El turismo y la demanda interna disparan el PIB de ocho comunidades

Vista de Baleares. / RR. SS.
Según la Airef, Baleares lideró el crecimiento regional con un incremento trimestral del PIB del 1%, seguida por Cantabria.

En una economía española marcada por las incertidumbres globales, ocho comunidades autónomas han logrado algo insólito: crecer por encima de la media nacional. Lo han hecho no gracias a un cambio estructural, ni a una revolución tecnológica, sino por el tirón de dos viejos conocidos: el turismo y la demanda interna. Baleares, Comunidad Valenciana, Canarias, Andalucía, Cataluña, Cantabria, La Rioja y Castilla-La Mancha se han convertido en los motores regionales del PIB, arrastradas por el consumo de los hogares y el empuje de los servicios. ¿Pero es esto realmente una buena noticia?

España ha cerrado el segundo trimestre de 2025 con un crecimiento del 0,7% del PIB. En un contexto de tensiones comerciales y un comercio exterior que no termina de despegar, esa cifra se presenta como un triunfo. Sin embargo, lo que hay detrás de ese dato es una geografía económica desigual, donde el dinamismo se concentra en territorios con alta exposición al turismo o con un fuerte peso de sectores ligados al gasto interno. El resto del país, en cambio, apenas avanza.

Según los datos publicados este jueves por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), mientras Baleares lidera con un espectacular 1% de crecimiento trimestral —y un 3,6% interanual—, Galicia apenas araña un 0,4%, y comunidades históricamente potentes como el País Vasco o Aragón quedan por debajo del promedio. La foto del crecimiento revela algo más profundo: la economía española sigue bailando al ritmo de la estacionalidad y del sol. Donde hay turistas y consumo, hay crecimiento. Donde escasean, el PIB se estanca.

Un modelo desigual y poco resiliente

La divergencia regional no es nueva, pero sí cada vez más pronunciada. Las comunidades que crecen lo hacen a golpe de ocupación hotelera y consumo estacional, mientras que aquellas con estructuras industriales o una población más envejecida ven cómo se apagan sus motores. Galicia, Castilla y León, Asturias o Aragón están atrapadas en una suerte de ralentización silenciosa, que apenas se menciona en los discursos optimistas.

La clave está en la estructura. Las regiones más dinámicas no lo son por haber invertido mejor en innovación o productividad, sino porque su geografía y su clima siguen vendiendo. Eso explica por qué los picos de crecimiento no se traducen en avances sostenibles a medio plazo. Es el espejismo del turismo como salvavidas: rentable, sí, pero también frágil.

La solución no está en restar valor al turismo, sino en complementar su peso con sectores más estables. España necesita reequilibrar su modelo productivo con inversiones en industria verde, tecnología, educación superior y empleo de calidad. Y eso exige una visión territorial. No puede ser que el progreso dependa siempre de los mismos lugares, mientras otros se quedan atrás. @mundiario