Maduro le tiene miedo a las elecciones
La esperanza efímera que se alzó hace tan solo dos semanas en Venezuela se ha desvanecido, aplastada por el descarado poder del chavismo. A través de su férreo control de los órganos judiciales, el Gobierno de Nicolás Maduro ha emitido una orden para desmantelar los efectos de las elecciones primarias de la oposición, pisoteando así cualquier atisbo de progreso democrático.
El golpe a la victoria contundente de María Corina Machado, respaldada por más del 90% de los votos, y respaldada por una movilización de más de dos millones de venezolanos dentro y fuera del país, envía un mensaje claro y desolador: la democracia sigue siendo una quimera en el paisaje político venezolano.
Resulta inquietante observar cómo, apenas días antes, el régimen se había comprometido en Barbados a permitir las primarias sin interferencias, en un intento por calmar las tensiones. Sin embargo, la realidad se ha impuesto una vez más, revelando el verdadero rostro del chavismo: un régimen que coquetea con la democracia en público mientras socava sus cimientos en privado. La suspensión de las sanciones por parte de Estados Unidos, vinculada a la promesa de garantizar un proceso electoral transparente, se ha visto vapuleada y deshonrada por las acciones desmedidas del Gobierno venezolano.
No se puede ignorar la importancia de la apertura de Washington hacia el régimen, que se había condicionado a gestos democráticos concretos. La suspensión temporal de sanciones al petróleo, el gas y el oro venezolanos representaba un alivio momentáneo para una economía asfixiada por la opresión. Sin embargo, la promesa incumplida de respetar las primarias de la oposición ha desatado una espiral de represalias y retrocesos.
Respuesta vengativa y despiadada del chavismo
La celebración de las primarias de la oposición, a pesar de sus desafíos logísticos y operativos, se erigió como un símbolo de la resistencia ciudadana, desafiando las expectativas tanto del Gobierno como de los propios organizadores. La participación masiva demostró que la sociedad venezolana, aparentemente desconectada de la política y agobiada por la crisis económica, aún alberga una voluntad inquebrantable de luchar por la justicia y la democracia.
Lamentablemente, la respuesta vengativa y despiadada del chavismo no se hizo esperar. La Fiscalía abrió una investigación infundada contra los organizadores, acusándolos de delitos fabricados, mientras que el Tribunal Supremo, controlado por el régimen, dictaminó la suspensión del proceso y sus efectos, en un intento flagrante de sofocar cualquier avance democrático.
Estas maniobras no solo desacreditan al Gobierno de Maduro, sino que también arrojan dudas sobre la posibilidad real de que Venezuela pueda recuperar su senda hacia la democracia después de años y años de opresión chavista. Nicolás Maduro, en este punto crucial de la historia del país, tiene la oportunidad de redimirse y demostrar un compromiso genuino con la democracia, respetando el derecho fundamental de la oposición a elegir libremente a sus candidatos.
El camino hacia unas elecciones legítimas en 2024 depende en gran medida de la voluntad política y la integridad del Gobierno, que debe tomar decisiones fundamentales en beneficio del pueblo venezolano y de su anhelo de libertad y justicia. Pero por lo que se ve Maduro le tiene miedo a las elecciones. @mundiario