Gran apagón: el silencio técnico que está alimentando el discurso antirrenovable

La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen. / RR. SS.
Sin una explicación clara, el apagón del 28 de abril ha abierto la puerta a bulos, teorías de conspiración y una ofensiva contra las energías limpias.

Hace un mes, el sistema eléctrico de la península Ibérica vivió su primera caída total. El 28 de abril de 2025 quedó grabado como el día en que millones de personas se quedaron sin luz, sin respuestas y, desde entonces, con un rosario de preguntas aún sin contestar. Lo que en un principio parecía un episodio técnico aislado se ha convertido en un polvorín político, un campo de batalla energético y un festín para las teorías más delirantes.

Pero más allá del ruido, hay una verdad incómoda: seguimos sin saber por qué ocurrió el gran apagón, y en ese silencio están floreciendo discursos que amenazan con frenar la transición energética.

El apagón también desconectó la confianza de muchos ciudadanos en el rumbo energético del país. En cuestión de segundos, el sistema cayó como un castillo de naipes tras perder 2,2 gigavatios de potencia en Granada, Badajoz y Sevilla. Una cifra relevante, sí, pero que —según expertos del sector— no debería haber colapsado un sistema eléctrico moderno y robusto como el ibérico. Seis mecanismos de defensa fallaron. Y con ellos, la estabilidad.

La ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, insiste en que no hay pruebas de ciberataque, ni de sabotaje, ni de ningún experimento secreto. Sin embargo, no ha podido —o querido— ofrecer una secuencia técnica clara de los hechos, según señala el diario El País. Mientras tanto, el debate ha mutado: del terreno técnico al político, del análisis riguroso a la caza de culpables. La falta de datos oficiales ha dejado el campo abierto para todo tipo de especulaciones, muchas de ellas con un claro sesgo ideológico.

Las renovables, en el ojo del huracán

La sospecha se ha cebado especialmente con las energías renovables. En los tres puntos críticos señalados —Granada, Badajoz y Sevilla— la presencia de solar y eólica es alta, y eso ha bastado para que se apunten como posibles responsables. “Ni hemos ido demasiado lejos, ni hemos ido demasiado deprisa [en la instalación de plantas solares]”, señaló José Donoso, jefe de la patronal fotovoltaica UNEF. “Estamos experimentando con el sistema”, acusan otros desde la oposición. Incluso desde fuera de España, figuras como Donald Trump han utilizado el apagón para justificar nuevas inversiones en energía nuclear en EE. UU.

Pero esa narrativa es engañosa y peligrosa. La penetración renovable no implica necesariamente inestabilidad. De hecho, países como Dinamarca o Alemania operan con porcentajes aún mayores de energía limpia sin colapsos. La diferencia está en la planificación, la inversión en almacenamiento y la adaptación del sistema a una nueva realidad. Demonizar a las renovables por un fallo aún sin explicación es tan irresponsable como prematuro.

Un silencio que debilita al sistema

Red Eléctrica de España (REE), la empresa encargada de transportar la electricidad y garantizar la estabilidad del sistema, asegura no haber sufrido un ciberataque. Pero tampoco ha proporcionado aún los datos clave: las subestaciones implicadas, los segundos exactos del fallo, la secuencia de eventos. El Ministerio para la Transición Ecológica, que actúa también como auditor, promete transparencia pero admite que aún no puede dar respuestas. Y las eléctricas, por su parte, reclaman claridad mientras también dosifican la información.

Ese cruce de acusaciones y evasivas no solo deja al ciudadano en la incertidumbre: erosiona la credibilidad de todo el sistema. La transparencia no es solo una exigencia técnica, sino un compromiso político con la ciudadanía. Sin datos, cualquier relato gana fuerza. Incluso los más disparatados.

El apagón no fue un evento trivial. Tampoco lo es su análisis. Ingenieros, profesores universitarios y expertos del sector coinciden en que fue un fenómeno extremadamente complejo, donde múltiples factores coincidieron en pocos segundos: oscilaciones en la red, errores en cascada, mecanismos de defensa que no funcionaron como debían. Pero la complejidad no puede ser excusa para el mutismo.

Europa espera un informe en tres meses. Pero en España aún no hay ni calendario ni borrador ni conclusiones preliminares. ¿Cuánto tiempo es razonable esperar para tener respuestas? ¿Cuánto cuesta en confianza cada día sin explicación?

No es el momento de dar paso atrás

Este apagón ha llegado en un momento crucial para el futuro energético del país. La transición hacia fuentes limpias necesita certezas, inversión y apoyo político. Lo que no necesita es una campaña de miedo o una reacción conservadora disfrazada de prudencia.

Es comprensible que el apagón genere dudas. Pero si esas dudas se utilizan para frenar la transición energética o para justificar el retorno a modelos del pasado, el precio será altísimo. España no puede permitirse el lujo de detener su avance hacia un modelo energético más sostenible, menos dependiente y más justo.

Que no sepamos aún lo que pasó no significa que debamos rendirnos a la ignorancia. Al contrario: es más urgente que nunca investigar, explicar, y reconstruir la confianza. Porque sin confianza, no hay red que aguante. @mundiario