España se acerca al objetivo del BCE con un respiro en la electricidad y los combustibles

Electricidad. / RR SS
La inflación en España cae a 2,3% en enero, la mayor baja desde marzo, gracias a la energía más barata y combustibles más económicos. Sin embargo, los alimentos y servicios siguen presionando la cesta de la compra, dejando un alivio parcial para los hogares.

Enero ha traído un respiro inesperado para los hogares españoles. El Instituto Nacional de Estadística ha revisado la inflación a la baja, situándola en el 2,3%, seis décimas por debajo de diciembre y en niveles no vistos desde junio del año pasado. Este descenso se explica principalmente por la evolución de la energía. La electricidad subió menos que el año anterior y los combustibles se abarataron gracias a la caída del precio del barril de Brent y a la apreciación del euro. En términos simples, llenar el depósito resultó más barato y la factura de la luz alivió a las familias tras meses de presión.

No obstante, no todo es motivo de celebración. Los alimentos mantienen un ritmo de subida preocupante. Huevos, café, hortalizas o chocolate muestran incrementos por encima del 10%, lo que tensiona la cesta de la compra. Aquí encontramos un contraste evidente: la energía ofrece tregua mientras los productos básicos parecen inmunes a la moderación. Este fenómeno recuerda que la inflación no es un enemigo uniforme; sus impactos varían según la naturaleza de los bienes y servicios.

Factores detrás de la bajada y riesgos futuros

La caída de la inflación no se debe solo a los mercados internacionales. La meteorología ha jugado un papel clave: la electricidad mayorista ha permanecido por debajo de 50 euros/MWh durante 22 días gracias a lluvias y viento que impulsan la generación eólica e hidráulica. Sin embargo, esta bonanza podría ser temporal. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos, se mantiene en 2,6% por tercer mes consecutivo, reflejando presiones persistentes en servicios y bienes duraderos.

Expertos como Raymond Torres de Funcas advierten que, a pesar de la mejora puntual, los próximos meses podrían ser menos favorables. A partir de marzo, la comparación con los precios de 2025 podría provocar repuntes, y el dinamismo económico —con un PIB en crecimiento y una población que probablemente supere los 50 millones este año— podría añadir presión sobre los precios. Es decir, la caída en enero es más un respiro que una solución definitiva.

Hacia un equilibrio que proteja el poder adquisitivo

La moderación de la inflación permite que las familias mantengan cierto poder de compra, como destaca el Ministerio de Economía, que recuerda que en 2025 los salarios crecieron más que los precios. Sin embargo, para mantener este equilibrio, no basta con esperar la bonanza energética. Sería necesario reforzar políticas que contengan la escalada de los alimentos y servicios, por ejemplo apoyando la producción local, mejorando la eficiencia de la cadena de suministro y revisando impuestos indirectos que impactan directamente en el consumidor.

La inflación es un espejo que refleja desequilibrios. El descenso en enero ofrece un mensaje de alivio, pero también evidencia que la economía sigue navegando entre mareas de energía más barata y alimentos que suben sin freno. La tarea pendiente es lograr un modelo donde los precios no castiguen a los más vulnerables y donde la estabilidad macroeconómica se traduzca en bienestar real para la ciudadanía. Solo así el alivio se convertirá en un camino sostenible y no en una tregua efímera. @mundiario