Fico se alinea con Orbán y corta la electricidad a Ucrania en plena disputa por el petróleo ruso

Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia. / Consejo Europeo
Eslovaquia anuncia el fin del suministro eléctrico de emergencia a Kiev y lo condiciona al restablecimiento del oleoducto Druzhba, mientras que Hungría mantiene bloqueada la ayuda financiera prometida por la UE y el nuevo paquete de sanciones contra Rusia.

El primer ministro eslovaco, Robert Fico, confirmó que su país dejará de suministrar electricidad de emergencia a Ucrania si no se restablece el flujo de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba. La medida llega en coordinación con el Gobierno húngaro de Viktor Orbán, que ha endurecido su postura en Bruselas para bloquear la ayuda financiera a Kiev y nuevas sanciones contra Rusia.

La decisión abre una nueva grieta en la unidad europea respecto a la guerra en Ucrania y coloca la energía como instrumento directo de presión política.

El oleoducto Druzhba —una de las mayores redes de transporte de crudo del mundo— lleva petróleo ruso a Europa central atravesando territorio ucraniano. Desde finales de enero, el flujo hacia Hungría y Eslovaquia está interrumpido.

Kiev sostiene que el corte se debe a daños causados por un ataque con drones rusos contra infraestructuras en el oeste de Ucrania. Bratislava y Budapest, en cambio, afirman que no existen obstáculos técnicos que justifiquen la prolongación de la interrupción y acusan a Ucrania de actuar por motivos políticos.

Eslovaquia ha declarado el estado de emergencia petrolera para priorizar el abastecimiento interno de su refinería.

El anuncio de Fico: presión energética como respuesta

Fico fue claro en su mensaje: si Ucrania solicita ayuda para estabilizar su red eléctrica, Eslovaquia no la proporcionará mientras no se restablezca el tránsito de crudo. Según datos del sector, Hungría y Eslovaquia han representado cerca del 68% de las importaciones eléctricas de Ucrania este mes, aunque Kiev asegura que no depende estructuralmente de ese suministro de emergencia.

El Gobierno eslovaco sostiene que la medida es “recíproca” y compatible con sus obligaciones internacionales. También ha advertido de que podría revisar su apoyo a la adhesión de Ucrania a la Unión Europea si el conflicto persiste.

El movimiento de Bratislava coincide con el bloqueo húngaro en el Consejo de la UE. El Ejecutivo de Orbán ha vetado el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia y el préstamo europeo de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania. La coordinación entre ambos gobiernos —considerados los más cercanos a Moscú dentro del bloque— convierte el desacuerdo energético en una palanca política a escala europea. Algunos ministros europeos intentaron sin éxito persuadir a Hungría y Eslovaquia para rebajar el tono del enfrentamiento.

El trasfondo es estructural. Hungría y Eslovaquia son los únicos Estados miembros que siguen dependiendo del petróleo ruso transportado por Druzhba. Aunque se han sugerido alternativas, como el uso del oleoducto Adria vía Croacia, las soluciones logísticas y comerciales no han sustituido completamente el suministro ruso.

Para ambos países, la seguridad energética sigue vinculada a ese flujo. Para Ucrania, el tránsito del crudo ruso a través de su territorio representa una paradoja que financia la guerra.

Esta tensión ilustra la complejidad de la transición energética europea en un contexto de guerra y sanciones. En cuanto al impacto de la decisión, aunque Ucrania afirma que puede importar electricidad de otros socios europeos de forma inmediata, la señal política es de gran calado.

Este pulso energético amenaza con afectar a tres frentes críticos: en primer lugar, a la estabilidad del suministro regional si el conflicto se prolonga; en segundo lugar, a la cohesión interna de la UE ante los vetos cruzados en materia de sanciones y financiación y, por último, al propio proceso de adhesión de Ucrania, que requiere una unanimidad entre los Estados miembros ahora puesta en entredicho. Se abre así un nuevo capítulo en la fractura europea.

La decisión de Fico no es aislada. Se enmarca en una estrategia más amplia de presión coordinada con Hungría, que combina energía, financiación y diplomacia para confrontar a Bruselas. @mundiario