La nueva IA de IBM le hizo perder más de USD 31.000 millones en un día
La irrupción de una nueva inteligencia artificial ha golpeado el corazón mismo del viejo establishment tecnológico estadounidense. El lunes 23 de febrero de 2026, las acciones de IBM se desplomaron un 13%, borrando más de USD 31.000 millones de su capitalización bursátil en cuestión de horas. No fue un escándalo, ni un fallo técnico, ni un resultado financiero decepcionante. Fue el anuncio de una herramienta.
Claude Code, desarrollada por Anthropic, promete algo que durante décadas fue un negocio multimillonario: modernizar automáticamente sistemas informáticos escritos en COBOL, el lenguaje que sostiene gran parte de la infraestructura financiera y administrativa del mundo.
Según reportó Bloomberg, el mercado reaccionó con ventas masivas ante la posibilidad de que la IA reduzca drásticamente la necesidad de consultoría humana en este sector.
El negocio invisible que mueve al mundo
COBOL, creado en los años 50, sigue operando en sistemas críticos: bancos, aerolíneas, gobiernos y cajeros automáticos. Forbes estima que procesa hasta el 95% de las transacciones en ATM en Estados Unidos y que cientos de miles de millones de líneas de código continúan activas diariamente.
La modernización de estos sistemas ha sido durante décadas una tarea lenta, costosa y extremadamente especializada. Firmas como Accenture o Cognizant Technology Solutions construyeron negocios enteros sobre ese problema.
Claude Code propone eliminar gran parte de esa complejidad. Según la propia Anthropic, la herramienta puede mapear dependencias, documentar flujos de trabajo e identificar riesgos en grandes bases de código en cuestión de horas o días, tareas que antes requerían equipos enteros durante meses.
El efecto dominó en el mercado
El impacto no se limitó a IBM. Empresas vinculadas a la modernización de software legado también registraron caídas, mientras la volatilidad se extendía al sector tecnológico.
Incluso compañías de ciberseguridad como CrowdStrike y Zscaler sufrieron presiones bajistas tras el anuncio de nuevas capacidades de detección de vulnerabilidades integradas en la IA.
La reacción sugiere algo más profundo que un ajuste puntual: el temor a que la inteligencia artificial no solo automatice tareas, sino que comprima industrias enteras de servicios especializados.
¿Pánico o cambio estructural?
No todos los analistas comparten la narrativa apocalíptica. Adam Turnquist, de LPL Financial, señaló que la caída refleja principalmente un cambio en la percepción del mercado más que un deterioro real del negocio.
Desde JPMorgan calificaron de “lógica rota” la idea de que la IA destruya el software empresarial de forma inmediata, mientras que Dan Ives, de WedBush Securities, afirmó en CNBC que la venta masiva fue “una de las más desconectadas” que ha visto en su carrera.
Sin embargo, incluso si la reacción fue exagerada, el mensaje del mercado es claro: la inteligencia artificial ya no es solo una promesa futura. Es una fuerza capaz de reconfigurar modelos de negocio consolidados en cuestión de horas.
El verdadero problema: la escasez humana
Paradójicamente, el auge de herramientas como Claude Code también expone una debilidad estructural: cada vez hay menos especialistas capaces de mantener sistemas COBOL. Solo unas pocas universidades siguen enseñándolo.
La IA aparece así no solo como sustituto, sino como salvavidas para una infraestructura digital envejecida que el mundo no puede apagar sin consecuencias.
Una señal de época
Más allá de cifras y cotizaciones, el episodio revela un cambio psicológico en Wall Street. Antes, la tecnología destruía industrias lentamente. Ahora, basta un anuncio para poner en duda décadas de estabilidad.
IBM cerró la jornada en torno a los USD 223 por acción y una capitalización cercana a los USD 208.700 millones. Pero el golpe más profundo no fue financiero: fue simbólico.
La pregunta que queda flotando no es cuánto perderá una empresa concreta, sino cuántos negocios aparentemente intocables pueden volverse vulnerables cuando el software empieza a escribir —y reescribir— el propio software. @mundiario