¿Tiene cartas Puigdemont para jugar tan fuerte?

Habla desde la perspectiva de la nación –catalana–, no del partido, y busca un "acuerdo histórico" en lugar de soluciones a corto plazo. Su plan puede cambiar la dinámica de las negociaciones para la investidura. De momento, hay partida.
Una pancarta con la imagen de Carles Puigdemont en una manifestación independentista. / Pixabay
Una pancarta con la imagen de Carles Puigdemont en una manifestación independentista. / Pixabay

El entorno de Carles Puigdemont filtra de forma inequívoca que o se aceptan sus condiciones –negociadas– para hablar y pactar o habrá elecciones generales de nuevo. Parece que no hay término medio ni matices, ya que Puigdemont ve una oportunidad –puede que histórica desde su perspectiva– para avanzar sustancialmente en el logro de sus objetivos políticos. Es lo que le mueve a apostar al todo o nada.

¿Se mantendrá en esa posición al abrirse las negociaciones para la investidura? ¿Se cree todo lo que dice o es una simple estrategia política para empezar la negociación pisando fuerte?

Es más, ¿tendrá impacto este planteamiento maximalista en la posición de algunos diputados, en el marco del próximo debate de investidura? En definitiva, muchos interrogantes e incertidumbres para los próximos días y semanas.

Según Pilar Rahola, una comentarista que no está precisamente alejada de las posiciones independentistas de Puigdemont, éste no pondrá nada sobre la mesa hasta que no se hayan producido las condiciones previas de manera contrastable: y en el caso de la amnistía, esto quiere decir que el PSOE debe presentar una iniciativa legislativa de amnistía en el Congreso a corto plazo.

En un artículo de opinión escrito para El Periódico de Catalunya, Rahola argumenta que en momentos excepcionales como este, los verdaderos líderes emergen como estadistas, y Puigdemont ha optado por este enfoque en lugar de actuar meramente como líder de un partido, en su caso Junts. La autora señala que la diferencia clave entre un líder y un estadista es la perspectiva desde la que operan. Puigdemont habla desde la perspectiva de la nación –catalana–, no del partido, y busca un "acuerdo histórico" en lugar de soluciones a corto plazo. Esto cambia la dinámica de las negociaciones y las convierte en eventos trascendentales.

Puigdemont sostiene que es necesario un principio de reconocimiento mutuo antes de que las negociaciones puedan comenzar, lo que implica sacar el conflicto catalán de los tribunales y devolverlo al ámbito político. Pero dar ese paso requeriría una amnistía como condición previa para las conversaciones, lo cual no parece tarea fácil. Otro punto crucial es la demanda de Puigdemont de que el Gobierno de Pedro Sánchez anule una directiva de inteligencia que descalifica al independentismo.

¿Tendrá cartas Puigdemont para apostar tan fuerte? De momento, parece que las exigencias del expresidente catalán aprietan, pero no ahogan a la izquierda gobernante.  @mundiario

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