Clasificación del GP de Las Vegas: la rabia de Leclerc expone el peor SF-25

Charles Leclerc. / @scuderiaferrari
Caos, lluvia y frustración: la ecuderia italiana se hunde y el monegasco estalla en Nevada.

Ferrari volvió a tropezar con el mismo fantasma que lo persigue desde hace años: la incapacidad de responder cuando las circunstancias se alejan del manual. En Las Vegas, donde la lluvia transformó el asfalto en una trampa deslizante, la Scuderia quedó borrada de la lucha. Lewis Hamilton, sin ritmo ni sensaciones, terminó último, abatido por unos neumáticos que jamás entraron en temperatura. Y Charles Leclerc, el clasificador por excelencia de la era híbrida, terminó desquiciado con un coche incapaz de darle el mínimo agarre.

El monegasco, que suele reinventarse incluso en escenarios hostiles, terminó a casi dos segundos de la pole de Norris. Su frustración quedó expuesta en la radio con una crudeza pocas veces escuchada. "Es jodidamente vergonzoso", sentenció al ver cómo el SF-25 patinaba sin remedio. La impotencia se abrió paso cuando ni siquiera su habitual precisión pudo rescatar una vuelta competitiva. El coche, simplemente, no estaba ahí. Y Ferrari, otra vez, tampoco.

No era solo cuestión del clima, sino de un mal endémico que Leclerc arrastra desde su llegada. El propio piloto lo reconoció con una sinceridad que duele en Maranello: "Siempre sufrimos enormemente tratando de encontrar grip en estas condiciones". Lo que en tiempos permitió a Alonso conquistar carreras heroicas en Malasia o Corea, ahora convierte cada sesión húmeda en una pesadilla. La Scuderia, antaño temible en escenarios cambiantes, hoy sobrevive como puede.

El pasado cercano golpea con fuerza. En 2023, Ferrari monopolizó la primera fila en Las Vegas; en 2024, Sainz y Leclerc mostraron un ritmo competitivo que invitaba al optimismo. Este 2025, en cambio, se ha desvanecido como un espejismo. El SF-25 no ha respondido ni una sola vez a las expectativas y sus destellos en Hungría o en el extraño sprint de China parecen ya accidentes estadísticos. Leclerc lo resumió con un lamento lapidario: "Este SF-25 no es un coche que recordaré".

La clasificación en Nevada confirmó lo que se intuía desde el principio del curso: Ferrari transita por un laberinto sin salida. Con un Hamilton desfondado y un Leclerc al límite de la paciencia, la Scuderia necesita más que un cambio de rumbo: necesita una revolución que le devuelva el orgullo perdido. Porque, en una pista donde se puede adelantar, pero no hacer milagros, lo único claro es que Ferrari ya no compite contra Red Bull o McLaren… sino contra sus propios fantasmas. @mundiario