La UE activa su plan B: aranceles millonarios como respuesta preventiva a Trump
En la recta final de las negociaciones para cerrar un nuevo acuerdo que evite la guerra comercial con EE UU, la Unión Europea ha optado por no fiarlo todo a la buena voluntad del presidente estadounidense, Donald Trump. Aunque las conversaciones parecen encaminadas a un entendimiento, Bruselas ha aprobado de forma preventiva un plan de aranceles que podría golpear a productos icónicos norteamericanos por valor de 93.000 millones de euros. Una medida que no busca escalar el conflicto, sino dotar a la UE de un seguro frente a una posible marcha atrás Trump, cuya política comercial ha demostrado ser tan volátil como imprevisible.
La decisión europea, avalada por mayoría calificada entre los Estados miembros y publicada ya en el Diario Oficial de la UE, no constituye una ofensiva comercial en toda regla. El objetivo no es iniciar una guerra de aranceles, sino equilibrar un tablero desigual. Actualmente, EE UU aplica aranceles adicionales que afectan a productos europeos por un valor equivalente al 70 % de las importaciones comunitarias. Frente a ello, la respuesta europea afectaría solo al 27 % de lo que llega desde el otro lado del Atlántico.
Este enfoque revela la voluntad de Bruselas de mantenerse en el terreno del diálogo, aunque con reservas estratégicas por si Washington decide romper unilateralmente el entendimiento. “No voy a entrar en detalles del plan de contactos”, aseguró el portavoz comercial de la Comisión Europea, Olof Gill, dejando entrever la complejidad de unas negociaciones, al inicio aparentemente estériles y tirantes, donde cada palabra cuenta.
El tono general entre los diplomáticos europeos ha mejorado desde que el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, informara el miércoles de los avances tras su conversación con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick. Aun así, nadie en Bruselas se permite el lujo de confiarse. La experiencia acumulada con Trump, tanto en su anterior mandato como el actual con acciones más avezadas comunicadas de manera impredecible desde Truth Social —la red social que controla personalmente—, ha llevado a los líderes europeos a mantener activadas las defensas.
De hecho, el mecanismo no quedará anulado ni siquiera si se alcanza un acuerdo: se suspenderá, pero podrá reactivarse rápidamente si EE UU decide revertir su posición más adelante.
El espejo arancelario: cómo funcionaría el plan B
La medida adoptada por la UE contempla un sistema de “arancel espejo”, que replicaría los gravámenes estadounidenses de forma proporcional. Si Trump decide aplicar un arancel general del 30 % a partir del 1 de agosto, Bruselas responderá en la misma medida. Eso podría suponer para la UE una recaudación adicional de hasta 27.900 millones de euros, o un castigo económico en función de la óptica con la que se observe.
Entre los productos incluidos en la lista europea figuran artículos de alto valor simbólico y económico: desde el whisky bourbon hasta los aviones de Boeing, pasando por motos Harley-Davidson y vehículos del sector automovilístico. La estrategia está pensada no solo para proteger sectores sensibles europeos, sino también para ejercer presión en puntos clave de la economía estadounidense.
El acuerdo en curso mantiene el arancel del 15 % sobre las exportaciones europeas a EE UU, en línea con la situación actual, y excluye productos como el aluminio y el acero, que seguirán gravados con un 50 %. También se contemplan exenciones en sectores como las bebidas espirituosas y la industria aeronáutica.
Lo que aún está por definirse es el destino de productos más delicados. Trump ha amenazado con aranceles desproporcionados —de hasta un 200 %— a sectores como el farmacéutico y el de los semiconductores. Aunque no hay confirmación oficial, fuentes comunitarias apuntan a que esas amenazas habrían quedado fuera de la versión final del acuerdo, gracias al empuje diplomático de Bruselas.
El pulso entre Bruselas y Washington pone de relieve el delicado equilibrio entre firmeza comercial y pragmatismo diplomático. La UE ha dejado claro que no desea una escalada, pero tampoco va a entrar desarmada en un escenario de tensiones crecientes. Con el plan B ya aprobado, Europa lanza un mensaje inequívoco: está dispuesta a llegar a un acuerdo, pero no a cualquier precio ni con los ojos cerrados ante los vaivenes del trumpismo económico.
En un mundo donde los equilibrios comerciales son cada vez más geopolíticos, Bruselas opta por la cautela estratégica, recordando que incluso el mejor acuerdo necesita garantías. @mundiario