La ambiciosa ley fiscal de Trump: una apuesta arriesgada para las finanzas de EE UU

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. / RR SS.
El paquete legislativo, que aún debe ser aprobado por el Senado, combina recortes de impuestos y cambios en el gasto social que plantean interrogantes sobre su viabilidad y repercusiones en la deuda nacional.

La Cámara de Representantes de EE UU ha aprobado este jueves una ambiciosa ley de reforma fiscal impulsada por los republicanos e impulsada por el presidente Donald Trump. El paquete legislativo, que abarca más de mil páginas y será votada en el Senado, busca consolidar su visión económica para un segundo mandato, combinando recortes de impuestos, recortes en el gasto social y mayores inversiones en defensa y control migratorio. Sin embargo, su impacto en la deuda nacional y las finanzas públicas estadounidenses genera inquietudes que vale la pena analizar con detalle.

La legislación, apodada por los propios republicanos como "Una gran y hermosa ley” (One Big Beautiful Bill Act), consolida varias de las promesas económicas de la campaña electoral del magnate en 2024, incluyendo la ampliación y permanencia de sus recortes fiscales de 2017. 

El paquete fiscal presenta varios puntos clave que destacan por su impacto en individuos y empresas. Por ejemplo, se propone una reducción de impuestos que incluye la exención fiscal a propinas, horas extra y ciertos intereses de préstamos automotrices, aplicable de manera temporal hasta 2028.  Además, se incrementan las deducciones estándar, otorgando 1.000 dólares adicionales para individuos y 2.000 para parejas. También se contempla un aumento temporal del crédito tributario por hijos, que se eleva hasta los 2.500 dólares. 

Para las empresas, se ofrecen beneficios fiscales significativos, como la deducción del 23 % de ingresos para pequeñas empresas y la posibilidad de deducir inmediatamente los costes de investigación y desarrollo (I+D) y de equipo. 

Asimismo, se eleva el umbral del impuesto a herencias a 15 millones de dólares, ajustable por inflación, y se incrementa el límite de deducción por impuestos estatales y locales (SALT) a 40.000 para rentas inferiores a 500,000. Estos cambios buscan fomentar el crecimiento económico y aliviar la carga fiscal sobre los contribuyentes.

Por otro lado, la ley también incluye cambios significativos en el gasto social que merecen atención. Se establecen requisitos de trabajo más estrictos para los beneficiarios de Medicaid y SNAP (cupones de alimentos), lo que afectará especialmente a adultos sin dependientes y a padres con hijos mayores de 7 años. Además, se prevén reducciones presupuestarias en Medicaid que podrían alcanzar cerca de 700 mil millones, según estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO).

Otro aspecto controvertido es la prohibición de financiamiento a la organización de salud reproductiva Planned Parenthood a través de Medicaid, lo que genera preocupaciones sobre sus implicaciones en la salud preventiva.

Además, se introducen medidas de seguridad y defensa que incluyen 46.5 mil millones de dólares para la construcción del muro fronterizo, así como fondos destinados a deportar hasta 1 millón de inmigrantes al año. También se contemplan inversiones en el escudo antimisiles "Cúpula Dorada" y otras prioridades militares para la Administración Trump, lo que totaliza casi 150 mil millones en nuevo gasto de defensa. Estos cambios reflejan un enfoque dual en la política fiscal, que busca tanto la reducción de impuestos como la reestructuración del gasto social y militar.

Impacto sobre la deuda pública

De hecho, uno de los elementos más sensibles de la ley es su impacto en el déficit público. La propia CBO estima que el paquete añadirá alrededor de 2.4 billones de dólares a la deuda federal durante la próxima década. Aunque la intención declarada es estimular el crecimiento económico, los beneficios potenciales podrían verse opacados por el incremento en los costes de financiamiento del Gobierno.

La reacción de los mercados fue inmediata: el rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años superó momentáneamente el 5.15 %, el nivel más alto en casi dos décadas. Esto refleja la percepción de los inversionistas de un mayor riesgo crediticio o, al menos, la necesidad de mayores rendimientos para seguir financiando al Tesoro estadounidense.

Este aumento en los rendimientos tiene implicaciones directas para los consumidores: hipotecas, préstamos automotrices y tarjetas de crédito podrían volverse más costosos, afectando al consumo y la inversión privada.

Además, el aumento de la carga de intereses ya es evidente. En el último año fiscal, durante la administración de Joe Biden, el Gobierno federal gastó 881 mil millones de dólares solo en intereses de la deuda, una cifra superior a la destinada a defensa o a Medicare. A medida que los intereses aumentan, absorben una proporción mayor del presupuesto, lo que limita el margen para otras políticas públicas y puede generar un ciclo de endeudamiento más difícil de controlar.

¿Estímulo o riesgo fiscal?

Desde una óptica favorable, los defensores de la ley sostienen que estos recortes impulsarán el crecimiento económico, el empleo y la competitividad empresarial. También destacan que ciertas medidas, como el impulso a la inversión en I+D y la expansión de la capacidad industrial, pueden tener efectos positivos a largo plazo.

Sin embargo, los críticos apuntan que gran parte de los beneficios fiscales se concentran en los sectores de mayores ingresos, mientras que los recortes sociales podrían afectar a los grupos más vulnerables. Asimismo, las medidas temporales —como la exención de impuestos a propinas o el aumento del crédito por hijos— podrían crear incertidumbre si no se renuevan.

Desde un punto de vista técnico, el incremento proyectado en la deuda federal no es trivial. Aunque EE UU goza de un estatus privilegiado al emitir la principal moneda de reserva del mundo, la sostenibilidad fiscal depende, en última instancia, de la confianza de los inversionistas y de la capacidad del país para mantener un equilibrio entre ingresos y gastos públicos. Sin embargo, la volatilidad de la Administración Trump ha alterado lo que era una constante en EE UU.

La nueva ley fiscal de Trump representa una visión económica coherente con su enfoque: reducción de impuestos, limitación del gasto social e impulso al aparato militar. Pero también marca una nueva etapa de presión sobre las finanzas públicas estadounidenses. El reto no solo será político —lograr su aprobación definitiva en el Senado—, sino económico: comprobar si este ambicioso paquete logra estimular la economía sin agravar de forma estructural la sostenibilidad de la deuda federal. Una apuesta fiscal audaz, con beneficios inciertos y riesgos tangibles. @mundiario