La remodelación de edificios públicos: la nueva frenta de Trump contra el presidente de la Fed

Donald Trump, presidente de EE UU y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal. / White House
Durante una inusual visita a las obras de la Reserva Federal, el presidente de EE UU utilizó el coste del proyecto como argumento para un hipotético despido de Jerome Powell, quien corrigió al mandatario por inflar la cifra.

La tensión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el jefe de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha escalado con intensidad en los últimos meses. La visita de Trump a la sede del banco central en Washington, en medio de las obras de renovación de sus edificios históricos, terminó siendo menos un gesto institucional y más un episodio de confrontación pública entre dos figuras enfrentadas desde hace años. Esta vez, el foco fue el coste del proyecto de reforma, que Trump infló públicamente, siendo corregido por Powell en directo.

Durante la visita, ambos recorrieron las instalaciones acompañados por senadores republicanos y parte del equipo económico presidencial. Al llegar a la rueda de prensa improvisada, Trump afirmó que la remodelación costaba ya 3.100 millones de dólares, una cifra muy por encima de los 2.500 millones reconocidos por la propia Reserva Federal. Powell, visiblemente incómodo, lo desmintió de inmediato al revisar el documento que Trump le entregó: el presidente había sumado el coste de un tercer edificio, el Martin Building, finalizado hace cinco años. “Eso ya fue construido”, corrigió Powell. Trump, sin dar marcha atrás, replicó: “da igual, en cualquier caso es mucho dinero”.

Este cruce no fue un simple desacuerdo contable. Forma parte de una estrategia más amplia de Trump para construir una narrativa en la que Powell aparece como un gestor ineficiente, incluso sospechoso de despilfarro. En repetidas ocasiones, el presidente ha sugerido que el coste de la remodelación podría justificar el despido del presidente de la Fed, aunque posteriormente, durante la misma visita, reculó y afirmó que no cree que ese sea el camino a seguir. La amenaza, sin embargo, quedó una vez más en el aire..

La crítica al coste del proyecto —iniciado antes de la pandemia y ampliado por los incrementos de precios en materiales y mano de obra tras la inflación de 2021–2022— se convierte así en una herramienta para presionar a Powell en un frente más sensible: los tipos de interés. Trump ha exigido reiteradamente que se reduzcan los tipos en al menos tres puntos porcentuales, un movimiento que podría estimular el crecimiento económico de corto plazo y reducir los costes de financiación del gobierno federal. Powell, sin embargo, se ha mantenido cauteloso, argumentando que es necesario observar con más claridad los efectos de la política fiscal —incluidos los aranceles promovidos por el propio Trump— antes de actuar.

Una presión sin precedentes sobre la Fed

El episodio en la Fed ha marcado un nuevo punto álgido en el intento del presidente de influir en la política monetaria. Aunque la independencia del banco central ha sido históricamente respetada por las administraciones de ambos partidos, Trump ha roto con esa tradición. Ha llamado a Powell “cabezón”, “enemigo” y “odiador de Trump”, en un repertorio de descalificaciones que busca minar la autoridad del banquero central y, al mismo tiempo, condicionar su toma de decisiones.

La visita del jueves no solo interrumpió la rutina previa a la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), prevista para la próxima semana, sino que también coincidió con un momento clave en que los mercados esperan definiciones sobre los próximos pasos de la política monetaria. El tipo de interés de referencia permanece entre el 4,25% y el 4,50%, y la Fed ha reiterado que tomará decisiones basadas en datos, no en presiones políticas.

La remodelación de la sede de la Fed se ha convertido en la metáfora perfecta del conflicto entre Trump y Powell. Lo que en principio debía ser una renovación funcional de edificios centenarios —con estructuras subterráneas y problemas logísticos complejos— ha pasado a representar, para la Casa Blanca, un “lujo innecesario”. Trump incluso la comparó con la renovación de la antigua Oficina de Correos de Washington, que convirtió en hotel de lujo y que posteriormente tuvo que vender por las pérdidas. Sin embargo, en sus palabras: “fue un éxito y costó una fracción de esto”. De cualquier forma, este contraste busca reforzar la imagen de Powell como un gestor incompetente frente a su propio historial como empresario, a pesar de que los contextos son claramente distintos.

Aunque el enfrentamiento entre Trump y Powell tiene un componente personal evidente, el fondo de la cuestión es político y económico. Trump necesita un entorno de tipos bajos para sostener el crecimiento y facilitar la financiación del déficit fiscal, especialmente si busca implementar nuevos recortes de impuestos o aumentar el gasto en defensa. Powell, en cambio, intenta mantener la credibilidad institucional de la Fed en un contexto de inflación aún sensible y mercados que observan cada movimiento del banco central. @mundiario