Alemania toma la iniciativa en Occidente: luz verde a los misiles de largo alcance para Ucrania
Por primera vez desde el inicio de la invasión a gran escala en Ucrania, un país europeo —Alemania— asume abiertamente el liderazgo político en la alianza occidental y autoriza el uso sin restricciones de armamento de largo alcance por parte de Kiev. El anuncio del canciller Friedrich Merz, realizado este lunes en un foro retransmitido por la televisión pública WDR, tiene implicaciones militares y estratégicas de primer orden: Ucrania ya no está limitada a responder únicamente dentro de sus fronteras. Podrá golpear directamente instalaciones militares en territorio ruso con misiles de fabricación occidental sin ninguna restricción, una línea roja tácita que hasta ahora la OTAN había evitado cruzar.
“Ya no existen restricciones sobre el alcance de las armas suministradas a Ucrania, ni por parte del Reino Unido, ni de Francia, ni de Estados Unidos”, afirmó Merz. Alemania, que hasta hace poco se mostraba cauteloso a este tipo de medidas, se alinea así con las posiciones más decididas de Londres y París, y asume un papel más activo que el de Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump sigue apostando por el diálogo, sin imponer sanciones nuevas ni presionar a Moscú.
Hasta finales de 2024, los misiles como los ATACMS (EE UU), Storm Shadow (Reino Unido) y SCALP (Francia) solo podían utilizarse contra tropas rusas en suelo ucraniano ocupado. Incluso cuando Washington comenzó a relajar sus restricciones durante los últimos meses de Joe Biden en la Casa Blanca, lo hizo de forma parcial, limitando su uso a objetivos cercanos a la frontera. El gesto de Berlín va más allá: no impone condiciones operativas, ni exige discreción.
Merz explicó que esta decisión "cambiará fundamentalmente cómo Ucrania lucha esta guerra", y defendió que "un país que solo puede defenderse en su propio territorio no puede defenderse adecuadamente". Para el canciller, lo importante es que Ucrania siga evitando los ataques a civiles —como sí hace Rusia, según denunció— y mantenga su respuesta centrada en infraestructura militar.
¿Un giro frente a la inacción estadounidense?
Este movimiento de Berlín contrasta con la ambigüedad estratégica de Donald Trump, que ha evitado presionar al Kremlin pese a las recientes oleadas de ataques masivos contra civiles ucranianos. Mientras el Kremlin bombardea ciudades con misiles Kh-101 y drones, causando decenas de muertos, la Casa Blanca se aferra a la idea de que cualquier aumento de la presión podría hacer que Rusia se levante de la mesa de negociaciones.
Merz, en cambio, fue claro: “nadie puede ahora reprocharnos que no hemos agotado todas las vías diplomáticas”. Su Gobierno ha optado por dejar de comunicar públicamente los detalles de futuras entregas de armamento, como parte de una estrategia de guerra más calculada. "Negar al agresor cualquier ventaja" es el objetivo, según las fuentes oficiales.
Para Moscú, permitir que Ucrania ataque su territorio con armamento occidental supone un paso que podría, según Putin, “cambiar la naturaleza del conflicto”. Sin embargo, en la práctica, Rusia ha escalado unilateralmente el uso de fuerza con ataques cada vez más destructivos y sin distinción clara entre objetivos militares y civiles. Solo en los últimos días, las tropas rusas han destruido viviendas, hospitales e infraestructura energética en al menos 13 regiones ucranianas.
El contraste entre la retórica rusa —que insiste en que atacar territorio ruso sería una provocación inaceptable— y su comportamiento sobre el terreno es cada vez más evidente. Las acciones del Kremlin parecen estar diseñadas para maximizar el coste humano y psicológico del conflicto, mientras instrumentaliza el miedo occidental a una escalada mayor.
En respuesta a las declaraciones del canciller alemán, el Kremlin calificó la decisión de “peligrosa” y dijo que sería perjudicial para alcanzar cualquier tipo de acuerdo de paz. "Si realmente se tomaron estas decisiones, están completamente en desacuerdo con nuestras aspiraciones de un acuerdo político", dijo el portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov.
Implicaciones para la guerra y para Europa
Alemania, al levantar sus propias restricciones, también ha facilitado que otros aliados hagan lo mismo. En términos políticos, el anuncio de Merz es un intento de asumir el liderazgo que durante años recayó en Washington, ahora más enfocado en contener los riesgos que en actuar con determinación.
La pregunta clave es si esta nueva política convertirá a Ucrania en un actor con verdadera capacidad disuasiva, o si generará una nueva fase de estancamiento militar ante la falta de presión hacia Moscú. Lo que parece claro es que la contención unilateral occidental ya no es la norma.
En un conflicto que se ha estancado territorialmente, la capacidad de golpear en profundidad puede ofrecer a Ucrania una ventaja táctica sin precedentes, elevando el coste que debe asumir el Kremlin para mantener su estrategia de desgaste. Sin embargo, esto también podría dar pie a respuestas más agresivas por parte de un Kremlin que no se sienta lo suficientemente presionado para negociar. @mundiario