Nada, una comedia dramática recomendable para todo aquel que quiera visitar Buenos Aires

Una vez más un guión y dirección de Mariano Cohn y Gastón Duprat es arte, humor, y talento en una producción cinematográfica. Esta vez, una miniserie de cinco capítulos cortos.

Nada. / Disney+ y Star+.
photo_camera Nada. / Disney+ y Star+.

Una vez más un guión y dirección de Mariano Cohn y Gastón Duprat es arte, humor, y talento en una producción cinematográfica. Esta vez, una miniserie de cinco capítulos cortos.

Nada "provocó carcajadas" en el Festival de San Sebastián el pasado septiembre, cuenta el periódico Ámbito Financiero.

Me doy cuenta de que una película me va a atrapar desde que veo el color, la iluminación, y escucho la música. Si eso me cautiva, me entrego. Esto me pasa cuando me siento cómodamente en el cine para ver una peli de esta dupla de directores (El ciudadano ilustre, Mi obra maestra, Competencia oficial, entre otras...). Saben hacer algo grandioso de lo simple, de lo cotidiano. En el cine, como en la literatura, no es tan importante el qué sino el cómo.

Me apoltrono en mi sillón preferido y devoro uno tras otro los cinco capítulos de Nada: Desde el comienzo hago flash. Un anciano  muy chic y con mucha onda: pantalón bordeaux, sobretodo, anteojos con marco amarillo, cruza  una calle céntrica de Buenos Aires por la senda peatonal pero con el semáforo en rojo, bajo una lluvia de bocinazos y puteadas al mejor estilo nacional. Es cierto que Luis Brandoni ya anticipa un humor especial con el que me identifico. Pero lograr que todos los personajes cierren psicológicamente, que reflejen exactamente la personalidad del porteño, en medio de esta ciudad sublime, engreída y caótica hace que todo se conjugue para disfrutar la serie de principio a fin.

Póster de Nada. / Disney+ y Star+.

Póster de Nada. / Disney+ y Star+.

Manuel Tamayo Prats (Luis Brandoni) es un septuagenario, que vivió en Buenos Aires toda su vida y se dedica a la crítica gastronómica. Si es negativa, mejor. Su empleada doméstica se ocupó de él durante cuarenta años. A tal punto que no sabe conducir, ni tiene a su nombre una tarjeta de crédito, ni celular, ni idea de cómo funciona su casa. Ni la vida. Es un bon vivant sin ingresos genuinos, ni disposición para cumplir con el contrato  que firmó con una editorial. Tiene sus propios códigos.

Su forma de relacionarse con la gente no pasa desapercibida. No hay que confundir con el chanta porteño, aunque lo aparente. Él es un sibarita. Es, además, un experto en lo suyo, pero está negado a todo compromiso con el sistema. Vive al margen, sin filtro y criticando absolutamente todo.

Es mérito de un autor hacer querible un personaje que se destaca por poner incómodo a todo el mundo.

Manuel tiene un amigo entrañable que vive en Nueva York: Vincent Parisi (Robert De Niro). Vincent ama Buenos Aires, "la ciudad que nunca duerme", y él sabe a Manuel, lo disfruta como nadie. Es quien hace, desde Nueva York, la introducción de cada capítulo utilizando distintas expresiones argentinas que nos caracterizan: "Estar en el horno", "Remar en dulce de leche", "La verdad de la milanesa", "Comerse un garrón", "Tirar manteca al techo". Escucharlas con acento norteamericano, agrega una cuota de humor inigualable (no hay como reírse de uno mismo). Es que están enraizadas en nuestro vocabulario, son cosa de todos los días. Solo faltó que las sacaran de contexto y nos las mostraran para que tomaran otra dimensión.

Manuel, como no puede ser de otra manera, es un gran puteador, y eso divierte a Vincent quien ya es experto en el significado de cada exabrupto: no es lo mismo "boludo", que "pelotudo" explica, como si estuviera buscando la etimología griega o latina de cada una. Ni qué hablar de cuando se explaya en el análisis de la expresión "¡La concha de la lora!".

Sus clases son recomendables para todo aquel que quiera entender el vocabulario de un argentino.

Buenos Aires luce radiante, atrevida, espléndida y feroz. Como me gusta verla. La casa de Manuel es antigua, con piso ajedrezado, sus cuadros —que vende para poder subsistir—, sus costumbres, típicas de quien no baja ni por un segundo su calidad de vida, son símbolos de una generación nostálgica de un pasado que cree perdido. Cohn y Duprat saben crear ambiente: los colores, las tomas, el vestuario, son impecables.

No voy a adelantar la trama, pero hay una empleada paraguaya, Antonia (Majo Cabrera), que no puedo dejar de mencionar. No solo por su súper actuación, sino porque cambió la vida de Manuel. Hay un antes y un después de esta jovencita que deja a su hija al cuidado de su abuela en un pueblo de Paraguay para ir a ganar algo de dinero a Buenos Aires. Sin proponérselo, hace que en este viejo insoportable y hasta déspota aflore un ser tierno y paternal que estaba escondido. Hasta se siente motivado para empezar a escribir.

Y no es que Manuel sea tolerante con la juventud. Hay una escena, en una reunión, donde enfrenta al hijo de un amigo que se pone a declamar lo que aprendió en la facultad como si fueran ideas propias que es para aplaudir de pie. Es que Manuel tira en la cara de cualquiera lo que piensa. Se anima a decir lo que nadie se atrevería, por respeto a un padre presente, o por temor a herir. "¡Pensá en boludeces propias, por lo menos!", le dice al chico delante de una mesa repleta de gente.

La relación con una mesera, Paloma (Belén Chavanne), a la que maltrató cuando lo atendió en un restaurante, va en un crescendo  hasta terminar  juntos arriba de su Vespa rumbo a una fiesta. Es que Manuel se anima a todo lo que no sea mediocridad.

Si bien él dice que no es Nada, y así se llama el libro que finalmente publica, Manuel es un personaje entrañable, divertido como el que más, maleducado a veces, intolerante, y  porteño  hasta la médula.

Siempre me gusta hacer interactuar a los personajes de ficción. Estoy fantaseando un encuentro entre Manuel y Ema, la protagonista de mi novela (Velasco Ediciones). Son tal para cual. 

Manuel no habla inglés pero entiende a Vincent que no habla castellano que entiende a Manuel que le habla en italiano. Se pasan el día juntos sin barrera idiomática.

Sería recomendable que todo aquel que quiera visitar Buenos Aires, viera esta serie antes de subirse al avión. O tal vez en él.

Está disponible en Star+ y en Disney+. @mundiario