospechas de lavado de dinero y posibles vínculos con una supuesta “mafia de guerra ucraniana”. Siete empleados bancarios fueron detenidos y, según denuncias de Kiev, sometidos a interrogatorios agresivos antes de ser liberados y expulsados de vuelta a Ucrania
Acusaciones cruzadas y deterioro diplomático
Sin embargo, el dinero —valorado en unos 82 millones de dólares— y el oro permanecen bajo control de las autoridades húngaras mientras se investiga su origen y destino.
Ucrania ha calificado el acto como “terrorismo de Estado” y “bandidaje”, sugiriendo que Hungría usa el dinero como chantaje debido a las disputas previas sobre el tránsito de petróleo ruso. Kiev sostiene que se trataba de una transferencia rutinaria entre instituciones estatales, previamente notificada a las autoridades.
Debido a que los ucranianos compran más divisas extranjeras de las que venden mensualmente, los bancos necesitan importar dólares y euros físicos para mantener la liquidez en sus ventanillas. Antes de la invasión rusa, este efectivo solía llegar por avión. Al estar cerrado el espacio aéreo ucraniano, el transporte ahora se realiza exclusivamente por tierra a través de países vecinos... como Hungría.
El ministro de Exteriores ucraniano Andrii Sybiha calificó la incautación como un acto ilegal y acusó a Hungría de “tomar rehenes” y apropiarse de activos estatales. Desde Budapest, el ministro húngaro Péter Szijjártó respondió calificando esas acusaciones de “patéticas” y cuestionó por qué Ucrania transportaba grandes cantidades de dinero en efectivo a través de territorio húngaro.
La disputa se produce en un contexto político especialmente sensible. Hungría celebrará elecciones parlamentarias el 12 de abril, y por primera vez en años el partido de Orbán enfrenta un desafío serio. El principal rival del primer ministro es Péter Magyar, líder del partido Tisza, que según algunas encuestas podría superar al gobierno nacionalista.
En este contexto, la confrontación con Ucrania ha pasado a ocupar un lugar central en el discurso político del gobierno. Orbán ha presentado la elección como una decisión estratégica: mantener una postura neutral frente a la guerra o alinearse más claramente con Kiev. @mundiario