La estrategia china ante los embates de Trump: resistencia diplomática y más comercio

El presidente chino, Xi Jinping y el primer ministro de Vietnam, Pham Minh Chính. / Ministerio de Asuntos Exteriores de China
El presidente chino, Xi Jinping, ha iniciado una gira por el sudeste asiático para reforzar las alianzas regionales y mitigar el impacto de las políticas arancelarias de EE UU.

En un contexto de creciente tensión comercial entre China y Estados Unidos, la reciente gira de Xi Jinping por el sudeste asiático revela una sofisticada y pragmática estrategia de resistencia por parte de Pekín. Lejos de optar por una confrontación directa, el mandatario chino ha apostado por reforzar alianzas regionales, tender puentes ideológicos y rediseñar su posición en las cadenas globales de suministro, con el objetivo de amortiguar los efectos del esquema tarifario del presidente Donald Trump.

Desde su llegada a Vietnam, Xi lanzó un mensaje inequívoco: “No hay ganadores en las guerras comerciales y arancelarias”. Una frase que, aunque diplomáticamente formulada, va dirigida con claridad al seno de Washington, tras la imposición de aranceles del 145 % sobre los productos chinos, en el marco de lo que Trump ha denominado el “Día de la Liberación” del comercio estadounidense.

La respuesta de China, aunque firme (con tarifas espejo del 125 % sobre bienes estadounidenses), ha estado matizada por un tono conciliador. El régimen comunista calificó como “un pequeño paso” la exención temporal de Estados Unidos sobre ciertos productos tecnológicos clave, como teléfonos móviles y semiconductores. Pekín considera este movimiento como una victoria parcial de su estrategia de contención: firmeza sin ruptura.

Pero lo verdaderamente revelador está ocurriendo fuera del eje bilateral. La gira de Xi por Vietnam, Malasia y Camboya no solo responde a una agenda comercial. China está tejiendo una red de alianzas como escudo frente a las presiones arancelarias y como plataforma alternativa para el comercio y la inversión. En ese sentido, Vietnam se ha convertido en un terreno estratégico clave. Con un crecimiento económico que superó el 7 % en 2024 y un papel cada vez más central como sustituto manufacturero de China, este país socialista representa tanto un aliado ideológico como un competidor económico potencial.

La jugada de Xi ha sido hábil: fortalecer la cooperación con Vietnam apelando a los “ideales socialistas compartidos”, al tiempo que cierra acuerdos que consolidan la interdependencia industrial y logística entre ambos países. Está previsto que se firmen unos 40 acuerdos bilaterales, y se ha priorizado la expansión de conexiones ferroviarias para agilizar el comercio terrestre. En paralelo, Xi ha elogiado al Partido Comunista vietnamita por sus logros, un gesto diplomático que busca reforzar la cercanía entre ambos gobiernos en tiempos de incertidumbre geopolítica.

Esta estrategia de “afinidad ideológica y cooperación pragmática” se extiende también a Camboya y Malasia, naciones fuertemente amenazadas por nuevos aranceles estadounidenses (del 49 % y 24 %, respectivamente). Xi visita estos países por primera vez en casi una década, un indicio del renovado interés chino por una región que está en el centro de la reconfiguración comercial global.

El sudeste asiático se ha convertido en un campo de juego clave en la disputa entre China y Estados Unidos. Vietnam, por ejemplo, ha sido cortejado tanto por Pekín como por Washington. La visita del expresidente Joe Biden en 2023, seguida poco después por otra de Xi, refleja la intensa competencia por ganar influencia en esta zona dinámica del mundo.

Sin embargo, también hay fricciones que matizan la cercanía regional. Vietnam ha impuesto restricciones a productos de acero chinos y, en un gesto que podría irritar a Pekín, está considerando permitir el despliegue del servicio satelital Starlink de Elon Musk, uno de los aliados empresariales más cercanos a Trump. Esta ambigüedad estratégica por parte de Hanói revela que, aunque China esté fortaleciendo sus lazos, la región no se alinea completamente con sus intereses.

En definitiva, la estrategia china ante los embates arancelarios de Trump no se basa en la confrontación directa ni en gestos unilaterales, sino en un enfoque multilateral, diplomático y regional. Xi Jinping busca demostrar que el liderazgo global no se ejerce solo desde el poder económico, sino también desde la paciencia estratégica, el fortalecimiento de alianzas y la capacidad de adaptación.

Con esta postura, Pekín apuesta por un nuevo equilibrio internacional, en el que los muros comerciales construidos por Washington puedan ser rodeados por redes regionales tejidas con diplomacia, pragmatismo y visión de largo plazo. En tiempos de proteccionismo y tensiones, la resistencia china se manifiesta no solo en aranceles de respuesta, sino en una ofensiva sutil de influencia y consolidación en el sudeste asiático. @mundiario