Rusia desoye los intentos de paz de EE UU y desata un aluvión de bombardeos sobre Kiev

Bombardeo ruso contra Kiev, Ucrania. / @ZelenskyyUa
Moscú ha lanzado uno de los bombardeos más intensos contra la capital ucraniana desde el inicio de la invasión, con un saldo de al menos 19 fallecidos, casi medio centenar de heridos y “ataques deliberados” a la sede de la UE.

El último ataque ruso contra la capital ucraniana confirma la falta de avances en las negociaciones de paz que impulsa Washington y refleja, en palabras de varias autoridades europeas, una respuesta directa a dichos intentos. La ofensiva, que combinó casi 600 drones con 31 misiles de distinto tipo, es descrita como una de las más destructivas desde febrero de 2022, no solo por el número de víctimas, sino también por los objetivos alcanzados. Entre los fallecidos se contabilizan al menos cuatro menores de edad, tres de ellos tenían 2, 14 y 17 años.

La magnitud del bombardeo se refleja en los datos ofrecidos por las autoridades ucranianas: cerca de 563 drones y 26 misiles habrían sido interceptados por la defensa aérea, mientras que otros alcanzaron zonas residenciales, escuelas y oficinas. En paralelo, unos 500 rescatistas y un millar de trabajadores de emergencia participan en las tareas de búsqueda de sobrevivientes entre los escombros, en una operación que se mantiene en curso y se adelanta que puede revelar más fallecidos.

Uno de los hechos más destacados es el daño ocasionado a la delegación de la Unión Europea en Kiev, situada cerca de las oficinas del British Council, también atacado. Dos misiles impactaron a menos de 50 metros de la sede diplomática, en un intervalo de apenas 20 segundos, según detalló Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Aunque no se registraron víctimas entre el personal, Bruselas calificó lo ocurrido como un “ataque deliberado” contra una misión diplomática.

Las reacciones europeas han sido contundentes. Von der Leyen aseguró que el ataque constituye un “sombrío recordatorio” de la voluntad de Moscú de aterrorizar a Ucrania y adelantó que se prepara un nuevo paquete de sanciones, el decimonoveno desde el inicio de la guerra. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, subrayó que “la UE no se intimidará” y que el episodio refuerza la determinación de los Veintisiete de respaldar a Ucrania. A su vez, la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, recalcó que “ninguna misión diplomática debería ser nunca objeto de ataque” y convocó al encargado de negocios ruso en Bruselas.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, vinculó de manera directa la ofensiva con los esfuerzos diplomáticos en marcha. En un mensaje publicado en sus redes sociales, señaló que Rusia “elige los misiles balísticos en lugar de la mesa de negociaciones” y acusó al Kremlin de “aprovecharse de la pasividad de parte de la comunidad internacional”. Además, instó a los aliados a aplicar sanciones más severas y pidió una respuesta explícita de países como China y Hungría, aliados de Moscú en distintos grados.

Desde Londres, el primer ministro Keir Starmer confirmó los daños en el edificio del British Council y expresó que el ataque socava “de manera evidente” los intentos de paz. La respuesta británica se suma a la europea, en un contexto en el que tanto Bruselas como Washington exploran fórmulas de garantías de seguridad para Ucrania en caso de alcanzar un eventual acuerdo con Moscú.

El ataque también tiene un componente estratégico: al golpear sedes europeas y británicas, Moscú envía un mensaje implícito sobre sus amenazas contra cualquier despliegue de tropas europeas en suelo ucraniano como garantía de seguridad para disuadir nuevas agresiones rusas. Para los analistas, esta dimensión política es tan significativa como la militar, pues evidencia la negativa rusa a aceptar planes de seguridad colectiva que refuercen a Kiev.

La ofensiva, por tanto, no solo se inscribe en la escalada bélica sobre la capital ucraniana, sino también en el pulso diplomático que mantiene Rusia frente a Occidente. Las imágenes de destrucción en Kiev y las declaraciones de líderes europeos y ucranianos reflejan que la brecha entre el discurso de paz y la realidad militar sigue siendo amplia a pesar de los esfuerzos de Washington, que se rehúsa ha ejercer mayor presión sobre el Kremlin para alcanzar un alto el fuego. @mundiario