La UE advierte a Trump: una guerra comercial pone en riesgo el gasto en defensa

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo. / Consejo Europeo
Bruselas insiste en que los aranceles minan la estabilidad económica necesaria para aumentar la inversión militar, mientras se hace claro que el presidente de EE UU ve a Europa más como rival económico que como aliado estratégico.

La Unión Europea ha llegado al G7 en Canadá con un mensaje claro para el presidente Donald Trump: si desea que Europa incremente su gasto en defensa, debe frenar su ofensiva comercial. Según los líderes europeos, una guerra arancelaria con Estados Unidos socavaría directamente la estabilidad económica necesaria para cumplir con las exigencias en materia de seguridad.

Durante una rueda de prensa conjunta, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y presidente del Consejo Europeo, António Costa, instaron a Trump a evitar medidas proteccionistas. Ambos subrayaron que las tensiones comerciales no sólo dañan el crecimiento económico, sino que también dificultan que los países europeos puedan responder al aumento del gasto militar que reclama Estados Unidos.

La paradoja es casi obscena: Trump exige a sus aliados de la OTAN que inviertan hasta un 5 % de su PIB en defensa —un porcentaje que incluso Washington no ha logrado alcanzar—, al mismo tiempo que amenaza con imponer aranceles del 50 % a productos europeos si no se llega a un nuevo acuerdo comercial antes del 9 de julio.

Para Costa, esta dinámica contradice el principio básico de cooperación entre aliados. “No es el momento de crear incertidumbre económica”, afirmó. “Necesitamos reforzar nuestra base económica para asumir mayores responsabilidades en defensa.” Von der Leyen añadió que el G7 debía enviar un mensaje claro a los mercados: evitar el proteccionismo es esencial para restaurar la previsibilidad económica.

Una relación reinterpretada

El trasfondo de este conflicto no es únicamente técnico, sino ideológico. Trump no ve la relación transatlántica como una asociación de beneficio mutuo, sino como un terreno de competencia. Su visión de “America First” transforma a los antiguos socios estratégicos en rivales económicos. Según esta noción, la Unión Europea, y particularmente países como Alemania, se han beneficiado durante décadas de un comercio supuestamente injusto a costa de Estados Unidos.

En este marco, los déficits comerciales se perciben como señales de abuso, y las respuestas no pasan por el diálogo estructural, sino por la imposición unilateral de aranceles. Trump ha llegado incluso a justificar estos impuestos por motivos de seguridad nacional, extendiéndolos a sectores clave como el acero, los automóviles o los semiconductores.

Trump ha dejado claro que ya no considera que la seguridad de Estados Unidos y la de Europa sean indivisibles. Esta ruptura con la doctrina que ha guiado la política exterior estadounidense desde la II Guerra Mundial se refleja en declaraciones recientes en las que sugiere que la defensa de países como Canadá o Ucrania no es una prioridad estadounidense —a menos que se alineen aún más con los intereses de Washington.

En consecuencia, para Bruselas, mantener una alianza funcional con Estados Unidos exige no solo cumplir con los compromisos de defensa, sino garantizar que las bases económicas que permiten ese gasto no sean erosionadas por políticas comerciales hostiles.

La urgencia de un nuevo equilibrio

La UE continúa apostando por un acuerdo con Estados Unidos que estabilice el comercio transatlántico y permita un reparto más equilibrado de las cargas en seguridad. Los líderes europeos propusieron elevar su gasto en defensa hasta el 3,5%, más otro 1,5% en infraestructuras estratégicas. Pero este esfuerzo se ve comprometido si las economías nacionales deben lidiar con nuevas barreras comerciales impuestas por su principal aliado.

La negociación en curso se enfrenta a una fecha límite acompleta disposición del estadounidense. Si no se alcanza un principio de acuerdo antes del 9 de julio, la aplicación automática de nuevos aranceles podría escalar el conflicto económico justo cuando la cooperación transatlántica es más necesaria.

En este contexto, la cumbre del G7 se convierte en algo más que un foro diplomático: es un espacio donde se redefine el equilibrio entre competencia y cooperación entre dos pilares históricos del orden internacional. El resultado podría marcar el rumbo de la seguridad y la economía global en los próximos años. @mundiario