De la congelación al alivio: así llega la subida salarial a los funcionarios
Durante todo 2025, más de tres millones de empleados públicos en España trabajaron con una sensación incómoda: la de estar perdiendo poder adquisitivo sin remedio. No hubo subida salarial, no hubo actualización de nóminas y sí hubo inflación, desgaste y una negociación colectiva que se demoró hasta el último tramo del año. Ahora, con el calendario ya en 2026, las comunidades autónomas han comenzado a cerrar esa herida: la práctica totalidad ha abonado en enero los atrasos correspondientes al incremento salarial del 2,5% de 2025, aprobado con carácter retroactivo, y ha aplicado además la subida fija del 1,5% pactada para este ejercicio.
El resultado es tan contable como simbólico. Contable, porque los funcionarios han visto reflejado en sus nóminas un aumento cercano al 4%, que según los cálculos sindicales supone entre 60 y 100 euros netos mensuales en 14 pagas, dependiendo del grupo profesional y la administración. Simbólico, porque este pago marca el cierre de un año perdido y abre una etapa que promete estabilidad retributiva hasta 2028.
La confirmación ha llegado de la mano de la Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF), que ha seguido de cerca el ritmo de pagos en las comunidades autónomas. Salvo Cataluña, que lo hará a partir de febrero, todas han incorporado ya tanto los atrasos de 2025 como la subida fija de 2026. En la práctica, millones de trabajadores públicos han comenzado el año con un alivio económico que no compensa del todo el estancamiento previo, pero sí rompe una dinámica de congelación prolongada.
Este desenlace tiene su origen en el Acuerdo para la mejora del empleo público y el servicio a la ciudadanía, firmado a finales de 2025 por CC OO, UGT y CSIF con el Ministerio de Función Pública. Un pacto tardío, pero ambicioso, que fija una hoja de ruta salarial hasta 2028 y que ha obligado a las administraciones a ponerse al día, aunque sea con meses de retraso.
Un pago tardío que llega cargado de mensaje
La decisión de las comunidades de abonar los atrasos en diciembre o enero, en lugar de aplazarlos hasta 2027 o 2028 como permitía el real decreto ley aprobado en diciembre, no es menor. Es una señal política. Ocho autonomías optaron por pagar de inmediato en diciembre y el resto lo ha hecho en enero, evitando prolongar el malestar de un colectivo clave para el funcionamiento del Estado.
En un contexto de déficit de personal, envejecimiento de las plantillas y dificultades para atraer talento joven a la administración, cumplir con los compromisos salariales se ha convertido en una cuestión estratégica. No se trata solo de dinero, sino de credibilidad institucional.
Cataluña, la excepción que confirma la regla
De acuerdo con EL PAÍS, Cataluña ha sido la única comunidad que no ha aplicado aún en enero la subida fija del 1,5% de 2026, ni a empleados autonómicos ni locales. La Generalitat prevé hacerlo en febrero, abonando además los atrasos correspondientes al mes de enero. Aunque el retraso es limitado, vuelve a situar a la comunidad en el foco del descontento sindical y alimenta la sensación de trato desigual dentro del mapa autonómico.
Ayuntamientos: una España a distintas velocidades
Si el panorama autonómico es relativamente homogéneo, el mundo local es otra historia. Miles de ayuntamientos, diputaciones y entes municipales gestionan sus nóminas con ritmos y capacidades muy distintas. Según CSIF, la mayoría de capitales de provincia y diputaciones ya han abonado los atrasos y las subidas, pero en otros casos los pagos se extenderán hasta primavera… o más allá.
El ejemplo más extremo es el del Ayuntamiento de Chiva, en Valencia, que no podrá afrontar estos pagos hasta 2028. Una anomalía que pone de relieve las enormes diferencias financieras entre administraciones locales y que amenaza con convertir un derecho laboral en una lotería territorial.
Para muchos empleados públicos, este abono no es solo una mejora salarial. Es una reparación. Tras años de pandemia, sobrecarga y desgaste, el retraso en las subidas fue vivido como una desatención más. Cobrar ahora los atrasos de 2025 y empezar 2026 con una subida consolidada no borra el pasado, pero sí devuelve una cierta sensación de reconocimiento. @mundiario