Cómo los migrantes sostienen la productividad en la obra, el campo y la hostelería

Trabajadores de construcción. / Pixabay.
Los trabajadores migrantes no solo llenan vacantes: están elevando la productividad en los sectores que mueven España.

España crece también gracias a quienes llegan. En un contexto en el que el país envejece y la natalidad se hunde, los flujos migratorios se han convertido en una pieza clave del engranaje económico nacional. Ya no se trata solo de cubrir puestos que nadie quiere, sino de entender que, sin la aportación de los trabajadores extranjeros, sectores como la construcción, la agricultura o la hostelería tendrían mucho más que una crisis de personal: sufrirían un desplome en su productividad.

Un reciente estudio elaborado por la investigadora Belén González, que cursa un máster en el departamento de Fundamentos de Análisis Económicos en la Universidad de Alicante (UA), lo demuestra con datos. Entre 2004 y 2022, el aumento de los flujos migratorios elevó la productividad regional media en un 0,6%, y en comunidades como Baleares o Murcia, el impacto positivo fue más del doble. Lo que en apariencia es un fenómeno demográfico —la llegada de más población activa—, se traduce en una mejora palpable en la eficiencia económica.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, lo resumió en una frase que no debería pasar desapercibida: “La aportación de la inmigración al crecimiento es muy positiva, incluso en términos per cápita.” Y es que las cifras del Banco de España corroboran que entre cuatro y siete décimas del crecimiento del PIB per cápita reciente se deben directamente a la migración. Dicho de otro modo, sin ellos, España produciría menos y crecería más despacio.

Pero la cuestión va más allá de la macroeconomía. La contribución migrante se siente, sobre todo, en la trinchera del trabajo físico, donde cada hora cuenta y la productividad depende de la experiencia, la constancia y la capacidad de adaptación.

Agricultura: el músculo invisible de las cosechas

Cada temporada agrícola es una carrera contra el tiempo. En un país con más de 2,5 millones de hectáreas dedicadas a cultivos intensivos, la mano de obra migrante sostiene la productividad del campo. Según el estudio de González, el cual ha estado dirigido por el economista del Servicio de Estudios del Banco de España Gabriel Pérez Quirós y por la catedrática de la UA Carmen Beviá, su impacto puede llegar a elevar hasta un 6% el rendimiento en comunidades receptoras. Detrás de cada fruta exportada, de cada invernadero levantado en Almería o Murcia, hay cientos de trabajadores extranjeros que mantienen viva una cadena alimentaria cada vez más dependiente de ellos.

Construcción: cimientos del progreso

La construcción vive un renacer desigual. Aunque el sector aún arrastra las secuelas de la burbuja inmobiliaria, su dinamismo actual no se entiende sin los migrantes. La productividad media aumenta en torno al 1% en regiones con alta llegada de extranjeros, impulsada por su capacidad de asumir oficios que requieren precisión y resistencia. Son quienes levantan los edificios que sostienen el crecimiento urbano, pero rara vez figuran en los titulares.

Hostelería: el rostro humano de la productividad

La hostelería, uno de los motores del turismo —y por tanto del PIB español—, depende en gran medida de trabajadores migrantes. Su presencia no solo cubre la estacionalidad, sino que mejora la eficiencia del servicio, la rotación de tareas y la capacidad de respuesta ante picos de demanda. El impacto en la productividad se mide también en términos de calidad y continuidad: sin esa mano de obra flexible, la maquinaria del turismo se atascaría.

González lo resume con claridad al diario El País: una política migratoria inteligente no consiste solo en permitir la entrada de más trabajadores, sino en canalizar su potencial hacia los sectores que más los necesitan. En un país con baja natalidad y una población cada vez más envejecida, los migrantes no son una carga: son una inversión.

Porque detrás de cada ladrillo, cada cosecha y cada mesa servida hay una misma verdad económica —y humana—: España avanza gracias a quienes la construyen, la cultivan y la sostienen. @mundiario