Trump anuncia un “gigantesco pacto” comercial con Japón tras meses de tensas negociaciones
En un anuncio cargado de retórica grandilocuente, Donald Trump proclamó el martes en su red Truth Social un “gigantesco pacto” comercial con Japón. Sin documentos oficiales publicados ni cifras precisas más allá de las declaradas por el propio presidente de EE UU, el acuerdo ha generado altas expectativas en los mercados. Según Trump, el trato implicará una inversión japonesa de 550.000 millones de dólares en Estados Unidos, de la cual Washington “recibirá el 90 % de las ganancias”, además de una apertura del mercado nipón a productos agrícolas y vehículos estadounidenses.
Este nuevo capítulo en la relación comercial entre ambos países llega tras una escalada de tensiones impulsada desde la Casa Blanca. Trump había acusado reiteradamente a Japón de mantener barreras comerciales injustas, especialmente en el sector agrícola, con énfasis en el arroz, y en la industria automotriz, donde el desequilibrio ha sido históricamente notorio: mientras EE UU importó más de 55.000 millones de dólares en vehículos y autopartes desde Japón en 2024, apenas logró colocar 2.000 millones en productos similares en el mercado japonés.
El acuerdo anunciado incluiría un arancel del 15 % sobre todas las exportaciones japonesas a EE UU, lo que representa una rebaja respecto al 35 % que Trump había planteado al enviar su carta arancelaria al archipiélago. No obstante, sigue siendo un porcentaje elevado que podría afectar a sectores clave, como el automotriz, del cual no se especifica si se aplicará el mismo régimen arancelario o si, en cambio, se regirá por los gravámenes universales del 25 % que la Casa Blanca impuso a los coches, el acero y el aluminio.
Este sector crucial representa más de un tercio de las exportaciones japonesas a Estados Unidos y cerca del 8 % del empleo en Japón.
Uno de los elementos más destacados del pacto, según Trump, es la supuesta apertura del mercado japonés a los productos agrícolas de EE UU, como el arroz, los camiones y otros bienes. Aunque se trata de una promesa largamente perseguida por Washington, Japón ha mostrado tradicionalmente una fuerte resistencia a modificar su política arrocera, por razones tanto económicas como culturales.
Un ambiente adverso en Tokio
La dinámica que condujo a este anuncio ha estado marcada por una presión constante de EE UU y una situación política complicada para el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba. Su Gobierno sufrió un revés importante el pasado fin de semana al perder la mayoría en la Cámara Alta del Parlamento japonés, un golpe que ha debilitado su capacidad de maniobra y ha incrementado los llamamientos a su dimisión. Aunque Ishiba se ha mostrado prudente y evitó confirmar los detalles del acuerdo, una fuente de su Administración aseguró a la radioemisora nipona NHK que las afirmaciones de Trump eran “correctas” y “bienvenidas” por Tokio.
No es menor el contexto: Ishiba había ligado su continuidad en el cargo al éxito de las negociaciones con Washington, especialmente tras una cadena de derrotas electorales. La presión para llegar a un entendimiento con EE UU ha sido, por tanto, tanto económica como política. Esta realidad ha podido inclinar la balanza en favor de Washington, en una negociación donde las cartas, desde el principio, parecían estar del lado estadounidense.
De momento, el anuncio deja más preguntas que respuestas. No se han especificado los términos completos del acuerdo, ni se ha aclarado si los aranceles anunciados por Trump son definitivos o parte de una etapa transitoria. Tampoco se conocen los beneficios concretos para el mercado japonés en cuanto al acceso al mercado estadounidense. Por ahora, lo único claro es que Trump ha capitalizado políticamente el anuncio, presentándolo como una victoria comercial sin precedentes.
Este posible giro en las relaciones comerciales entre dos de las mayores economías del mundo tendrá implicaciones profundas, tanto para los mercados como para la geopolítica regional. En particular, será clave observar cómo evoluciona la postura de Japón frente a su industria automotriz, altamente dependiente del mercado estadounidense, y cómo se interpreta este pacto en el contexto de las aspiraciones estratégicas de ambos países en Asia-Pacífico. @mundiario